Cine

“Hollywood Babilonia”: la Biblia de los escándalos y cotilleos de las estrellas

El libro escrito por Kenneth Anger, a medio camino entre diario de susurros del firmamento fílmico y pura fantasía, sigue vigente después de seis décadas

La actriz Judy Garland, una de las más "afectadas" por el libro de Anger
La actriz Judy Garland, una de las más "afectadas" por el libro de Anger

Publicado originalmente en París en 1959, «Hollywood Babylone» continúa siendo la biblia del escándalo en Hollywood. El libro, que firma el cineasta Kenneth Anger, fue publicado en Estados unidos en 1965 y causó un revuelo inmediato. En sus páginas se recogen toda suerte de orgías, infidelidades, abusos, listas negras e incluso crímenes protagonizados por las grandes estrellas de cine, por los directivos de los todopoderosos estudios o que ocurrieron por fatales casualidades nunca bien explicadas.

Solían darse tras las bambalinas y decorados pero algunos trascendieron a la rumorología pública. Desde 1900 a 1950, desde Charles Chaplin y Rodolfo Valentino a Judy Garland y Marilyn Monroe. No obstante, para muchos se trata de una obra con demasiada dosis de ficción. Con todo ello, Anger publicó un segundo volumen en 1984 y prometía una tercera parte pero que no pudo publicar por ser demasiado severo con Tom Cruise y la Cienciología. En cualquier caso, Anger puede apuntarse el mérito de haber abierto en canal lo que durante décadas fue el castillo de los sueños de Occidente para mostrar la existencia de fuertes tormentas ocultas tras nubes de algodón.

Tal vez el primer gran escándalo de Hollywood tenga al cómico Roscoe «Fatty» Arbukcle como protagonista: en 1921 y tras una fiesta regada con abundante alcohol, se fueron juntos al hotel Westin St. Francis (San Francisco) con la actriz Virginia Rappe. Los gritos de la joven llevaron a que personal del hotel tirase la puerta abajo. Estaba en el suelo retorcida de dolor y moría dos días después a causa de una peritonitis. Aunque Arbuckle fue acusado de homicidio –por haberle roto la vejiga– y violación, no pudo probarse su autoría. En unos años en que la bisexualidad era anatema no solo en el celuloide sino incluso las denominadas «leyes de sodomía» la convertían en delito en todos los estados de EE. UU., Greta Garbo y Marlene Dietrich se vieron obligadas a negar públicamente que hubiesen tenido una aventura, si bien todos la daban por cierta. Otra europea de primer nivel, la sueca Ingrid Bergman, provocó un escándalo mayúsculo cuando comenzó una relación con el director Roberto Rossellini mientras estaba casada e incluso tuvo un hijo con él sin pasar por el altar.

Listas de amantes

Algunas actrices de vida libertina para los estándares actuales, y no queremos ya imaginar para los de la era del macartismo y el recalcitrante Hollywood reaccionario como Ava Gardner, fueron adoradas aun envueltas en ese aura de mala fama –sexo, alcohol, broncas– capaz de destruir carreras. Otras no tuvieron esa suerte: Clara Bow, icono de las «flappers» (las desinhibidas chicas de los años veinte) sucumbió al haber sido amante de Gary Cooper, John Wayne y John Gilbert. A diferencia de Gardner o de Grace Kelly, Bow fue considerada una indeseable, drogadicta, ninfómana y toda clase de bulos que la llevaron a una fuerte depresión y varios intentos de suicidio. Tampoco era buena idea quedarse embarazada cuando tu carrera iba en ascenso; los estudios controlaban todos los aspectos de la vida de sus profesionales y, desde luego, las mujeres sufrían más que los hombres. A las más atractivas se las presionaba para que no se casaran, con lo que tener un hijo era impensable. En los mentideros de Hollywood se habla de que Bette Davis, Lana Turner, Judy Garland y Joan Crawford fueron empujadas a abortar por los jefazos de los estudios.

Contábamos en esta tribuna recientemente que Frank Sinatra protagonizó una película X cuando tenía 19 años y ningún dólar en el bolsillo. A su manera, por supuesto. No fue el único. Joan Crawford, estrella de la Metro Goldwyn Mayer, protagonizó un vídeo de caracter sexual cuando trataba de abrirse camino en el cine, hacia 1935. Al parecer, años después el autor consiguió sacarle cien mil dólares al estudio para destruir la copia y no truncar la carrera de su estrella. Errol Flynn, de quien ya hemos hablado aquí, presumía de gustarle «el whisky viejo y las mujeres jóvenes». A veces, quizá demasiado: fue acusado de haberse acostado con dos chicas de 17 años y un jurado lo declaró inocente. Aunque el relato era sólido, el indudable magnetismo del actor jugó a su favor.

Por el contrario, la sombra que persiguió siempre a Walt Disney es haber invitado a su factoría a la cineasta y propagandista nazi Leni Riefensthal. Fue en el año 1938, después de la «noche de los cristales rotos» y la quema de sinagogas. No tenía excusa. Algunas historias sucedidas en la década de los 50 las conocimos mucho después: en 2016. Tippi Hedren acusó en sus memorias a Alfred Hitchcock de haber querido abusar de ella. Fue cuando rodaban «Los pájaros»: según el relato de la actriz, en una ocasión la agarró y trató de besarla y, ante su rechazo, le hizo la vida imposible.

Un polemista y un icono “queer”

A sus 94 años, y pese a los escándalos que le han situado como presunto corruptor de menores, invasor de la privacidad y mala persona en general, Kenneth Anger sigue dando que hablar gracias a la publicación, hace ya más de medio siglo de «Hollywood Babilonia». Acusado en más de una ocasión de inventarse hasta su propio nombre, lo cierto es que este cineasta, escritor y actor es uno de los padres del «Queercore», un tipo de novela que mezcla ficción y realidad con elementos del «pulp», siempre teniendo presentes temas como la homosexualidad, la bisexualidad o la transexualidad. Denunciado en varias ocasiones por sus publicaciones, Anger, sin embargo, ha sido citado por realizadores de la talla de David Lynch o John Waters como influencias directas.