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Velázquez: IV centenario como pintor de Corte

El Museo del Prado no contempla ninguna exposición dedicada a esta celebración, mientras Sevilla quiere reabrir la casa natal del pintor este otoño y prepara una serie de eventos

«Las meninas», donde Velázquez se autorretrató junto a los reyes de España; una manera de reivindicar su oficio de pintor y una idea que aprendió en Sevilla y plasmó en Madrid
«Las meninas», donde Velázquez se autorretrató junto a los reyes de España; una manera de reivindicar su oficio de pintor y una idea que aprendió en Sevilla y plasmó en Madridlarazonfreemarker.core.DefaultToExpression$EmptyStringAndSequenceAndHash@310c279e

En 1623, hace cuatrocientos años, Velázquez fue nombrado pintor de Corte por Felipe IV, que acababa de subir al trono. El artista abandonó Sevilla, su ciudad natal, a la que no regresó nunca más (o por lo menos no existe ninguna prueba testimonial sobre ello), y se instaló en Madrid. Fue un momento crucial y uno de los motivos principales de que ahora descansen en el Museo del Prado la mayor parte de los 64 óleos que conserva de él. En el plan expositivo que la pinacoteca ha presentado este año, sin embargo, no contempla, a día de hoy, ninguna muestra para conmemorar esta fecha señalada del artista y también para el museo. Lo único que hay en relación a Velázquez son los préstamos que vendrán con la exhibición dedicada a la Frick Collection, que cuenta con fondos de este creador en su legado. Pero, en realidad, esta colección se podrá ver en España debido a la actual remodelación de las salas que está acometiendo, lo que ha permitido que sus Vermeer vayan a Ámsterdam y sus obras de creadores españoles vengan a nuestro país, entre ellos hay pinturas de Goya, El Greco, Velázquez y otros.

Sevilla, al contrario que el Museo del Prado, está preparando una serie de iniciativas para conmemorar este momento con diferentes actividades y subrayar la importancia de un suceso que resultó crucial para el devenir posterior de la pintura y del propio artista.

La casa natal

Entre los planes inmediatos se han propuesto recuperar la casa natal del artista, que todavía se conserva y que pretende abrirse al público el próximo otoño. Es una vivienda de época, de alrededor de unos seiscientos metros cuadrados y compuesta de nueve o diez habitaciones, que se está limpiando y restaurando, porque había llegado al día de hoy en un delicado estado de conservación. La intención, como explica a este periódico Enrique Bocanegra, responsable de esta sede, es musealizarla con un amplio depósito de objetos originales de los siglos XVI y XVII que recreen el ambiente en el que se desenvolvieron los primeros años del artista y convertir a este emplazamiento en el primer centro de interpretación dedicado de manera exclusiva a la figura y el estudio de Velázquez. «El objetivo principal es cambiar el paradigma, la relación, que ciudad ha tenido con el artista, que se va de aquí en 1623 y muere en 1660, y del que después no tenemos constancia de que volviera», comenta Enrique Bocanegra.

De la veintena de cuadros de esta etapa que realizó Velázquez, un pintor hundido en muchos aspectos en el misterio y del que apenas queda correspondencia o documentos de carácter personal, no queda ninguno en Sevilla.

Por este mismo motivo, Enrique Bocanegra consideraba oportuno que una institución como la pinacoteca madrileña podría haber montado una exposición, aunque fuera con la de la primera etapa de la carrera del artista, o un acto de cierta envergadura, alrededor de un momento que tuvo una enorme trascendencia para el Museo. «Gran parte de su obra, la pinta en Madrid o en Italia. La obra que deja en Sevilla, que son unas veinte telas, se pierden por diversos motivos: la invasión napoleónica, la propia dejadez de los propietarios y porque hubo un momento de la historia en que él queda olvidado. Todo esto hace que estos cuadros acaben en muchos casos en Reino Unido. La ciudad que más lienzos tiene de él después de Madrid es Londres, que tiene cuadros como “El aguador”, en el Wellington Museum, o “San Juan en Patmos”, en la National Gallery, entre otros. Esto hace que de alguna manera se haya roto el vínculo emocional de Sevilla con él. No es normal que una ciudad que ha dado uno de los nombres más altos de nuestra cultura viva de la espalda a esa herencia y queremos aprovechar el centenario para hacerlo».

Velázquez se consolidó como artista durante sus años en Sevilla, en concreto en el taller de Pacheco, y cuando al final se le escoge como pintor del rey, ya es una artista de una enorme formación, muy consolidado, con cierta reputación, que, de hecho, ha tomado un derrotero propio en su realismo también incorporando a su pintura los contrastes fuertes.

Un año antes de que Felipe IV le ofreciera la oportunidad que lo iba a catapultar de manera definitiva, ya había estado en Madrid. En esa ocasión no pudo retratar al monarca, pero sí sacó adelante uno de los retratos más conocidos de este periodo: el que hizo a Luis de Góngora, depositado hoy en el Museo de Bellas Artes de Boston. Unos meses más tarde volvió a Madrid. Esta vez conoció al rey y en octubre fue escogido de manera definitiva como su pintor. Entonces tenía 24 años y, gracias a Pacheco, que le puso en contacto con las más altas instancias y en cuyo taller se formó, no solo había desarrollado su talento pictórico, sino que se había puesto en contacto con las corrientes intelectuales procedentes de Italia. Entre las ideas que se movía por esos cenáculos flotaba ya una idea renovadora y que tendría una enorme trascendencia: la pintura no solo servía para emular la realidad visible, sino para transmitir ideas y emociones. En lugar de ser una actividad gremial y de artesanos, era una de las labores intelectuales más altas de la actividad humana. Algo que Velázquez precisamente reivindicaría en uno de sus óleos más representativos de su trayectoria, «Las meninas», hoy en el Museo del Prado. A partir de ese momento, 1623, Velázquez desarrollaría gran parte de su obra en Madrid y se integraría en la colección real, que es la que siglos más adelante se convertiría en el cuerpo principal de lo que sería el Museo del Prado.

La ruta Velázquez en la ciudad de Sevilla
Sevilla va a señalizar este año la ruta Velázquez en sus calles y quiere, si El Prado acepta, porque aún no se ha pronunciado a este respecto, reproducir los cuadros del maestro para mostrarlos en sus calles. Esto, junto a conferencias y conciertos forman parte del programa para celebrar este IV centenario del artista sevillano.

Primavera barroca en el Prado de la mano de Guido Reni

El Museo del Prado no ha alcanzado los niveles prepandémicos en cuanto a número de asistentes pero, y tras registrar a finales de 2022 una semana histórica en estos términos, asegura su director Miguel Falomir que «hay indicios que apuntan a que sea el año de la plena recuperación». De momento, la Pinacoteca ha comenzado el año anunciando su agenda expositiva, que se dividirá en dos grandes bloques con el objetivo de «seguir incorporando nuevas narrativas, prestando atención a temas que pasaban inadvertidos, y sin dejar de lado a la actualidad», apunta Falomir. Así, la primera parte de 2023 la podremos definir como «primavera barroca», pues contará con dos muestras monográficas de dos artistas capitales de este periodo artístico. Por un lado, Guido Reni, «de los más grandes pintores del barroco y a quien no se le dedica una gran exposición desde los años 70», continúa el director, «y será la más grande celebrada hasta la fecha. Se reunirán 100 obras que incluirán pintura, escultura y obra gráfica, y entre las que figuran piezas nunca antes expuestas y otras que acaban de ser restauradas». Este último es el caso de «Hipomenes y Atalanta», obra de Reni que custodia el Prado y que demuestra la excelencia iconográfica y estilística del maestro boloñés. La segunda muestra monográfica será sobre un artista quizá no tan conocido hoy día, y al que nunca se le ha dedicado una exhibición del estilo: Francisco de Herrera «el Mozo». Pintor singular e innovador del barroco español, el Prado busca poner de manifiesto su figura con «uno de los pintores más importantes de la segunda mitad del siglo XVII, un “rara avis” del panorama artístico español», define el director.

Entre Picasso y el Greco

En cuanto al segundo semestre del año, las exposiciones serán más conceptuales: en «Reversos, el lado oculto» el espectador se acercará a la parte trasera de las obras, «lo que no vemos, que tiene una historia fascinante y plantea una aproximación distinta a la obra como objeto». Asimismo, añade Falomir que en la muestra «El espejo perdido. La imagen medieval del judío y el judaísmo» «se reflexionará sobre uno de los hechos más distintivos de la España bajomedieval». Esto es, las relaciones interreligiosas entre los siglos XIII y XV, así como la compleja y poliédrica construcción de la imagen del judío o los conversos.

Entre otros espacios, pues hay agendadas citas y actividades para 2023 tanto fuera como dentro del museo, en el Edificio Villanueva también se celebrarán interesantes exposiciones, como la que funcionará «como nuestra contribución al aniversario de la muerte de Picasso, con la exposición “Picasso-El Greco”. Se centra en hasta qué punto en la génesis del cubismo las lecciones aprendidas por Picasso del Greco, muchas de ellas entre los muros de este museo», apunta el director. Así como señala que no todo serán muestras temporales, pues el cuidado de la colección permanente es fundamental para la Pinacoteca: «La idea es seguir trabajando en la renovación, y el elemento más importante y distintivo es que seguiremos apostando por volver a otorgar a la escultura la importancia que debiera haber tenido siempre», indica Falomir.