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Alfonso Egea: «No hay noticia que valga más que la detención de un asesino»

En «29 balas y una nota de amor» reconstruye en detalle el brutal asesinato de Pedro Rodríguez, conocido como el «crimen de la Guardia Urbana de Barcelona».

  • Alfonso Egea: «No hay noticia que valga más que la detención de un asesino»
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

12 de noviembre de 2018. 21:35h

Comentada
D. Mendoza .  Madrid. 12/11/2018

Cuando Marta Robles decidió poner en marcha la colección Sinficción, en la que veteranos periodistas de sucesos narran algunos de los crímenes más oscuros de España, no dudó en encargar el primero de ellos a Alfonso Egea, especialista en información de tribunales y sucesos y con experiencia tanto en radio como en televisión, donde hoy trabaja en «Espejo público». Egea eligió el llamado «caso de la Guardia Urbana de Barcelona», en el que los policías Rosa Perales y su amante Albert López han sido acusados de asesinar al también policía Pedro Rodríguez, pareja de Perales. Egea cubrió el caso mientras se desarrollaba y copaba los titulares en Prensa y televisión, y ha tenido un acceso privilegiado a documentación que le permitió reconstruir el crimen de principio a fin. El resultado es «29 balas y una nota de amor» (Alrevés).

–Cuando Marta Robles le ofreció inaugurar la colección Sinficción, supo inmediatamente que este sería el caso del que escribiría, ¿por qué?

–Porque el crimen de Pedro Rodríguez reúne ingredientes poco usuales: interviene una pareja sentimental, otra relación íntima y simultánea y, a la vez, la protagonista tiene otras paralelas, en su mayoría con hombres todos policías. Además, el caso se nos presenta al principio como un hecho evidente que luego se transforma. El hallazgo del cadáver, con lo que comienza el libro, nada tiene que ver con el final.

–¿Cuándo empezó a cubrirlo usted?

–Conocimos el caso porque iba a haber un juicio en Barcelona que se llamó «de la porno venganza», en el que una policía local había sido víctima de un correo electrónico difundido de forma masiva con una foto suya de carácter sexual. De repente, el novio de esa chica es brutalmente asesinado y se nos disparan todas las alarmas: no puede ser que dos hechos tan llamativos no estén conectados entre sí. Ante tanta confusión, tuve la suerte de contar con fuentes dentro de la policía catalana que me permitieron tener una copia de toda la investigación. Lo que he tratado de hacer en el libro es contarle al lector cómo los investigadores resolvieron esta duda: ¿qué tiene que ver la foto con el asesinato?

–Un requisito indispensable para formar parte de esta colección es atenerse a los hechos reales, pero contarlos con el ritmo de una novela. ¿Cómo enfrentó el reto?

–Tuve que hacer el ejercicio de repasar la investigación desde el principio. Temáticamente, se trata de un caso apasionante, pero la documentación, los análisis, son soporíferos. He tratado de traducirlos al lector de la manera más atractiva posible, mezclando un contenido apasionante con un continente que no te acabe durmiendo.

–Se dedica a la crónica de sucesos y tribunales desde hace muchos años, ¿ha tenido momentos en los que le resultó difícil ejercer su tarea como reportero sin poner en peligro la investigación?

–Los periodistas que nos dedicamos a esto tenemos la suerte de contar con amigos dentro de la policía y nos encanta nuestro trabajo, pero nunca perdemos de vista que no hay artículo de Prensa o noticia que valga más que la detención del autor de un asesinato. Entre lo que yo sé y no he contado, y lo que mis compañeros saben y tampoco han contado, podríamos escribir muchísimos libros. Pero este es un pacto que no está plasmado en ningún sitio: jamás pondremos en peligro una investigación policial por una noticia.

–Sin embargo, ahora le han dado acceso total.

–Sí, porque los investigadores están muy seguros del trabajo que han hecho y les parece bien que la sociedad pueda asomarse de vez en cuando a lo difícil que es su trabajo y lo que hay detrás: tantas horas de revisión, de interrogatorios y de tiempo robado a la familia.

–Escribe que Rosa Perales es una mujer fascinante. ¿Qué le fascina de ella?

–Es un momento muy delicado, cuando estás escribiendo y te das cuenta de que Rosa lo inunda todo. Ella debe de ser una persona que cuando entra en una habitación provoca que todos la miren. De hecho, he tenido que hacer un esfuerzo para recordar que hay dos personas investigadas: Rosa y Albert López. Me consta, por ejemplo, que ella tuvo conversaciones durante el juicio con personas que pensaban que podían hablarle siendo inmunes a su capacidad de seducción, pero no lo fueron.

–¿Cómo logró escapar usted de su encanto?

–Decidí no hablar con ninguno de los protagonistas de la historia que no fuera policía para mantener un grado de objetividad y alejarme de cualquier influencia de la víctima o los autores. Cuando terminé el libro tomé varias decisiones: le mandé una carta a Rosa a prisión, a la que nunca me respondió; intenté hablar también con Albert y, por último, le envié un ejemplar al hermano de la víctima con una nota en la que le explico que traté de ser lo más respetuoso que pude con la figura de Pedro. Estoy orgulloso de haber utilizado esta metodología porque me ha permitido no odiar a Rosa de forma gratuita, y tampoco he tenido que admirarla, lo que me habría sucedido si hubiera ido a verla.

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