El constitucionalismo, ante el reto de movilizar a su electorado en las elecciones catalanas

Afronta el 14-F bajo la creciente amenaza de que el independentismo rebase el 50% de votos por la desactivación del votante favorable a la unidad de España

Desde la restauración de las elecciones autonómicas en Cataluña (1980), nunca ha habido Govern limpio de nacionalismo catalán. Jordi Pujol gobernó entre 1980 y 2003; el PSC gobernó con Esquerra entre 2003 y 2010; y, Convergència (ahora JxCat) ha regresado a la Generalitat desde 2010. Y parece lejos que esto cambie en la autonomía catalana en el horizonte más inmediato: de hecho, ninguno de los líderes de los tres principales partidos constitucionalistas (PSC, PP y Ciudadanos) alberga excesivo optimismo de cara a las elecciones del 14 de febrero.

Sociedad Civil Catalana, entidad constitucionalista de referencia, reunió el pasado jueves -8 de octubre, en conmemoración del tercer aniversario de la masiva manifestación pro unidad de España en Barcelona- a Miquel Iceta, Alejandro Fernández y Carlos Carrizosa para abordar qué posibilidades tiene Cataluña de que se forme un gobierno no independentista tras el 14-F. Lo cierto es que, para el bloque constitucionalista, las proyecciones demoscópicas no invitan a la esperanza porque todas dan una mayoría parlamentaria separatista y el horizonte se ennegrece aún más al asomar la posibilidad de que el bloque independentista rebase el 50% de los votos, algo que todavía no ha ocurrido.

El reto por delante, por tanto, es mayúsculo. Y una de las circunstancias que más dificultan esta remontada a las encuestas es la desmovilización del electorado constitucionalista, que, tradicionalmente, ha contado con un sector de votantes que siempre se ha desentendido de las elecciones al Parlament, como recogió Iceta. En cambio, el independentismo, con una capacidad de movilización mucho mayor, nunca ha experimentado este inconveniente. Además de la desmovilización, también resta mucho a los constitucionalistas la Ley electoral, que sobrerrepresenta en el Parlament a las zonas rurales y menos pobladas -más afines al independentismo- (Girona y Lleida) que las zonas más pobladas -más favorables a la unidad de España- (Barcelona y Tarragona).

Es decir, pese a que el independentismo nunca ha superado el 50% de los votos -ahora tiene 47,3%-, siempre ha tenido mayoría en el Parlament -ahora tiene 70 diputados de los 135-. Nunca se ha dado la posibilidad de que entre las tres fuerzas constitucionalistas y los “comunes” -englobada en el bloque contrario a la independencia pese a que defienden el derecho a decidir, aunque cada vez con menor intensidad-, que ahora suman el 50,7% de los votos tras las últimas elecciones de diciembre de 2017, tuvieran opción de gobernar.

En este marco, los partidos constitucionalistas tienen por delante un reto importante de movilización del electorado, algo a lo que también está sumándose Sociedad Civil Catalana, que se muestra más optimista: “Se dan las condiciones objetivas para una derrota del independentismo”, ha señalado esta mañana en “Catalunya Ràdio” su presidente, Fernando Sánchez Costa. En cualquier caso, a la pregunta de si los tres líderes constitucionalistas ven viable un gobierno no independentista en el acto del jueves, ninguno se atrevió a dar una respuesta del todo optimista.

Iceta evitó aclarar si es posible un Govern sin miembros independentistas, aunque sí se mostró mucho más optimista con respecto a la formación de un Govern en el que haya integrantes independentistas, pero que no ponga la independencia ni el referéndum como principales objetivos. “La alternativa es posible”, aseguró y aclaró que, en línea con su apuesta por abrir vías de entendimiento con el independentismo, su voluntad es evitar que la política catalana continúe instalada en la dinámica de bloques. “¿De qué sirve una sociedad dividida, que acaban por ignorar, por no respetarse o por enfrentarse?”, se preguntó. “Queremos una Cataluña en la que quepa todo el mundo”, zanjó.

Carrizosa considera que ese escenario es “imprescindible” y confía en que el actual contexto sí pueda ser una oportunidad para derrotar al independentismo en las urnas. “Hay que movilizar a muchísimas personas constitucionalistas y esperar que, a la vez el independentismo no movilice tanto”, afirmó. En este sentido, el candidato de Ciudadanos se aferró al desánimo -que empieza a ser evidente en la calle- del separatismo por la frustración que ha generado el “procés”. Asimismo, el estallido de la pandemia puede devolver el eje izquierda-derecha al centro de la política catalana y dejar el proyecto rupturista a un lado. Además, junto a estos dos elementos, cabe destacar que el independentismo concurre a las elecciones más dividido y fragmentado que nunca y eso puede penalizarle parlamentariamente.

Alejandro Fernández auguró que “es posible, pero difícil a corto plazo" y marcó el camino para lograrlo. A su juicio, pasa por romper las “vías de colaboración” con el independentismo -algo que criticó del PSC- porque considera que esa estrategia responde “al mismo patrón del error” que han cometido en el pasado los partidos constitucionalistas y que hay que corregir: “Supeditar tu política a la política de Madrid”. Por ello, apuesta por construir un “proyecto sólido” desde Cataluña, sin que la política nacional se inmiscuya. “Cuando hemos sido capaces de hacer un proyecto ganador, siempre lo han liquidado desde Madrid”, aseguró. “Sí creo en la posibilidad (de una alternativa al independentismo), pero tiene que salir de aquí”, añadió.

Además de PSC, Ciudadanos y PP, la irrupción de Vox también podría ayudar a movilizar a una parte del votante favorable a la unidad de España.