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Sexo y erotismo: las adicciones de la familia Douglas

Kirk Douglas fundó un linaje propenso a los problemas con el sexo y las drogas que alternó escándalos y clínicas de desintoxicación

En la era dorada, Hollywood fue una fábrica de estrellas, de noticias y de rumores. Casi todo se sabía de las grandes estrellas, pero casi todo se callaba. El tabú era sus vidas sexuales. Kirk Douglas, como la mayoría de los grandes actores de cine, tuvo una intensa vida erótica y dos matrimonios. Con su primera mujer, Diana Dill, llevaban existencias paralelas. Tuvieron dos hijos, Michael y Joel, y en 1951 decidieron divorciarse.

Tres años después, en 1954, se casó con Anne Buydens, con quien tuvo otros dos hijos, Peter y Eric, que murió en 2004 de sobredosis de alcohol y pastillas. Ya en 2000 estuvo ocho días en coma a causa de una de Xanax. Es difícil ser un príncipe de Hollywood, y menos hijo de una estrella como Kirk Douglas. Eric era el garbanzo negro. Nunca fue un actor famoso. Su vida como drogadicto, pendenciero y busca líos lo llevaron desde el cuartelillo a clínicas de desintoxicación. Sin éxito. Fue un niño infeliz, con un padre y hermanos famosos. Acabó en clubes nocturnos hablando mal de su familia, hasta que murió solo en su apartamento de Manhattan a los 46 años.

Adicción al sexo

Sin llegar a los excesos de su hermanastro Eric, Michael Douglas tuvo serios problemas con el alcohol, así como una relación problemática con su padre y con el sexo. Los diarios ingleses le colgaron la etiqueta de «adicto al sexo», pero Michael Douglas se defendió diciendo que se debía a su papel en «Instinto básico». Algo incierto porque era público que su primera mujer, Diandra Luker, lo encontró encamado con otra mujer y le puso un detective privado hasta pillarlo de nuevo.

El mayor problema de Michael fue su hijo Cameron, encarcelado por camello de metanfetaminas y adicto a la coca y el caballo. Fue condenado a nueve años de prisión en 2009. En su libro expiatorio «Long Way Home», Cameron recuerda las fiestas salvajes de su padre con Danny DeVito y Jack Nicholson. Otra historia del «pobre niño rico» de Hollywood y su problema de identidad y soledad de quien crece con una figura paterna desdibujada por el alcohol y las drogas. A los 20 años, Cameron llevaba pistola y traficaba con metanfetaminas. «A los 25 años se inyectaba cocaína tres veces cada hora».

La primera experiencia

La vida de Kirk Douglas poco tuvo que ver con la de sus mimados hijos y nietos. Luchó por sobresalir en el cine desde joven en un Hollywood competitivo que controlaba sus vidas obsesivamente. Su primera relación sexual, confesada en sus memorias, fue con una profesora cuando tenía 14 años. «Hoy –escribe–, esa profesora estaría en la cárcel». Luego fue como un tifón: bombas sexuales como Evelyn Keyes, Linda Darnell, Ann Sothern y Marilyn Maxwell marcaron hitos sonados. Pero nada comparable como la mítica Joan Crawford. Cuenta el actor que lo llevó a su casa, famosa por su extrema limpieza y sus plásticos transparentes cubriendo todos los muebles. «Se desnudó en la entrada y allí mismo lo hicimos. Luego me enseñó a sus hijas durmiendo. Todo –escribe–, resultaba aséptico, tan carente de calidez como el sexo que mantuvimos. Me largué de allí a la carrera». Más secreta fue su relación con Patricia Neal, durante el rodaje de «El manantial». Estaba enamorada de Gary Cooper y se sentía tan culpable que lloraba en sus brazos por traicionarlo. Digno de sus dotes de saltimbanqui, Kirk Douglas mantuvo una relación sexual con la gélida Gene Tierney, que le exigía que entrara por la ventana. «Quizá fuera un afrodisíaco. Nunca le pregunté. Yo sólo entraba por la ventana».Siempre le atrajeron las mujeres neuróticas. En 1946 ligó con la bellísima Rita Hayworth. Ella le decía: «Los hombres se acuestan con Gilda y se despiertan conmigo». «Había un rechazo profundo de sí misma que impedía ayudarla: tristeza, soledad, algo que me deprimía. Tuve que huir de ella». Pero la «pièce de résistance» de sus amores fue Marlene Dietrich, por entonces amigada con Yul Brynner, con quien mantenía relaciones orales en el teatro donde interpretaba el musical «El rey yo». Kirk Douglas asimilaba su forma de conquistar a la cacería: “Cuando busco sexo, es como si estuviera en un safari en África. Miro algo y ¡Bang!, donde pongo el ojo pongo la bala».