La formación universitaria senior mejora la salud física y mental del alumnado

Las mujeres, que tuvieron menos oportunidades para ir a la universidad, son mayoría en los cursos

Estudiar después de los 50 años es bueno para la salud física y psiquica
Estudiar después de los 50 años es bueno para la salud física y psiquicaIsabel Infantes Europa Press

La formación universitaria senior impacta positivamente en la salud física y psíquica y en el bienestar general del alumnado que cursa estos estudios, personas mayores de 50 años.

Además, las mujeres de esa edad que tuvieron menos oportunidad para ir a la universidad cuando eran jóvenes son mayoría en estos programas y reconocen que los campus universitarios se convierten en espacios que las liberan de los mandatos de género impuestos tradicionalmente (como el cuidado de hijos y nietos y del hogar) y les ayudan a mejorar muy significativamente su autoestima y auto-reconocimiento.

Estas son algunas de las conclusiones de la investigación ‘Formación universitaria senior. Informe sobre el impacto social en el estudiantado’, cuyos resultados han sido presentados este martes por la Red Vives de Universidades y la Fundación Pere Tarrés, según han informado fuentes de la Universidad de Alicante (UA).

El estudio se ha realizado entre el alumnado de los programas universitarios senior de diecisiete universidades de la Red Vives, entre ellas, la UA.

En el caso de la UA, los programas universitarios senior son impartidos a través de la Universidad Permanente, que recoge a 1.369 estudiantes (un 61 % son mujeres) en el campus de Sant Vicent del Raspeig y las sedes de Alicante y Torrevieja. Esta cifra representa el 5,4 % de la población universitaria de la UA.

Los resultados de la investigación demuestran que cuanto más años hace que una persona está matriculada en un programa de formación universitaria senior, más beneficios percibe, sobre todo en términos de salud y relaciones sociales.

En este sentido, los encuestados admiten que cursar estudios en la universidad les ayuda a vencer temores y complejos, a reducir sentimientos de ansiedad o depresivos, a superar situaciones vitales traumáticas (viudedad, enfermedad o pérdida de algún familiar), a mejorar la capacidad intelectual y de memoria, a ser más tolerantes, humildes y más receptivos a aprender a usar las TIC, y a incrementar las relaciones con el entorno más próximo.

De la misma manera, cursar programas universitarios senior se relaciona con un aumento de la actividad cultural del estudiante (como, por ejemplo, ir a museos, teatros o cines), lo que incrementa los conocimientos y les permite participar en conversaciones de forma más fluida y segura.

El estudio refleja asimismo que, en el grupo de personas que únicamente tienen estudios primarios, el porcentaje de mujeres duplica (69,2 %) al de hombres (30,8 %), motivo por el cual se hace necesario aplicar la perspectiva de género al divulgar estos programas entre la población senior.

Junto con el colectivo femenino, las personas mayores de 76 años perciben también más beneficios asociados al hecho de ir a la universidad.

El establecimiento de rutinas y obligaciones sociales para asistir a clase tiene para este alumnado un efecto de agenda-terapia que le permite volver a conectar con el exterior, implicarse socialmente y evitar el aislamiento y la soledad, al tiempo que le obliga a mantener una imagen social y a no descuidarse.

Como indica el informe, estas generaciones suelen tener un nivel formativo inferior y por eso viven el inicio de los estudios universitarios con ilusión, como una oportunidad para superarse, sentirse útiles y recuperar el tiempo perdido.

Aun así, es este sector de la población el que más se beneficia de la formación universitaria en el que parece que menos llegan estos programas formativos, dado que solo dos de cada diez son personas sin estudios o con estudios primarios, mientras que seis de cada diez tienen estudios universitarios previos.

En este sentido, el informe reclama un mayor apoyo por parte de las administraciones públicas con el objetivo de hacer llegar los programas senior a toda la ciudadanía y, especialmente, al perfil de personas mayores con menor nivel académico y a las mujeres, que son los colectivos que más se benefician.

‘Formación universitaria senior. Informe sobre el impacto social en el estudiantado’ ha sido coordinado por el Grupo de Trabajo de Programas Senior de la Red Vives (que integra los y las responsables de estas unidades en las universidades) y dirigido por Montserrat Garcia-Oliva, de la Facultad de Educación Social y Trabajo Social Pere Tarrés de la Universitat Ramon Llull.

La formación universitaria senior es impartida por alrededor de 2.000 docentes en 17 universidades de la Red Vives y 78 sedes universitarias distribuidas en todo el país con el objetivo de descentralizar la actividad académica y acercar la formación a los lugares de residencia del citado colectivo.