Gobierno

Sánchez utilizará la moción para debilitar a Casado

Moncloa cree que la moción de censura les «beneficia» y la utilizarán para redoblar la presión sobre el PP y visualizar una foto de unidad con sus socios de cara a los Presupuestos

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en una rueda de prensa tras el Consejo de Ministros
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en una rueda de prensa tras el Consejo de MinistrosGonzalo Pérez MataLa Razón

El Gobierno da máxima prioridad a la moción de censura que Vox ha presentado contra Pedro Sánchez y que se debatirá y votará el miércoles y el jueves en el Congreso. Una importancia desproporcional al desafió, cabría pensar, pero lo cierto es que la embestida del partido de ultraderecha contra el Ejecutivo casa a la perfección con la estrategia de Moncloa. Se produce en un momento tan idóneo, que en el Gabinete han despejado prácticamente su agenda –a excepción de los viajes para la cumbre hispano-italiana que se celebrará el martes y la cita con el Papa del sábado –para evitar que cualquier otra iniciativa pueda desviar el foco de lo que ocurrirá durante 48 horas en la Carrera de San Jerónimo. Sánchez acude sin un ápice de presión a la cita, consciente de que no solo no prosperará, sino que será la moción de censura que cosechará el menor apoyo de las cuatro que se han presentado hasta ahora en democracia.

En Moncloa aprovecharán la ocasión para redoblar la presión sobre el líder del PP, el verdadero objetivo a batir de la iniciativa de Vox, y seguir aumentando así el desgaste sobre Pablo Casado para que vire en su estrategia de confrontación y vuelva a la senda de la negociación con el Gobierno para aprobar, entre otras cuestiones, la renovación de los órganos constitucionales pendientes. Sánchez, que puede intervenir en cualquier momento durante el debate, evitará seguir el juego a los ataques de la ultraderecha. Aunque sí se defenderá, fijará sus mensajes en el principal partido de la oposición. El objetivo es Casado, no Abascal. Incidirá en la asimilación entre PP y Vox y en el riesgo que corren los populares de quedar desdibujados entre «el original y la copia». Abundará en la «foto de Colón», mensaje en clave también para que Ciudadanos acabe de desgajarse de ese tridente, y no olvidará los casos de corrupción del PP; el último, la ratificación por parte del Tribunal Supremo de la condena al partido como partícipe a título lucrativo en la trama «Gürtel».

El presidente del Gobierno ya avanzó a grandes rasgos esta estrategia el pasado miércoles, cuando espetó a Casado: «Piense qué va a hacer usted durante la próxima semana en la votación de la moción de censura; si va a votar a favor, si va a votar en contra o se va a abstener y se va a poner de perfil ante una moción de censura liderada por la ultraderecha. Piénselo, señoría. La respuesta la tendremos la próxima semana y le insto a que rectifique, a que centre a su partido, a que lo modere, a que cumpla con la Constitución y vuelva a ser el Partido Popular un partido de Estado». La principal baza de Sánchez será aislar a Casado con Vox, especialmente, si el PP no se posiciona en contra en la votación.

En el Gobierno no solo consideran que la moción de censura les «beneficia» para redoblar la ofensiva sobre Casado, sino que también les permitirá visibilizar una imagen de unidad en torno a Sánchez en vísperas de la trascendental aprobación de los Presupuestos Generales del Estado. Una foto que al Ejecutivo le interesa para aglutinar a sus socios en un momento decisivo de la negociación de las cuentas públicas. Una negociación que se ha aplazado hasta después de la moción para, precisamente, trasladar el mensaje de que si no se busca una salida que garantice la estabilidad de la legislatura, tras en envite del coronavirus, la alternativa será un Gobierno de derecha, auspiciado por la ultraderecha de Vox. Y la imagen más gráfica de esa otra realidad será el debate que liderarán Abascal y Garriga en el Congreso.

Esta polarización entre Vox y el PSOE ha sido utilizada hábilmente por los asesores de Sánchez, ya desde las campañas electorales de 2019, en las que se dio alas al partido de Santiago Abascal para favorecer sus expectativas en las urnas. Conscientes de que avivando la fragmentación en la derecha y dada la incompatibilidad del PP para atraer a otros socios minoritarios, del bloque de los nacionalistas, el escenario es propicio para que no exista alternativa posible a los socialistas, que les ayude a sostenerse en el poder más allá de esta legislatura.