Visita a la UME en plena guerra de celos de Marlaska contra Robles

Pulso de «egos» en Moncloa: el ministro del Interior retrasó con papeleo y burocracia el despliegue

Sánchez y Robles, ayer, en un acto en apoyo del trabajo del Ejército en la borrasca
Sánchez y Robles, ayer, en un acto en apoyo del trabajo del Ejército en la borrascaFernando CalvoEFE

El pulso entre «egos» políticos no resiste ni a borrascas de la fuerza de Filomena. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se presentó ayer en la Unidad Militar de Emergencias (UME) para trasladar su apoyo a los efectivos del Ejército que están colaborando en corregir los estragos que ha dejado la tormenta de nieve por media España. Sánchez se hizo la foto con la ministra de Defensa, Margarita Robles, bajo los ecos del rugido de la tensión entre Interior y Defensa por la diligente actuación de la UME en Madrid.

Los choques entre Robles y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, vienen de atrás, pero esta vez se han sustanciado bajo el escaparate de las autoridades madrileñas, como ayer informó este periódico. Fue el Ayuntamiento de Madrid quien se dirigió a Defensa y a Interior para pedir la ayuda de la Unidad Militar de Emergencia (UME) ante el colapso de movilidad, y con consecuencias sanitarias, que dejaba este viernes pasado la tormenta. Y en ese pulso de egos, que existe en todos los Gobiernos, y que como confirma este capítulo no se resiste ni ante las situaciones más críticas, Marlaska tiró de manual e impuso la burocracia y el papeleo para reivindicar su autoridad como coordinador del despliegue. Interior exigía que la petición se canalizase a través de la Comunidad de Madrid, y que se le hiciese llegar a él. Con Robles, bastó una llamada de teléfono para que el Ejército estuviera en la calle.

Esta activación de la UME en Madrid se produjo en la medianoche del viernes. Cientos de vehículos estaban ya bloqueados en las principales arterias de circunvalación, muchos de ellos sin combustible para mantener el motor en marcha y aguantar la noche con calefacción. En esa situación de estrés máximo, es cuando Defensa considera que no hay tiempo que perder en burocracia y da la orden de que salga el batallón procedente de Torrejón de Ardoz (Madrid) y de Ferral del Bernesga, León. Incluso las autoridades madrileñas admiten fuera del circuito oficial que no es que Marlaska no quisiera ayudar, que es a lo que puede dar pie a pensar este episodio, sino que de fondo lo que hay es una batalla de celos por el protagonismo o por el ver quién manda, a costa de perder de vista la urgencia de la situación.

El medio de esta nueva tormenta entre Marlaska y Robles, el presidente del Gobierno visitó ayer el primer batallón de la UME en Madrid, movilizado para frenar la ola de frío y la gran cantidad de nieve caída en la capital.

Durante esta visita, Sánchez agradeció a la UME la lucha contra el temporal y reivindicó unos servicios públicos «potentes». Le acompañó la titular de Defensa. Las de ayer fueron las primeras declaraciones del jefe del Ejecutivo desde que arreció el temporal, más allá de varios mensajes en Twitter. Como ya ocurrió con la pandemia, en esta crisis parece que la estrategia del marketing de Moncloa se ha sostenido también en el principio de reducir al mínimo la exposición del presidente, en coherencia con el principio de que Sánchez debe estar para las buenas noticias, no para las malas.

El jefe del Ejecutivo reiteró el agradecimiento que ya había hecho público Robles, reivindicando con «orgullo» la labor de las Fuerzas Armadas ante el temporal y también durante la pandemia. «Están sirviendo a la ciudadanía española, garantizando el bien más preciado, el de la seguridad. Lo estáis dando todo y la sociedad os lo agradece todo», manifestó. Defensa ha facilitado el despliegue de la UME atendiendo a criterios estrictamente técnicos y de urgencia social, a pesar de que, desde otras comunidades, como Castilla-La Mancha, socialista, se haya elevado la queja por no haber sido priorizados en la atención.

Por cierto, en estos tiempos de elogios generalizados a la UME, y de intentos de «chupar rueda» para ver si les cae algo de la buena imagen y valoración de su trabajo, la realidad es que esta unidad fue creada por el ex presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero con el objetivo inicial de llegar a los 7.000 efectivos, pero sigue contando con las 3.500 unidades con las que fue inaugurada. Ni los gobiernos del PP que siguieron a los de Zapatero, ni el de Sánchez, han tenido a bien preocuparse por mejorar la capacidad de la UME, curtida en inundaciones, desastres de montaña, incendios y demás tragedias. Para hacer justicia, sus 600 efectivos, en el caso de la capital, están acompañados de otros 400 del Ejército de Tierra.

El pulso de egos dentro del Gobierno fue hábilmente utilizado por el líder de la oposición, Pablo Casado, quien aprovechó la crisis interna para hurgar en la herida y elogiar a la ministra de Defensa por anteponer la gestión a los colores políticos durante la nevada. Casado también buscó ayer la foto con los servicios de emergencia, en este caso acompañó a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso.