La ciencia aún no entiende por qué las cunas generan sueño

Descubren que las moscas se duermen al ser mecidas, algo que plantea nuevas cuestiones sobre el fenómeno

Un niño observa a través de una cuna realizada con una fina tela
Un niño observa a través de una cuna realizada con una fina telaSTREFE

A veces, existen hechos cotidianos que se resisten a una explicación científica sencilla. Nadie duda de su existencia; pero de ahí a tener una explicación del fenómeno hay un trecho. Y en este sentido, uno de los misterios cotidianos que tiene en vilo a varios grupos de investigación es la extraña relación que hay entre la vibración del cuerpo y el sueño.

Mecedoras y cunas

Cuando nuestro cuerpo se mece suavemente, nos quedamos dormidos. Esto sucede a cualquier edad, como demuestra la existencia de cunas para niños, hamacas para adultos, y mecedoras para ancianos. Incluso el uso del metro y los trenes, con su ligero traqueteo, es capaz de activar nuestro sueño si estamos algo cansados.

Pero, aunque sepamos este hecho, no es fácil explicar el motivo del mismo. Varios científicos llevan años haciendo pruebas, y han descubierto tres detalles importantes. El primero, que no todas las vibraciones sirven. El vaivén ideal es de dos agitaciones por segundo. Si el ritmo es más rápido o más lento, no parece tener ese efecto anestesiante y nos llega a despertar.

El segundo detalle es que este fenómeno no es exclusivo de los humanos, otros animales también se duermen al mecerlos. Los ratones del laboratorio se quedan dormidos si la jaula está sobre una cuna, y lo que es más curioso: necesitan una vibración similar a la nuestra. Es una prueba de que esto no tiene que ver con la cultura humana, sino que debe existir una explicación biológica para este fenómeno.

Y el tercer detalle, aunque no menos importante, es que el vaivén nos incita a dormirnos antes, pero no mejora nuestra calidad de sueño. Si dormimos mal, seguiremos pasando una mala noche en la mecedora. Parece que este mecanismo solo funciona en el momento de empezar a dormirse, y si la vibración continua a lo largo de la noche puede ser contraproducente y despertarnos. Es el motivo por el que los padres permanecen atentos a la cuna para dejar de agitar al dormirse el bebé, una lección aprendida a través de prueba y error, y confirmada por la ciencia.

Pero estos detalles no son explicaciones, sino descripciones. Nos permiten saber un poco más el alcance del fenómeno, pero no por qué existe ni su naturaleza. En este sentido sabemos mucho menos. En los mamíferos, se ha comprobado que no es necesario el movimiento del cuerpo entero. Con estimular el oído interno, encargado del equilibrio, se consigue el mismo efecto. Es ese cambio de equilibrio sutil y constante lo que debe estimular al cerebro y provocar el sueño de alguna manera.

Algunos científicos creen que puede ser un aprendizaje, realizado mientras somos un embrión y flotamos dentro del líquido amniótico de nuestra madre. Flotar puede provocar cambios de equilibrio similares a los del vaivén, e incitar un estado de relajación y sueño. Y parece lógico, si no fuera por el último estudio que ha sido publicado hoy por la revista Cell Reports. Investigadores americanos han descubierto que sucede lo mismo en moscas, algo que rompe esta posible explicación.

Se han creado cunas electrónicas que tratan de alcanzar el vaivén relajante para dormir antes a los niños.
Se han creado cunas electrónicas que tratan de alcanzar el vaivén relajante para dormir antes a los niños.

La cuna de las moscas

Al dormirnos, nuestro cerebro entra en un estado de actividad sincronizada, en el que la mayoría de neuronas se activan de manera rítmica, manteniendo un ritmo de fondo. No sabemos del todo el motivo de estos ritmos, pero sabemos que son necesarios e importantes para que nuestro cerebro funcione correctamente después.

En el sueño de las moscas, su sistema nervioso también tiene cae en un estado similar con sus propios ritmos. Incluso tienen una fase REM, con la que sufren estímulos visuales y auditivos, similares a nuestros sueños y pesadillas. En más de una ocasión veremos a una mosca dormida, y la podemos reconocer porque se queda inmóvil y no responden a la luz ni al movimiento.

En el estudio, el equipo meció a las moscas dentro de un recipiente cerrado. Cuando las moscas se posaban en las paredes, empezaban a sentir las vibraciones. Al empezar el experimento, las moscas entran en un estado de nerviosismo y estrés, agitándose y revoloteando sin parar. Pero poco a poco, aprenden que la vibración es continua y no entraña ningún peligro. Entonces empiezan a dormirse, y se mantienen dormidas más tiempo cuando se comparan con las moscas sin movimiento.

El uso de moscas como animal de experimentación plantea ventajas interesantes. Existen muchos modelos de mosca transgénicos, que tienen diferentes genes conocidos mutados. Si alguna de estas moscas mutantes no se duerme al mecerse, podemos tener una pista importante para explicar el fenómeno a nivel biológico, y poder encontrar algún gen humano similar.

La relación entre vibraciones y sueño aún tiene mucho trabajo por delante, pero muchos investigadores están volcados en ello. Estudiar este fenómeno tiene su recompensa, ya que permitiría crear dispositivos para dormir mejor, o buscar posibles causas biológicas a algunos tipos de insomnio. Mientras llega la respuesta, solo podemos seguir meciéndonos. Si no nos dormimos primero, claro.

QUE NO TE LA CUELEN:

  • Ponerse a mecer a las moscas para ver si se duermen responde a una curiosidad científica importante. Si un mecanismo es común en diferentes especies animales, podremos adivinar cuando surgió a nivel evolutivo. No es lo mismo si solo los mamíferos se duermen al mecerse, que si también lo hacen los insectos. En este segundo caso, lo más probable es que el mecanismo sea anterior, y corresponda a los seres vivos más primitivos.
  • Esta misma aproximación también se ha hecho en la investigación del bostezo. El bostezo es un fenómeno más primitivo de lo que parece, y todos se habrán sorprendido al ver a su mascota bostezar. Es un acto ligado al sueño que se observa incluso en reptiles y aves. Incluso en algunas especies, como las tortugas, se ha observado que pueden contagiarse el bostezo entre ellas.

REFERENCIAS:

Öztürk-Çolak, Arzu et al., “Sleep Induction by Mechanosensory Stimulation in Drosophila,” Cell Reports, 2020

Kompotis, Konstantinos, et al. “Rocking Promotes Sleep in Mice through Rhythmic Stimulation of the Vestibular System.” Current Biology, vol. 29, no. 3, Cell Press, Feb. 2019

Omlin, Ximena, et al. “The Effect of a Slowly Rocking Bed on Sleep.” Scientific Reports, vol. 8, no. 1, Nature Publishing Group, Dec. 2018