La reducción de la lactancia materna, otro daño colateral de la pandemia

La “cultura del biberón”, arraigada en la sociedad, ha ganado terreno como consecuencia de la supresión de los talleres prenatales y de crianza

Cintia Borja y Carolina Martínez, enfermeras y expertas en lactancia materna, a las puertas del centro de salud Fuente de San Luis de Valencia
Cintia Borja y Carolina Martínez, enfermeras y especialistas en lactancia materna, a las puertas del centro de Salud Fuente de San Luis de Valencia FOTO: www.kiketaberner.com Kike Taberner

La covid ha dejado un daño colateral: la reducción de la lactancia materna. ¿El motivo principal? La eliminación de las actividades prenatales grupales donde las matronas dan información sobre el parto, resuelven dudas sobre aspectos básicos de cuidado del bebé y también sobre la lactancia materna. Una práctica para la que en muchos casos, pese a ser tan natural como el nacimiento, requiere ayuda de un profesional y de la «tribu» que conforman las madres que acudían a los talleres de lactancia o de crianza que se desarrollaban antes de la pandemia.

Poco a poco se han ido adaptando a las circunstancias y se han convocado talleres y charlas “online”, pero ya se sabe, la pantalla nunca podrá sustituir a una reunión presencial. Con el estado de alarma, estos grupos se suspendieron y en estos momentos, los talleres o grupos presenciales aún son la excepción.

Cintia Borja y Carolina Martínez ambas son enfermeras y especialista en lactancia y participan semanalmente en un taller “online” para solucionar los problemas que puede genera la lactancia materna y compartir experiencias en una etapa crucial para el desarrollo del bebé. Las dos trabajan en el centro de salud de la Fuente de San Luis de Valencia y coinciden en que las madres «se han sentido desamparadas».

Años de experiencia en este ámbito les permiten afirmar que desde que estalló la pandemia ha aumentado el consumo de leche artificial entre los recién nacidos. «La leche de fórmula es el recurso fácil cuando las citas se dan más espaciadas, por el riesgo a la pandemia. Ha quedado en evidencia que los profesionales necesitamos más formación en lactancia materna. No se debe tener miedo a algo tan natural como la lactancia».

El motivo es que con la leche de fórmula el pediatra se asegura, por ejemplo, que el bebé no se va a deshidratar, pero no se valoran los problemas que puede ocasionar a largo plazo. «Se pone un parche. Hemos interiorizado tanto la cultura del biberón que la hemos puesto como la norma y no damos importancia a lo que es natural, biológico y de la especie».

“La verdad es que ahora nos preguntamos cómo recuperaremos lo que hemos perdido en este año» y lamentan que muchas mujeres se queden sin lactar, especialmente aquellas pertenecientes a los grupos más vulnerables económicamente, que incluso tienen que recurrir a pedir ayudas a ONG para que les proporcionen botes de leche de fórmula, «No han tenido ayuda, porque, simplemente no han sabido llegar a ese recurso, que existe».

Existe porque ambas afirman que siempre se ha atendido a las madres con problemas en la lactancia. «Hemos tenido precauciones pero no restricciones» y admiten que algunas llegaban a este centro de salud desde otras zonas de la ciudad. «¿Pero quién busca ayuda? Las que más interés o información tienen» y, por tanto, por el camino se han quedado otras muchas.

Como sustitutos de los talleres presenciales se organizaron, con la ayuda de Amamanta, reuniones vía telemática. «Primero los hacíamos fuera de nuestro horario laboral, pero luego se incluyeron en nuestra jornada. Todo el centro nos apoyó».

Los anticuerpos de la covid pasan a la leche materna

En el último año también se han iniciado estudios que confirman que en leche materna también están presentes los anticuerpos covid que ha desarrollado la madre y, por tanto, se entiende que contribuirá a la futura inmunidad del bebé, tal y como ocurre con otras enfermedades. «Hay gente que continuamente está investigando en lactancia materna, con recursos muy limitados, porque no olvidemos que nadie financia estudios para promocionarla», apuntan.
“Está demostrado que la lactancia conforma una sociedad más tolerante porque respondes a las necesidades de tu hijo. Le has criado de manera diferente porque pasas mucho tiempo con él, atendiendo a sus necesidades y percibes muchas cosas gracias al contacto. Hay muchas cosas que pueden alimentar, pero el vínculo que ofrece la lactancia no lo da el biberón”.

En estos encuentros virtuales han comenzado a participar madres de diferentes zonas de Valencia, de otras partes del país e incluso de fuera de España.

«Con el tiempo, nos hemos hecho expertas en la colocación del niño al pecho a través de la pantalla . Esto ha sido muy bonito. Lo que más pena nos da es perder en este camino a gente que también nos necesita por no dispone de medios para encontrarnos. Además, apuntan a que en los talleres presenciales se reunían madres de diferentes niveles sociales y culturales. Ahora perciben que la clase media alta es la predominante.

Proteger la salud

«La lactancia todavía no se tiene como una prioridad, se reivindican muchas cosas, pero nunca los derechos del niño a ser alimentado de forma correcta. El compromiso tendría que venir a nivel gubernamental. Las madres se tienen que hacer oír. La respuesta a esa necesidad no es dar un bote de leche, sino que te ayuden en la lactancia».

Apuntan a que, al contrario que ocurre con la leche de fórmula, los beneficios de la lactancia materna no se deben demostrar, están más que constatados. «Sabemos que hay muchos riesgos de dar a los bebés leche que no es de su especie. Deberíamos entender la leche de fórmula como una medicación, que se da cuando es necesaria y que, por supuesto, ha salvado muchas vidas».

Ambas insisten en que «perder lactancia es perder salud» y hacen referencia a los estudios que confirman que su promoción ahorraría millones al sistema público en ingresos, bajas laborales, gasto farmacéutico e incluso al medio ambiente. «Para hacer un kilo de leche se necesitan 4.000 litros de agua. Esto está en artículos científicos. No es ningún error».

Sin embargo, ese apoyo explícito nunca llega y a los que defienden la lactancia materna se les etiqueta de «los talibanes de la lactancia”.