Internacional

¿Por qué protestan los colombianos?

Lo que pretende la clase media es que sólo los ricos sufraguen la subida de impuestos, la misma irrealidad que arraigó el 15-M y con Podemos

Un grupo de manifestantes incendian neumáticos y bloquean una calle en Cali (Colombia)
Un grupo de manifestantes incendian neumáticos y bloquean una calle en Cali (Colombia)Ernesto Guzmán JrEFE

Colombia cerró 2020 con una deuda pública del 62% del PIB y con un déficit cercano al 9%. La situación podría parecer que no es alarmante porque, en principio, los pasivos estatales siguen siendo bajos y el nubarrón del déficit debería remitir conforme se vayan superando las dificultades de pandemia. Pero no es así. Para los estándares hispanoamericanos, una deuda del 62% del PIB entra en el rango de preocupantemente alta (Argentina está en default con poco más del 90%) y el déficit amenaza con enquistarse en niveles igualmente altos durante demasiado tiempo (se teme que este año supere el 10% del PIB, lo que llevaría la deuda pública al 72%).

Dos personas se manifiestan durante un bloqueo en el marco del Paro Nacional en el sur de Cali (Colombia
Dos personas se manifiestan durante un bloqueo en el marco del Paro Nacional en el sur de Cali (ColombiaPablo RodríguezEFE

Por eso, y porque Colombia no cuenta con ningún socio rico que esté dispuesto a avalar su deuda (como hace Alemania con España), los planes de austeridad ya han comenzado a colocarse encima de la mesa. Y sólo hay dos formas de cuadrar las cuentas: aumentando impuestos o recortando gastos. En este sentido, el Gobierno de Iván Duque ya ha comunicado que no sólo no piensa recortar el gasto sino que plantea incrementarlo volviendo permanentes algunas de las medidas de asistencia social que, con carácter extraordinario, se habían adoptado durante la pandemia (por ejemplo, el llamado Ingreso Solidario: una especie de renta mínima de inserción que únicamente pretendía estabilizar durante la crisis la situación financiera de las familias más pobres del país, pero que ahora Duque quiere convertir en permanente).

De modo que, si se hace necesario recortar el déficit al tiempo que se incrementa el gasto, sólo queda subir los impuestos. Y eso es justamente lo que planteó el ex ministro de Hacienda colombiano, Alberto Carrasquilla: una subida impositiva equivalente al 2% del PIB. Dado que, en tiempos normales, Colombia obtiene unos ingresos públicos del 30% del PIB, se buscaba aumentar la recaudación en casi un 7% con respecto a los niveles actuales.

Obviamente, una reforma fiscal de este calibre no puede afectar tan sólo “a los más ricos”, sino que por necesidad perjudicará a las clases medias o medias-altas: simplemente, no hay tanto que rascar de los superricos colombianos. Así, el rejonazo tributario inicialmente planteado consistía en incrementar el IRPF a los contribuyentes que ingresen más de 660 dólares mensuales (aproximadamente el salario medio del país, lo que en España supondría subírselo a todos los que ganen más de 1.800 euros mensuales), así como establecer un IVA del 19% a servicios como el agua, la luz y el gas, a los servicios funerarios y a los aparatos electrónicos. Por supuesto, también se prorrogaba el Impuesto sobre el Patrimonio contra los más ricos o el recargo en el Impuesto sobre Sociedades. Pero la clase media no quiso aceptar esta subida impositiva y salió a la calle para reclamar no que la austeridad se ejecute por la vía de los recortes del gasto público, sino exclusivamente con subidas de impuestos a los ricos. La misma irrealidad en la que arraigó el 15-M y Podemos a partir de 2012.