Cultura

Yon González: “En El internado montaba coreografías junto a especialistas y nos dábamos lo más grande”

Viajamos al pasado con el actor que acaba de estrenar nuevo proyecto

El actor Yon González para el Suplemento LifeStyle Mayo de La Razón
El actor Yon González para el Suplemento LifeStyle Mayo de La Razón FOTO: Gonzalo Pérez Mata GONZALO PÉREZ MATA

Le queda aún un lustro para llegar a los 40, pero Yon González puede presumir de ser ya casi un veterano de la televisión de nuestro país. Cerca de dos décadas apareciendo en proyectos cinematográficos y, sobre todo televisivos, bien le valen el título a pesar de su evidente juventud. El actor suma estos días un crédito más a la prolífica lista que le acompaña por el mundo de la actuación en forma de currículo. Acaba de estrenar en Netflix la serie «Herederos de la Tierra», que él define como “una maravillosa serie de época que hay que ver porque suceden tantas cosas...”.

VIAJE A LA BARCELONA MEDIEVAL

Para entender la historia, pongámonos en situación y viajemos a la Barcelona de 1387. ‘La Catedral del Mar’ ya está construida y Arnau Estanyol y sus descendientes están bien considerados en la ciudad. El escenario ahora otro, con otras luchas de poder, pero en realidad, el mismo de siempre para los menos privilegiados, que son los actores principales. Yon González encarna a un joven que acabará, entre injusticias y golpes del destino, intentando sobrevivir y trabajar entre vides y toneles de vino. Pero, ¿Quién es Hugo Llor?, le preguntamos a Yon. “Un superviviente”, responde con contundencia. “Un chaval al que apadrina Arnau Estanyol durante un tiempo. Sobre todo, es un chico que se ha hecho a sí mismo y que ha tenido que aprender muchas cosas demasiado joven. Desde que era pequeñito ha sido un tipo ya maduro”.

Si buscamos paralelismos entre el actor y el personaje, no hay demasiados, por suerte para Yon González. Un milenio es mucho tiempo para que no haya diferencias entre los recorridos vitales, y más cuando la historia que se cuenta no es, precisamente, un camino de rosas. Quienes hayan leído a Ildefonso Falcones sabrán bien cómo se desarrollan los acontecimientos. Yon prefirió no hacerlo antes de sumergirse en el personaje. “Llegamos al acuerdo de que sería mejor que nos centrásemos en el guion, que contáramos nuestra propia historia dentro de la novela”. Esto no quiere decir que la interpretación sea sui generis, sino que han seleccionado qué contar “con todo el respeto a Falcones y a la novela, pero al final la serie la puedes contar desde muchos lugares, y han decidido hacerlo desde escoger lo que nos parecía más importante o mejor”. De hecho, asegura que “lo he conocido, pero no he tenido una conversación con él sobre la serie o sobre cómo enfrentar el personaje”. Una libertad creativa que él agradece y que hace que nos encontremos con una ficción de la que se siente orgulloso. “Está muy bien grabada, la factura es muy buena”, dice sobre ella.

El actor Yon González para el Suplemento Lifestyle Mayo de La Razón
El actor Yon González para el Suplemento Lifestyle Mayo de La Razón FOTO: Gonzalo Pérez Mata Gonzalo Pérez Mata

UNA PROFESIÓN PARA DOS HERMANOS

Una de las cosas curiosas de este nuevo trabajo es que, en él, quizá sin pretenderlo, le ha tocado coger el testigo de otro actor insigne, Aitor Luna, quien, además de compañero de profesión se da la circunstancia de que también es su hermano. Cada uno se decantó por un apellido profesional, pero ambos eligieron un camino inédito en su familia, y que a los dos les está dando muchas alegrías. En «Herederos de la tierra» no comparten planos, pero trabajar en el mismo proyecto que Aitor es motivo de júbilo. “Está muy bien, todo queda en casa”, bromea Yon. La relación entre los dos hermanos es estupenda. “Nos llevamos muy bien, siempre”. También trabajando.

Y lo han demostrado, porque no es la primera vez que coinciden en un título. “Hicimos una película que se llama «Killing time» con Antonio Hernández, que se la recomiendo a todo el mundo, porque quedé verdaderamente satisfecho con todo en ella. Ahí sí que trabajamos juntos y compartimos escenas. De hecho, hacíamos de hermanos”, recuerda Yon. Después vino «Gran Reserva», donde nos cuenta que tampoco llegaron a compartir plano, y ahora en esta historia en la que nos transportan a otra época. No está nada mal para ser los primeros de una saga en la que no hay actores. En su familia las profesiones son otras. “No tienen nada que ver. Para nada. Mi primo hermano Manu Gómez, que ha estrenado «Érase una vez en Euskadi» fue el primero que empezó en este mundillo. Después fue mi hermano. Él sí que quería ser actor, estudió... y después, a mí la vida me lo puso y aproveché las circunstancias y descubrí una profesión maravillosa”.

De hecho, su primo, Manu Gómez, y esa película, «Érase una vez en Euskadi», estrenada hace tan solo unos meses, ha supuesto otro viaje al pasado para Yon, aunque esta vez a su propia infancia, en el País Vasco. Hacer esta película ha sido como volver a la niñez. “Absolutamente, porque se grabó en Mondragón. De hecho, en la misma calle donde él vivía, que yo iba casi todos los fines de semana”. Yon sonríe con cierta nostalgia al recordar aquellos años. Asegura que la cinta ha conseguido captar la atmósfera de la época. “Los niños, el euskera... y esa tensión que había en el ambiente sobre el terrorismo”. Según él todo el mérito es del director. “Es una maravilla trabajar con Manu y no porque sea mi primo, sino por el sentido común y la sensibilidad a la hora de contar. Es muy cercano, muy liviano... que luego fíjate lo que está contando. Es una película que hay que ver. Para la gente que le guste una historia un poco sensiblera sin llegar a ser moñas «Érase una vez Euskadi», que es para todos los públicos, les va a gustar mucho”.

