Música

Damrau, Kaufmann y Deutsch: larga exquisitez

Helmut Deutsch diseña con muchísimo acierto un programa ad hoc para la soprano Diana Damrau y el tenor Jonas Kaufmann dentro del Ciclo de Ibermúsica

Jonas Kaufmann ofrece una rosa a la soprano Diana Damrau mientras Helmuy Deutsch observa la escena
Jonas Kaufmann ofrece una rosa a la soprano Diana Damrau mientras Helmuy Deutsch observa la escena FOTO: RAFA_MARTIN Rafa Martín

Obras: de Schumann y Brahms. Soprano: Diana Damrau. Tenor: Jonas Kaufmann. Ciclo Ibermúsica. Madrid, 7-IV-2022.

Christa Ludwig, que era una gran cantante, no acertaba nunca con los programas de sus recitales, que solían ser muy aburridos, como me reconoció en cierta ocasión uno de sus acompañantes habituales. Helmut Deutsch es un estupendo acompañante con una larga carrera junto a los más grandes liederistas. También es un investigador del repertorio. Él convenció en 2018 a Damrau y Kaufmann a abordar los “Italienisches Liederbuch” de Hugo Wolf y hasta enseñó al tenor alguna canción española para propinas. Ahora les ha diseñado un programa a base de lieder de Schumann y Brahms centrado en el amor de dos horas de duración incluido descanso con tres bloques en cada parte: dos de Schumann y uno de Brahms en la primera y viceversa en la segunda. Los tres lo llevan de gira por casi una docena de ciudades a lo largo de veinte días cantando un día si y otro no. Piezas mayormente contenidas, íntimas, alternando las conocidas como “Meine Liebe ist grün” de Brahms o “Widmung” y “Der Nussbaum” de Schumann, con otras casi novedades. La mayoría para una sola voz, algunos dúos como la preciosa “Tragödie” de Schumann, una huida estructurada con una canción para cada cantante antes de que las dos voces se unan para reposar bajo el tilo sobre una tumba o la que cerró el concierto, “Boten der Liebe” de Brahms.

Ambas fueron, por cierto, de lo mejor de la velada. En otras obras se acudió a forzar dúos cuando el texto presenta supuestos diálogos pero para una sola voz. Un programa así hubiera funcionado maravillosamente en la proximidad de la Zarzuela, no tanto en la sala sinfónica del Auditorio Nacional donde, quizá, hubiera encajado mejor algo más breve y sin pausa. El público respondió bien, mucho mejor que en el Palau de la Música con el citado Wolf, pero no con la intensidad del de la calle Jovellanos. Quizá demasiada exquisitez. Ibermúsica ha incluido mucha veces recitales solistas -Barenboim o Kissin, entre otros- en sus espectáculos mayormente sinfónicos, pero no recuerdo lied en ellos. No ha podido hacerlo más a lo grande, con dos de las máximas figuras actuales. Empezó con incidente tras el primer lied a cargo del tenor, cuando Damrau no empezó el segundo, indicando con gestos que había una corriente de aire de arriba abajo en el escenario. Cierto es, ya que se vivió con Argerich como volaban las partituras del piano. Kaufmann abandonó el escenario para pedir una solución y, satisfecha ésta, prosiguió el concierto.

Damrau, algo insegura en esos inicios, pronto mostró una voz que ha crecido en volumen, preciosa de timbre, expresiva para emocionar en muchos momentos como la citada “Tragödie” o el “Lied der Suleika” del mismo autor. Kaufmann, por su parte, volvió a mostrar sus armas: el timbre oscuro, casi de baritenor, el control de las dinámicas, desde el piano más piano al forte intenso como en “Verzagen” o “Waldeinsamkeit” de Brahms, perfecta dicción y fraseo y el uso de múltiples técnicas en la emisión, con ejemplo el “Stille Tränen” schumaniano. También hay que apuntar algún carraspeo esporádico. Formidable el matizado e inteligente acompañamiento de Helmut Deutsch. Con todo, demasiada exquisitez para una sala tan grande.