Sánchez buscará en Davos la inversión de grandes fondos y multinacionales para los PERTE

Buscará la implicación de Intel, Cisco, Arcelor Mittal o el fondo soberano de Singapur en proyectos tecnológicos y industriales de semiconductores

Participantes en la apertura del Foro de Davos
Participantes en la apertura del Foro de Davos FOTO: GIAN EHRENZELLER EFE

Objetivo atraer grandes inversiones tecnológicas. Para el ello, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, viaja esta semana en el Foro Económico Mundial de Davos para presentar los proyectos que está desarrollando su Ejecutivo para favorecer la economía española y que considera un acicate para la inversión en diversos sectores y, de forma especial, en el de los microchips. El PERTE de los semiconductores, dotado con más de 11.000 millones de euros de inversión pública, marcará su agenda económica tras su aprobación el martes en el Consejo de Ministros y su promoción internacional en el foro.

Se trata del mayor PERTE por inversión pública de los anunciados por el Gobierno y su objetivo principal es atraer inversiones relacionadas con esta industria y sus tecnologías relacionadas. De esta forma, el Ejecutivo busca reforzar la soberanía industrial y autonomía estratégica de España frente al colapso de la cadena de suministros a raíz de la pandemia y la guerra de Ucrania, que ha creado una profunda escasez de estos componentes, especialmente para la industria de la automoción.

Con este objetivo, Sánchez tiene previsto presentar el proyecto a varias multinacionales, como Intel, Qualcomm, Micron y Cisco con el objetivo de que estas firmas aumenten su peso en España. Su idea central durante sus intervenciones públicas y reuniones con líderes empresariales y políticos durante sus tres días de presencia en Davos (del 23 al 25 de mayo) es que España ofrece un gran potencial para la inversión. Según fuentes gubernamentales, se volcará especialmente en hacer ver ese potencial en un ámbito como el de los microchips, ya que considera que España puede convertirse en un importante centro de diseño y fabricación de estos componentes. Un asunto de especial relevancia debido al problema que se está viviendo por la escasez de semiconductores y que están afectando a diversos sectores industriales como el del automóvil.

La pandemia del coronavirus desencadenó una sensación de urgencia en Europa y Estados Unidos por atraer y ampliar el número de fábricas de semiconductores en sus fronteras para reducir la dependencia que existe en la actualidad de Asia, especialmente Taiwán. De hecho, la Comisión Europea presentó en febrero su Ley Europea de Chips, que preveía movilizar 43.000 millones de euros de inversión para que el 20% de los semiconductores del mundo se produzcan en Europa en 2030.

En paralelo, varios países europeos han puesto en marcha un Proyecto Importante de Interés Común Europeo (IPCEI) de microelectrónica que busca desarrollar una nueva generación de tecnología en este campo. España ha presentado ocho proyectos para este IPCEI en colaboración con empresas y patronales como Ametic, con el objetivo de ganar peso tras una convocatoria donde otros países tuvieron más protagonismo. A todos ellos detallará el martes el contenido del proyecto estratégico para la recuperación y transformación económica (PERTE) sobre chips y microconductores que ese mismo día aprobará el Consejo de Ministros.

Este proyecto, que conllevará una inversión pública de 11.000 millones de euros, ya fue anunciado el mes pasado por Sánchez, quien aseguró entonces que España no va a perder la carrera hacia la tecnología más avanzada y el nuevo PERTE será una gran apuesta para estar a la vanguardia del progreso industrial y tecnológico. A esa iniciativa se referirá igualmente en sus contactos durante la cena del lunes organizada por Intel con consejeros delegados de empresas tecnológicas y en su intervención ante medio centenar de responsables de firmas de este sector en la cena del día siguiente organizada por Qualcomm (la primera del mundo en diseño de microchips) y a la que acudirá como invitado especial.

Su agenda en la localidad suiza incluye también su participación en un evento sobre el papel global de Europa y en el que en una de sus mesas se abordará la seguridad energética. Un panel en el que intervendrá asimismo la vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera. Además, se reunirá con los máximos responsables del fondo soberano de Singapur Temasek y de la empresa Arcelor Mittal. El fondo soberano de Singapur, uno de los principales del mundo, no tiene aún inversiones en España, pero ya está en contacto con el Gobierno porque desea diversificar su presencia y entrar en el país, mientras que Arcelor Mittal se encuentra en un proceso de descarbonización de su industria.

Sánchez mantendrá asimismo una serie de reuniones con otros líderes políticos, entre ellos los de Suiza (país anfitrión del foro) y Ruanda, y junto a él intervendrán en algunos actos la presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde; el primer ministro griego, Kyriakos Mitsotakis, y el presidente de Lituania, Gitanas Nauseda. A lo largo de las jornadas participarán también, entre otros líderes europeos, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, y la del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, así como el canciller alemán, Olaf Scholz. Asistirá igualmente el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, e intervendrá por videoconferencia el presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, mientras varios miembros de su Gobierno acudirán a Davos.

La guerra en Ucrania estará muy presente a lo largo de todo el foro, al que el Gobierno español otorga una gran relevancia por las oportunidades que ofrece y por la posibilidad de exponer las perspectivas de la economía española ante los máximos representantes de empresas tecnológicas, entidades financieras y fondos de inversión.

El Foro Económico de Mundial vuelve a celebrar su conocida reunión anual en Davos, a la que acuden nuevamente en persona los líderes políticos y los ejecutivos que mueven la economía global, en una apuesta por entender cómo actuar en un contexto de crisis económica, alimentaria y geopolítica simultáneas. Se trata de un retorno a Davos casi dos años y medio después de su última edición, que en enero de 2020 marcó su medio siglo de existencia, cuando nadie imaginaba que en pocas semanas el mundo estaría inmerso en una pandemia que obligó a optar en 2021 por un Foro de Davos virtual. Su repercusión fue escasa, demostrando que la fuerza de este evento es la interacción personal entre aquellos que toman las grandes decisiones y quienes pueden influir en ellos.