“Igor el Ruso”, sobre el tiroteo a dos agentes: “Les disparé con las dos manos, como si fuese una ametralladora”

El autor confeso del triple crimen de Teruel dice que su intención “no era matarles” y que solo quería recuperar su biblia: “No voy matando gente por ahí”

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El ex militar de origen serbio Norbert Feher, conocido como “Igor el Ruso”, ha asegurado en el juicio por el triple asesinato de un ganadero y dos guardias civiles en Andorra (Teruel) el 14 de diciembre de 2017, que no disparó a matar a los agentes.

“Si yo quiero matarles les disparo a la cabeza, no a las piernas”, ha declarado el acusado, que se enfrenta a una condena a prisión permanente revisable. “Mi intención no era matarles, sino que terminasen de disparar”, ha añadido.

Y eso que según ha explicado al tribunal del jurado -once personas que deberán pronunciarse sobre su culpabilidad o inocencia- cuando los agentes llegaron al masico (después de que hubiese disparado mortalmente al ganadero José Luis Iranzo) empezó a disparar “con las dos manos a la vez” a los guardias civiles Víctor Romero y Víctor Caballero, “como si fuese una metralleta”. De hecho, ha reconocido que efectuó 17 disparos en menos de un minuto y ha cifrado en “unos veinte” los que realizaron los agentes.

Incluso ha aludido a la guerra de los Balcanes para intentar justificar su reacción. En los bombardeos en Serbia, ha comentado, “la gente moría a mi alrededor. Eso me traumatizó, pero también me hizo más fuerte”.

El triple crimen se produjo cuando “Igor el Ruso” huía de las Fuerzas de Seguridad tras disparar a dos vecinos de la localidad turolense de Albalate del Arzobispo, por lo que ya ha sido condenado a 21 años de prisión por dos tentativas de homicidio y tenencia ilícita de armas.

“No tenía nada contra él. Fue el destino”

El acusado ha manifestado que disparó a los agentes porque no había podido recuperar su biblia, que tenía guardada en una mochila que se encontraba en el vehículo del ganadero al que había asesinado previamente. “Tenía la Biblia y no quería dejarla en el coche. Si no, hoy estas dos personas estarían vivas”. No huyó, ha recalcado, “porque no podía salvar la Biblia”.

“¿Que tenía la Biblia tan importante para matar a dos personas?”, le ha preguntado uno de los letrados de la acusación. “La salvación. El cuerpo no es más que un contenedor, nuestra alma es lo importante. Si la hubiese podido recuperar de alguna forma, estas dos personas estarían vivas”. “No voy matando gente por ahí. Si la hubiera podido coger y marcharme no hubiera pasado nada. Para mí es importante, porque tengo ahí mis rezos”.

Según ha contado, tras llegar a España el 21 de septiembre de 2017, estaba en Teruel “de paso”, esperando a otra persona.

Respecto al asesinato del ganadero, a quien según la Fiscalía remató por la espalda tras ser sorprendido en el masico (casa rural) en el que se había refugiado, “Igor el Ruso” ha afirmado que le disparó, porque era “una amenaza para él”, cuando abrió la puerta de la vivienda y, ya por segunda vez y de forma supuestamente instintiva, cuando trataba de alejarse del lugar. “¿Si huía por qué le vuelve a disparar?”, le ha preguntado la fiscal Carmen Continente. “No tiene lógica”, se ha limitado a decir antes de contar que se había dirigido a ese masico en busca de un rifle. “No tenía nada contra él. Fue el destino, la causalidad”.

“Yo disparé cara a cara”

En cuanto al asesinato de los dos guardias civiles, el acusado que cuando llegó el vehículo policial pensó que era el propietario del masico, porque “no llegaron con sirenas ni con chalecos reflectantes”. Pero cuando los vio acercarse “con las pistolas en mano” les disparó porque había tenido antes problemas con unos cazadores armados en otra zona del Pirineo.

