El crimen de las niñas de Tenerife: en la mente del asesino

Este tipo de asesino se mueve por odio y rencor en estado puro. Son personas narcisistas cuyo único objetivo es hacer daño a otra persona a costa de la vida de sus hijos

Difunden un retrato robot del posible aspecto de Tomás Gimeno
Difunden un retrato robot del posible aspecto de Tomás GimenoLa Razón

El hallazgo el pasado jueves del cuerpo sin vida de la pequeña Olivia, de solo seis años, una de las dos menores que desaparecieron en Tenerife, confirmó la peor de las sospechas sobre el desenlace del caso. Este último suceso se añade a la ya triste y larga lista de padres que asesinan a sus hijos para causar dolor a sus exparejas. En la retina de todos están casos como el asesinato de los niños Ruth y José, de seis y dos años que fueron asesinados en 2011 por su padre José Bretón. También el de la pequeña Asunta que fue asesinada por sus padres, Rosario Porto –que se ahorcó en su celda de la prisión de Ávila– y Alfonso Basterra. Asimismo, el parricidio en Godella protagonizado por Gabriel y María que mataron a sus dos hijos, Amiel e Ichel, en 2019. Es difícil entender qué lleva a un padre o a una madre a matar a sus pequeños, por los que en otro momento habrían dado su vida.

LA RAZÓN analiza con el psicólogo y forense, Javier Urra –que además es uno de los 52 expertos consultados por el Gobierno para el pacto de Estado para erradicar la violencia machista– el perfil del parricida y los motivos que pueden llevar a un progenitor a matar a sus propios hijos.

Tomás Gimeno, el padre de las niñas de Tenerife, cumplió la última amenaza que formuló en una de las últimas llamadas a su mujer: «no las vas a volver a ver». Si algo tienen en común los parricidas es que les mueve el odio y el rencor en estado puro. Lo primero que destaca el experto sobre Gimenos es que «es un odiador, una persona muy narcisista, que no admite un no». Es decir, asesinó a sus hijas porque su pareja decidió dejarle por los motivos que fuere y al constatar que ella estaba rehaciendo su vida, decidió hacerle daño y arrebatarle lo que más quería: a sus hijas. « Tomás Gimeno antepone su ‘yo’. Lo importante es él. A mí no me vas a ridiculizar, a mí me estas haciendo daño; yo estoy sufriendo pero ni te imaginas lo que vas a sufrir tú. Esa es su idea primigenia», describe Urra.

Su comportamiento no tiene nada que ver con un trastorno mental crónico o transitorio. A pesar de que en algunos casos los brotes psicóticos o los terribles efectos del alcohol y las drogas son los que llevan a cometer estos actos, lo cierto es que en la inmensa mayoría es el odio el que dirige la mano asesina de un padre o un madre, contra lo que, supuestamente, más quiere en esta vida.

Por la cabeza de Gimeno solo pasaban las formas de dañar a la persona que él entendía que de manera injusta le estaba haciendo daño a él. «Es capaz de controlar, preparar, imaginar y de anticipar. Esto le da fuerza porque ya no sufre, o por lo menos, ese sufrimiento tiene un objetivo que es dañar más a la otra persona», describe el psicólogo y forense.

Inevitablemente, el caso de las pequeñas de Tenerife recuerda al de Bretón. Los dos mataron a sus hijos para hacer daño a sus exparejas y además, hicieron todo lo posible para que no se encontraran los cadáveres de los menores y trataron de despistar a los agentes que estaban investigando el caso. José Bretón fingió una supuesta desaparición y fue él mismo quien llamó a emergencias para denunciarlo. Por su parte, el padre de Tenerife también intentó despistar a los investigadores con unas maniobras en el barco. Ambos quisieron deshacerse de los cuerpos de los menores asesinados. Mientras que Bretón optó por quemarlos, Gimeno hundió los cadáveres en bolsas en el fondo del mar. «Los asesinos buscan con ello que las madres sufran de por vida al tiempo que sienten cierta esperanza de volver a ver a sus hijos», dice el experto. Una muerte en vida.

Sin embargo, ambos parricidas tienen un perfil muy distinto. «Bretón se sabe un don nadie. En la calle es un hombre con una bajísima autoestima mientras que en su casa aplica eso de ‘aquí mando yo. Y si tú no haces lo que yo diga algo pasará», describe Javier Urra. Por su parte, Tomás Gimeno «tiene mucha autoestima, es un campeón, deportista que está acostumbrado a ganar y no va permitir perder a su mujer y que se vaya con otro», apunta. A ambos les une el narcisismo y no valoran el sufrimiento de sus hijos, solo valoran el sufrimiento de la mujer. Además, hay otra gran diferencia: Bretón está en la cárcel condenado por el asesinato de sus hijos mientras que Gimeno decidió quitarse la vida. «Bretón está privado de libertad pero no está triste. Gimeno se quita la vida para no ser juzgado. El mensaje que los dos quieren enviar es que si tú hubieras hecho lo que dijes, tus hijos estarían vivos».

La otra gran pregunta es cómo se pueden evitar estos asesinatos. Javier Urria dice que no se trata de poner en marcha más fiscales o jueces –que también– sino de educar. «Hay que educar. A las mujeres se les educa para servir a los demás mientras que a los hombres se les dice que todo es para ellos».