Persecución al PP valenciano

A veces da la impresión de connivencia entre el fiscal y la izquierda

Iñaki Zaragüeta

Lo sucedido en las causas judiciales contra dirigentes del PP valenciano es un tema interesante para estudiar a fondo, en tesis doctoral o en análisis profundos de organizaciones independientes. Sorprende por la cantidad de casos, por el origen de los mismos, por la calidad de los afectados, y por los resultados.

Durante demasiado tiempo, en este territorio se ha dado la impresión de una connivencia entre el fiscal y los partidos de izquierda. Da igual de quién se tratara, siempre que fuera del PP, ni quién presentara la querella. La instrucción estaba asegurada. El Partido Socialista, Compromís, Podemos, la Abogacía de la Generalitat, el FROB… han servido de instrumento para el acoso y derribo de los populares.

Ahí están los resultados. Casi 200 personas absueltas, sobreseídas o con causas archivadas. Eso sí, después de que haber sido relevados de las instituciones, en las elecciones por supuesto, y tras cinco, seis, siete u ocho años de condena social, económica y profesional. Y con la presunción de inocencia negada.

En la Comunidad Valenciana se han producido casos chocantes. Si comparamos con los el «affaire» de los ERE de Andalucía, la cosa chirría. Independientemente de las diferencias millonarias defraudadas, la juez encargada del caso fue acosada hasta sustituirla para beneficio de los encausados. Mientras, el principal fiscal valenciano fue ascendido a magistrado del Tribunal Superior a propuesta de Compromís. Más aún, se ha dado la circunstancia de que el exconsejero delegado del Banco de Valencia se vio presionado a aceptar una culpabilidad para, más tarde, ser absuelto.

El de Paco Camps quizá sea el más espectacular. Más de un decenio inmerso con calzador en nueve causas judiciales, con el resultado ya conocido de 9-0 a su favor. El de Eduardo Zaplana, según mi amigo Rogelio, lleva el mismo camino. Así es la vida.