El PP contra el árbol caído

El castigo, por merecido, generalizado y cruel, raya lo infame

Iñaki Zaragüeta

La crisis del PP nos ha desvelado que ni siquiera atiende a la tesis aquella de Alfredo Pérez Rubalcaba cuando abandonó la secretaría general del PSOE: «en España enterramos muy bien». Aquí las exequias por Pablo Casado y Teodoro García Egea han sido más que parcas, han brillado por su ausencia. En ellas ha proliferado el histórico «pulgar hacia abajo» de los emperadores en el coliseo romano. Todos a una, como en Fuenteovejuna, se apremiaron a apostatar de los dioses, ninguno se agüitó por su futuro, especialmente aquellos que todo se lo debían.

El castigo, por más merecido que lo tuvieran después de haber incendiado la pradera popular, ha sido tan generalizado y cruel que raya con lo infame. Se empezó con la petición del Congreso extraordinario, uno a uno y de ellos alguno con inaudita premura, para continuar con declaraciones inculpaltorias de poca destreza para dirigir la organización. Ni una alabanza política.

Para todos ellos, al parecer, no hicieron una a derechas. Como decía, exhibiendo una conducta mendiga. No me sorprendió la caída, sino la celeridad con que renegaron de quien hasta un minuto antes habían adorado. Dicho esto, reconozco que Alberto Núñez Feijóo es la vía de la recuperación orgánica y política. Reúne las principales virtudes de un dirigente. Capacidad, experiencia, eficacia y, sobre todo, victorias son demostraciones palpables de su currículum público. No cabe duda de que configura una alternativa más sólida a Pedro Sánchez.

La semana protagonizada por el PP me trae a la memoria aquella frase del duque de Windsor «en esta familia cuando estás dentro, nunca estás seguro de que lo estás, pero si estás fuera, no hay duda: estás fuera». No sé si el nuevo líder debe recordarla de forma permanente. Así es la vida.