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Actualizado

Desbocado fundamentalismo

Tiempo de lectura 2 min.

02 de julio de 2015. 23:34h

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2/7/2015

Dirección y guión: Nabil Ayouch. Intérpretes: Abdelhakim Rachid, Abdelilah Rachid, Hamza Souidek, Ahmed El Idrissi El Armani. Marruecos, 2012. Duración: 113 minutos. Drama.

Casablanca, 16 de mayo de 2003. Durante la última media hora de la película dirigida por Nabil Ayouch (a quien parte de Marruecos ha declarado la guerra por su último trabajo, sobre la prostitución en aquella zona, un tema allí tabú) resulta espantoso saber cómo va a terminar todo, cómo varios jóvenes se convertirán en «mártires» muriendo y matando a decenas y decenas de inocentes. Durante las tres cuartas partes anteriores del metraje, el director nos asoma a la infancia de los personajes entre la miseria, un violento y ambiguo machismo (terribles la escenas sobre la violación de un niño y las que reflejan la falta de dignidad de las mujeres), la marginalidad y, luego, cómo consiguen implantar en esas vidas las semillas del odio, del fanatismo ciego. Igual que en una secta, el líder repite las mismas letanías un día y otro: «Dios es nuestro único recurso», «debemos devolver el orgullo a la nación del islam». Y luego, el adiestramiento, las dudas finales del hermano que ha involucrado al menor en todas las ruinas de su vida («no te vueles en pedazos», le implora ya tarde). Pero el tiempo no se detiene, y la dura, realista, polvorienta y emotiva (esa infancia siempre entre basuras y chabolas, ese caldo de cultivo para manipular mentes y almas) tiene, y lo agradecemos, un gesto de bondad con el espectador: los cuerpos estallan en una terrible noche pero no vemos los cadáveres entre escombros, solo los ojos llorosos de un hombre en los que se refleja las llamaradas de un nuevo acto de terrorismo feroz. Suma y sigue, hasta cuándo.

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