Él se encontraba escondido detrás de la “pick-up” del ganadero al que había abatido, armado con dos pistolas, una Beretta 98 y una Smith&Wesson, esta última “como reserva”.

Con los agentes a cuatro o cinco metros de distancia empezó a disparar “con las dos manos a la vez”, “como si fuese una metralleta”. “Primero a uno y luego a otro”, según ha detallado, asomándose alternativamente a uno y otro lado del vehículo.

“Usted les disparó por la espalda”, le ha recordado la fiscal. Pero “Igor el Ruso” lo ha negado, asegurando que les disparó “cada a cara”. De los orificios que presentaban los guardias civiles en la espalda, en las caderas y en las piernas, ha defendido que los impactos fueron por delante “y han salido por detrás”. “Puede ser que al caerse al suelo les alcanzara algún proyectil, pero yo disparé cara a cara”.

Respecto al tiroteo mortal, ha mantenido que “no se veía mucho porque no había luz” y que “ellos disparaban y yo disparaba. Nos disparábamos mutuamente”.

“Estaban vivos los dos”

“Igor el Ruso” ha negado que rematara a los agentes cuando ya estaban en el suelo y ha recalcado que disparó “hasta que ellos dejaron de disparar. No había necesidad de disparar más, porque habían dejado de disparar”.

“Estaban vivos los dos. Uno respiraba muy fuerte y el otro se movía”, ha dicho. Pero no les prestó ningún auxilio. Se llevó una de sus pistolas, un cargador que estaba atascado y una mochila con sus móviles, la documentación, unos grilletes y unos guantes.

Con el vehículo del ganadero se dirigió entonces a Valencia, porque en 2015 había vivido en Chirivella y Catarroja y tenía allí amigos. Pensaba dejar el coche “como mínimo en Castellón”. “¿Pensó que le podían ayudar?”, le ha preguntado la fiscal. “No, porque si tengo problemas no meto a otras personas en mis problemas”.

Pero en el trayecto tuvo un accidente, según él porque la rueda derecha del coche pinchó, y se salió de la carretera. Se bajó, lo cargó todo en una bicicleta y tras “unos cinco o seis metros, me paré a descansar”. Tumbado en el suelo boca arriba junto a una encina, se quedó dormido.

Cuando se despertó, poco antes de las tres de la madrugada, agentes de la Guardia Civil le estaban rodeando.

“Uso las armas como última alternativa”

“La pistola estaba cargada, ¿pensaba utilizarla otra vez?”, ha querido saber la representante del Ministerio Público. “Esperaba no tener que utilizarla. Uso las armas como última alternativa, cuando no hay otra solución”. “¿Las utiliza usted cuando tiene que eliminar algún obstáculo?”, ha insistido la fiscal. “También para protegerme de cualquier cosa”.

A preguntas del letrado Jorge Piedrafita, abogado de la viuda de uno de los agentes fallecido, ha negado que se diera cuenta de que los guardias civiles llevaban chalecos antibalas y que si les disparó en las extremidades inferiores fue “por pura casualidad”. “¿Le parece casualidad que de 17 disparos 15 sean en la parte baja?”, le ha replicado el letrado de la Asociación Española de Guardias Civiles (AEGC). “Si yo quiero matarles, les disparo a la cabeza, no a las piernas. Mi intención no era matarles, sino que terminasen de disparar”, ha vuelto a insistir el acusado. “Todo duró un minuto, a lo mejor ni eso”.

“Igor el Ruso” ha hecho referencia, para intentar justificar su reacción, a su participación en la guerra de los Balcanes. “Cuando fue bombardeada Serbia en 1999 yo estaba allí. La gente moría a mi alrededor. Eso me traumatizó, pero también me hizo más fuerte”. No tenía, ha precisado, ningún problema físico, aunque quizá sí psíquicos, pero no ansiedad, “eso es la enfermedad de los débiles”.