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Sevilla y Leganés buscan la final de la Copa

  • Mantovani y Rico
    Mantovani y Rico

Tiempo de lectura 4 min.

07 de febrero de 2018. 00:52h

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Los noventa minutos de hoy en el Pizjuán, con ventaja para los sevillistas tras el empate en la ida, separan a ambos equipos del partido definitivo por el título.

Martín Mantovani: El capitán de un sueño

Siempre en mi equipo», repiten los hinchas del Leganés más apasionados cuando se les pregunta por Mantovani. No importa que esta temporada haya perdido la condición de titular, sigue siendo el capitán de un sueño que comenzó en Segunda B, con su llegada y la de Garitano, y que hoy afronta su noche más histórica en el Sánchez Pizjuán. Los centrales serán Bustinza y Siovas, pero la arenga antes de salir del vestuario (no entró en la convocatoria, aunque hoy viaja a Sevilla con los no convocados), será de Martín Mantovani, sin discusión, la reserva espiritual del sentimiento pepinero.

No ha nacido en Leganés, lo hizo en Argentina, tiene 33 años y hace algo menos de cinco su destino y el del Lega se unieron para siempre. Tras jugar en la cantera del Atlético, en la Leonesa, en el Atlético Baleares y en el Oviedo, un representante le ofreció una posibilidad en el Nancy francés. Según él mismo confiesa, fueron los peores días de su carrera, porque la oferta resultó ser una estafa y en lugar de salir del Carlos Tartiere con destino a Francia la cesión fue al Leganés, que por entonces fichaba a un nuevo técnico: Asier Garitano. Así empezó todo, y Mantovani es ahora junto a Eraso el único futbolista de la plantilla que ha marcado en Segunda B, Segunda y Primera. Nadie personifica mejor el crecimiento del club.

Ha jugado en estadios pequeños, como el del Puerta Bonita, estuvo el día del ascenso en Hospitalet y fue clave en la etapa en Segunda. También ha sido importante en la élite, donde ha hecho dos goles, y desde la grada vivirá hoy la noche más importante del sueño pepinero: la vuelta de la semifinal de Copa ante el Sevilla. Noventa minutos para una final, el mejor regalo para su hijo Fabio, que nació ayer.

Sergio Rico: Conjura contra un portero

La trayectoria de Sergio Rico González, 24 años recién cumplidos, debe ser contemplada como una carrera imparable hacia el estrellato. A su edad, presenta una hoja de servicios envidiable que incluye dos Ligas Europa. «Si se llamase Riko, con k, y se hubiese formado en Lezama, valdría 50 millones», lamenta un técnico de los escalafones inferiores del Sevilla. En el Sánchez Pizjuán, no, porque en este Pizjuán posmoderno y tuitero que padece el sevillista cabal, se confunde exigencia con intransigencia y, según con qué futbolistas, la sana crítica con la furia destructora. Rico ya estaba en el punto de mira, pero una concatenación de errores en este 2018 lo ha puesto en el disparadero. Sus defensores, los pocos que le van quedando, pueden aducir que si el Sevilla se ve hoy a noventa minutos de la final de Copa, es porque su portero metió dos manos monumentales, a Diego Costa en la ida y a Correa en la vuelta frente al Atlético, ésa que se empezó a decantar cuando Moyá se hizo un autogol que Oblak jamás habría encajado. Nadie afeó a Simeone la decisión de prescindir de su jugador más decisivo, pero una corriente atronadora exige a Montella que, hoy, en el partido más importante del curso, rote en la portería.

El italiano no lo hará, porque el Sevilla es el único de los semifinalistas que no sienta en Copa a su portero titular. Mientras Champagne, Cillessen y Jaume tratan de olvidar en este torneo su condición de contumaces suplentes, los sevillistas intentarán alcanzar la final del 21 de abril con el más cualificado de sus guardametas... y la esperanza de que sus rivales se terminen arrepintiendo, igual que se arrepentirá hoy Simeone ante su televisor de haberse adherido a la estúpida moda de no poner a los mejores en la Copa del Rey.

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