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Cuando Picasso se dejó agasajar por José Antonio

El cuarto volumen de la biografía del pintor por John Richardson indaga sobre este episodio

Dora Maar retrató a Picasso mintras pintaba el «Guernica» en el atelier des Grands Augustins
Dora Maar retrató a Picasso mintras pintaba el «Guernica» en el atelier des Grands Augustins

El próximo mes de noviembre llegará a las librerías de Estados Unidos un trabajo muy esperado y retrasado durante bastante tiempo. Se trata del cuarto volumen del ambicioso proyecto biográfico de John Richardson alrededor de Pablo Picasso. Por desgracia, este tomo no llega hasta 1973, por lo que Richardson, fallecido en marzo de 2019, no ha podido completar su trabajo. En esta entrega el historiador se centra en lo que denomina «Los años del Minotauro», entre 1933 y 1943, con un Picasso entre la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial. Es una época convulsa para el artista, momento en el que abandona a Marie-Thérèse Walter, la madre de su hija Maya, por la fotógrafa y pintora Dora Maar. Pese a tener París como su residencia y centro de operaciones, en este tiempo, antes de que un grupo de militares se subleve contra la República, Picasso visita esporádicamente su país natal siendo la última vez en 1934. En ese año, el genio malagueño, ya convertido en uno de los incuestionables pilares del arte del siglo XX, coincidió en San Sebastián con el líder y fundador de Falange, José Antonio Primo de Rivera. No era la primera vez que el político trataba de aproximarse a una personalidad de izquierdas como antes había intentado, aunque sin éxito, como le pasó con Antonio Machado y Federico García Lorca. En aquellas vacaciones, Picasso acudió a la ciudad vasca, acompañado de su esposa Olga y su hijo Paulo, para asistir a una corrida de toros y fue allí donde coincidió con José Antonio, que no dudó en invitarlo.

Para reconstruir todo este episodio, no muy conocido, Richardson se ha basado en las investigaciones del hispanista Gijs van Hensbergen, uno de sus principales colaboradores en este cuarto tomo. El pintor se dejó agasajar al ser huésped de honor en una cena en el Real Club Náutico donostiarra organizada por José Antonio y sus fascistas muchachos. Parte de toda esta aventura fue contada por el pintor a su amigo y confidente Roberto Otero, uno de sus principales fotógrafos. El autor de «Les demoiselles d’Avignon» le confesó a José Antonio que el año antes había hablado con las autoridades republicanas para organizar una exposición con su obra, pero no había fondos para eso. El fundador de Falange le espetó que «algún día le recibiremos con una escolta de la Guardia Civil, pero en calidad de guardia de honor, y solo después de asegurar su obra». Pero la cosa no acabó allí porque hubo otro personaje interesado en Picasso, aunque se encontrara ideológicamente en las antípodas. Testigo del encuentro con José Antonio fue Ernesto Giménez Caballero, el responsable de «La Gaceta Literaria» y definido por Umbral como «el Groucho Marx del fascismo español». A Giménez Caballero le impresionó la penetrante mirada del pintor, que llegó a comparar con la de Mussolini. Tiempo después, Picasso reconoció que no quiso saber más de una gente que veía peligrosa.