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Paret, pintor y alcahuete real

El Prado y la Biblioteca Nacional recuperan la figura de este maestro del siglo XVIII opacado por Goya y exiliado por un escándalo sexual en la corte

  • La acuarela «Una celestina y dos amantes» ha sido adquirida por el Prado
    La acuarela «Una celestina y dos amantes» ha sido adquirida por el Prado

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22 de mayo de 2018. 00:04h

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Gonzalo Núñez.  22/5/2018

Existe una serie de artistas que podríamos agrupar bajo la categoría de «Atila», genios de gran carisma que arrasan con todo a su paso y opacan al resto de figuras prominentes de su época. Goya sería uno de ellos. Tanto que parece que, de no ser por el maestro de Fuendetodos, el siglo XVIII español no existiría en materia de pintura. Nada más lejos de la realidad. Una muestra de ello sería Luis Paret y Alcázar, «cuya gran desgracia fue ser contemporáneo de Goya», señala José Manuel Matilla, jefe de Conservación de Dibujos y Estampas del Museo del Prado. Ahora, la adquisición y exposición en la pinacoteca de una acuarela del pintor madrileño, «Una celestina y dos amantes» (1784), junto con una muestra de los dibujos de Paret en la Biblioteca Nacional, que se inaugura el viernes, permiten poner el foco en un artista genial y controvertido. Un raro.

La vida y obra de Paret (1746-1799), madrileño de padre francés y vastísima cultura, está ligada para lo bueno y lo malo al infante don Luis, hermano menor de Carlos III y algo así como oveja negra de la familia. Fue él quien costeó tres años de formación de Paret en Roma, de donde regresaría con fama de ser «el Mengs español». Su estilo sutil, sofisticado y desenfadado en la línea del rococó, sonaría –de ser posible– a la música de Boccherini, otro de los protegidos de un don Luis que, mal visto en la corte, creó una camarilla propia en la que los artistas tenían mucho peso. Tanto que tomaban parte en los asuntos de su vida. Así fue como Luis Paret acabó inmerso en un escándalo palaciego, acusado de servir de «alcahueta» para el cada vez más desaforado apetito sexual del infante. De resultas del lío, Paret tuvo que exiliarse tres años a Puerto Rico, mientras que don Luis estableció su corte paralela (donde también trabajó Goya) a cien kilómetros de la Villa.

En la obra «Una celestina y dos amantes» –adquirida por 130.000 euros–, ejemplo según Matilla, de su «dominio de la técnica, precisión y manejo de los colores» y considerada por los críticos «la mejor acuarela del siglo XVIII», se desarrolla el tema de las relaciones sexuales y la hechicería que se asociaba a la figura de la alcahueta. Curiosamente, Paret también tuvo problemas con la Inquisición por poseer un ejemplar de la tragicomedia de Calixto y Melibea, prohibida por entonces. En esta pintura de 1784 se advierten ya intereses temáticos que cristalizarían en «Los caprichos» de Goya, que empezarían a gestarse una década después.

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