EL KÁRATE Y LAS ESCENAS DE PELEAS

Aunque parezca que ahora los caminos familiares se juntan gracias a las cámaras, el de Yon apuntaba en otra dirección y le llevó a apasionarse por el deporte, algo que sigue muy presente en su vida. Recibió clases de shotokan (un estilo de kárate) durante 15 años –desde los cinco a los 20– y gracias a esta disciplina se ha ahorrado más de un disgusto en los platós de rodaje. Lo descubrimos al preguntarle por Rabia, un trabajo de hace un tiempo en el que quizá lo que más rabia podría haberle generado fue un guantazo involuntario que casi le parte la nariz. Eso sí, al contrario que el mamporro más célebre de los últimos tiempos, el de Will Smith, este ni quedó registrado por las cámaras ni fue a propósito. “Fue un puñetazo, que fue peor. Fue dentro del trabajo”, recuerda Yon sobre el golpe. Eso sí, deja claro que fue un accidente. En el ensayo de una escena de lucha, un mal gesto acabó con el puño estampado en su nariz. Accidentes como el suyo, que afortunadamente no tuvo consecuencias graves, se intentan evitar con especialistas, ensayos y coreografías. “Parece una tontería, pero realmente no lo es”, matiza. Este tipo de imprevistos pueden paralizar un rodaje amén de que más de uno ha tenido que ser atendido por el médico y sufrir las consecuencias durante días o semanas. “¿Por qué sucede? Porque no tienes ni idea y es normal, eres actor, no luchador. Pero para eso están los especialistas que saben de ello, porque sí han estudiado y entrenado”. En su caso, sus compañeros pueden estar tranquilos. Él sabe lo que hace. “Yo nunca he golpeado a ningún compañero. Y mira que hemos montado peleas de acción. En El internado, en Gran hotel montaba coreografías junto a especialistas y nos dábamos lo más grande. Nunca hubo ningún problema. Pero ¿por qué? Porque hay una conciencia detrás. Hay que tener cuidado porque se te cae de repente media jornada, que vale un dineral, porque ahí hay 80 personas más que están trabajando”.

MENTIRAS Y GORDAS, UNA PUERTA Y OTRAS FORMAS DE MATAR EL TIEMPO

Aprovechamos los títulos de sus películas, como aquella célebre Mentiras y gordas para intentar encontrar al chico tímido que se esconde tras el actor y le pedimos que nos cuente alguna mentira que haya dicho. Pero parece sincero al responder: “No sé, es que te lo juro, no soy mentiroso”. La cosa cambia con El club de los incomprendidos. ¿Te has sentido alguna vez falto de comprensión? “Mira, eso sí” dice riendo. “Eso, bastantes veces. Sobre todo, fuera del trabajo. En el trabajo he sido bastante comprendido. Siempre me dicen: ‘Tienes razón’ y yo: ‘Ah, pues mira…’”.

Cuando le preguntamos por, Killing time, esa película que hizo junto a su hermano, se queda más pensativo. ¿Cómo mata él el tiempo? “Pues es una buena pregunta. ¿Qué hago últimamente? Leo un poco, hago kitesurf… ¿qué hago en mi tiempo libre? Pues socializar un poco”. También dedica tiempo a hacer entrevistas, como la nuestra, que llega tras una sesión de fotos divertida en la que ha dado muestra de su carácter amable. Gracias a ese rato podemos atisbar su buena disposición y también un sentido del humor que ayuda a que todo fluya. Y, aunque a él le cueste definir cómo es Yon González fuera de las cámaras, hay algo que deja muy claro: le gustaría dedicarse “a simplificar en general las cosas y, sobre todo, a intentar vivir tranquilo”.

UNA CARRERA ETERNA Y OTRA POR HACER: EL PARÍS DAKAR

Esas ganas de simplificar la vida no llevan, sin embargo, a imaginarse alejado del mundanal ruido, porque dice que no se ve jubilado. “Retirarme no, porque mi profesión me encanta y voy a querer seguir trabajando. Aunque económicamente estuviese jubilado, que no es el caso, seguiría trabajando como actor”. Entonces ¿lo del mar y hacer kitesurf? “Lo de simplificar es que, al final, la vida es tener buena compañía, comer bien, hacer un poco de deporte y estar tranquilo”. Asegura que ahora intenta pensar también a corto plazo, pero ¿es de los que sueñan sin límite o intentan estar pegados a la realidad? “He estado en todos los estadios. He soñado en grande y he estado en el presente… a ratos. He soñado en grande, pero sí, intento soñar cada vez en un plazo más corto”. Tenemos que preguntarle entonces por un sueño que le quede por cumplir, y la respuesta es, cuando menos, sorprendente. “Hacer el París-Dakar”. Toda una aventura. “Me gustaría en cualquiera de los dos, pewwro creo que en coche más que en moto. También tiene que ser una experiencia. Pero hay que prepararse muy muy bien”. ¿Hacemos un llamamiento a Jesús Calleja o a Carlos Sainz para que el año que viene se lo lleven en su equipo?, eso no lo tiene tan claro. “Yo quiero ir de piloto”, dice bromeando. Y concluye volviendo a imaginarse allí: “El París-Dakar es un sueño. Ese sí es el sueño”.