Opinión

El acueducto festivo y sus riesgos

No podemos olvidar los graves efectos del puente de la Constitución en 2020

Iñaki Zaragüeta

No quiero estar en la tesitura del presidente de la Generalitat, Ximo Puig, para afrontar qué hacer de cara a este acueducto festivo y festero que comenzamos hoy. Sobre todo, cuando se anuncia una oleada de gran contagio por la variante Omicron del coronavirus, especialmente tras haber experimentado los acontecimientos del pasado año. Ni él ni ninguno de nosotros podemos olvidar cómo se dispararon los datos tras el puente de la Constitución e Inmaculada.

Conozco los augurios más generalizados que prevén contagios multitudinarios aunque sin consecuencias graves, si consideramos graves las letales o los ingresos en la UCI. No podemos olvidar, sin embargo, el riesgo de colapso en los hospitales y centros hospitalarios. Tampoco las bajas laborales, el descenso de la productividad y los efectos económicos.

El propio informe que el Consell presentó al TSJCV da motivos para la preocupación. «La curva epidémica señala una tendencia ascendente con un crecimiento sostenido y generalizado que está indicando, con toda probabilidad, que nos encontramos en el inicio de una nueva onda epidémica».

La experiencia de diciembre de 2020 debe servir. Como dice mi amigo Rogelio, estamos en segundo curso ya de coronavirus. Por tanto, no se puede caer en los mismos errores de antaño.

Eso respecto al puente, que no debe impedir ver que a un tiro de piedras estás las Fiestas de Navidad, Nochevieja y Reyes. Lo dicho: no envidio a Ximo Puig. Así es la vida.