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Histórica Garbiñe

  • Garbiñe Muguruza devuelve una bola frente a Timea Bacsinszky
    Garbiñe Muguruza devuelve una bola frente a Timea Bacsinszky / Reuters

Tiempo de lectura 4 min.

08 de julio de 2015. 00:06h

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Mariano Ruiz Díez.  7/7/2015

Lili Álvarez, Arantxa Sánchez Vicario, Conchita Martínez y Garbiñe Muguruza. El logro de la hispanovenezolana (Guatire, 8-10-1993) al alcanzar en Wimbledon por primera vez la semifinal de un «Grand Slam» cobra su verdadera dimensión cuando se descubren los nombres de sus antecesoras. Ella es la primera española que se cuela entre las cuatro mejores del All England Tennis Club en los últimos 18 años. Arantxa en 1997 fue la última. Garbiñe se deshizo de la suiza Timea Bacsinszky por 7-5 y 6-3 y ahora la espera la polaca Agnieska Radwanska. Hay cuatro precedentes entre la española y la número 13 del mundo. En los dos últimos este mismo año (Sydney y Dubái, ambos en pista dura) la victoria fue para Garbiñe.

Su torneo supone la confirmación de algo que ni ella misma esperaba: en la hierba puede responder tan bien como lo hace sobre pista dura y como puede llegar a hacerlo sobre tierra batida. Es una todoterreno. Llegó a Wimbledon con apenas una docena de partidos en su carrera disputados sobre el pasto. Con ese balance y una experiencia casi nula en el tercer «Grand Slam» del año (en tres ediciones nunca superó la segunda ronda), ha ido avanzando en el cuadro con victorias de mucho prestigio. Antes de los cuartos de final liquidó a dos «top 10» que se manejan con comodidad en hierba: Kerber y Wozniacki. Esas victorias le permitieron llegar al partido ante Bacsinszky sin urgencias. Se trataba de aprovechar uno de los mejores saques del circuito y minimizar los daños que provocaba el revés a dos manos de la suiza. Cumplió con los dos objetivos. «Sabía que tenía que esperar mi momento. Ella alarga mucho los intercambios para que falles tú. Te obliga a pensar y lo que he hecho es ser paciente, esperar a tener la bola buena para ganar el punto y utilizarla», aseguró.

Muguruza solventó los momentos críticos como si no tuviera 21 años y como si llevara toda la vida llegando a las rondas finales de Wimbledon. Salvó las dos primeras bolas de rotura y se llevó el primer set con menos golpes ganadores de su rival. En el segundo set encontró lo que lleva buscando desde que empezó la gira sobre hierba: no pelearse con la superficie, preocuparse sólo de la rival. «Pensé en sentirme poderosa en la pista y ahora me siento más cómoda y voy ganando más partidos», confesó.

La jugadora entrenada por Alejo Mancisidor se siente sorprendida por haberse convertido en la primera española que alcanza una semifinal de un «Grande» desde 2000. «Es un torneo en el que no tenía tanta confianza como en tierra batida o en pista rápida», afirma. Ella es la única novata a estas alturas del torneo. Por el otro lado del cuadro marchan Serena Williams y Sharapova. Su rival, Radwanska, ya sabe lo que es disputar una final y una semifinal en Londres. Pero ella no se corta: «Me gusta jugar en las pistas grandes, me motiva más y me siento mucho mejor. La pista central de Wimbledon es la más importante, no hay publicidad, es diferente a las otras. Me encuentro cómoda». Una victoria mañana la asomaría a las puertas del «top 10» y si levantase el título el sábado se convertiría en la número seis del mundo. Palabras mayores.

En el cuadro masculino quedaron completos los cuartos de final con la victoria de Novak Djokovic ante Anderson. El número uno remontó dos sets en contra y se sobrepuso a los 40 saques directos del tenista surafricano.

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