Sánchez pide más fondos a la UE a cambio de neutralizar a Yolanda Díaz

En la Unión Europea la ministra de Trabajo es la Varufakis de España. Calviño tranquiliza a Bruselas

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), conversa con el presidente de Estados Unidos, Joe Biden (d), durante la cumbre del G20
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (i), conversa con el presidente de Estados Unidos, Joe Biden (d), durante la cumbre del G20 FOTO: Pool Moncloa/Borja Puig de la Bellacasa Pool Moncloa/Borja Puig de la Be

El Gobierno de coalición tiene que pedir en los próximos días a Bruselas un nuevo abono de los fondos de recuperación. No es causalidad que esto coincida con la operación de esta pasada semana para neutralizar a la vicepresidenta y ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, en la negociación de la reforma laboral. En Bruselas levanta más que suspicacias la presencia «comunista» en el Gobierno español, y a la vicepresidenta Díaz la observan como si fuera una especie de Varufakis española, por asimilación con el exministro de Finanzas griego. El economista acabó dimitiendo para facilitar a Tsipras la negociación con la troika.

«Yolanda Díaz no suma al Gobierno español en cuanto a generar confianza en las capacidades de España para cumplir en tiempo y forma con los compromisos adquiridos». La reflexión la hacen en el seno del Consejo de Ministros y refleja la soledad de Yolanda Díaz en su decisión de hacer desde dentro la guerra para salvar su liderazgo al frente de lo que pueda salir de la operación de lavado de imagen de Unidas Podemos.

Que no haya congelación de fondos, como bien sabe y ha advertido la vicepresidenta primera y ministra de Economía, Nadia Calviño, depende de que España cumpla con los compromisos adquiridos en el plan de recuperación y resiliencia.

Bruselas puede llegar a aceptar, en el peor de los escenarios, que se mantenga el actual modelo laboral, según explican fuentes del equipo económico del Gobierno, pero «no aceptará jamás una derogación que suponga volver al sistema anterior a la reforma aprobada por Rajoy».

Y aquí se le acabó el tiempo a Sánchez para dar una imagen socialdemócrata en Bruselas y cubrirse a la vez las espaldas en el ámbito doméstico del daño electoral que pueda hacerle Yolanda Díaz en la calle entre el votante de izquierdas.

El presidente del Gobierno mantiene bien la compostura, pero igual que en este asalto ha tenido que decantarse por Calviño, con todo el disimulo posible, lo que le viene por delante no le dejará margen para «más caricias en la mejilla» con la vicepresidenta y ministra de Trabajo.

Los ministros socialistas empiezan ya a hablar de un escenario en el que el PSOE no tendrá el apoyo de Unidas Podemos en el Congreso para sacar adelante los compromisos adquiridos con Bruselas, ni la reforma laboral ni tampoco la de pensiones. La duda es hasta cuándo aguantará Yolanda Díaz dentro del Gobierno. El núcleo de la parte socialista la ve fuera y la quiere fuera, «si no pensara estrictamente en rentabilidad electoral». «Por una cuestión de rígido sometimiento a la incompatibilidad actual de funciones, no debería seguir ni un minuto más en el Gobierno porque ella sabe mejor que nadie que no es compatible ser la ministra de Trabajo de un Ejecutivo que ha firmado unos compromisos con Europa y, al mismo tiempo, ser la líder de Unidas Podemos».

Las relaciones del PSOE con los morados están rotas, aunque por interés mutuo jueguen a disfrazarlo en función del momento y las circunstancias. La coalición nunca ha funcionado como tal. No ha habido colaboración constructiva ni confianza entre las dos partes, sino un pulso permanente que nunca ha dejado de sentirse dentro del Consejo de Ministros. «No somos un Gobierno, somos dos partidos sentados en la mesa del Consejo de Ministros, y hay informaciones que no fluyen porque no nos fiamos del que tenemos enfrente». La descripción viene de la parte morada del Gobierno.

A partir de aquí, Sánchez salvará el Presupuesto porque le interesa a todos los socios implicados en la mayoría de la investidura, aunque a cambio de cesiones indigeribles para la marca socialista en el resto del territorio nacional. Y será un Presupuesto superado por la realidad económica, que el Gobierno no revisa en sus previsiones desde el pasado mes de abril, a pesar de la crisis de suministros, la inflación desbocada y la crisis energética. Los daños colaterales de esta coyuntura no prevista por el Gobierno no se desvanecerán en meses, más bien puede que acompañen al Gobierno hasta que se acabe la Legislatura.

Por todas estas razones Sánchez está condenado a quedarse solo, una vez que se aprueben los Presupuestos, y su compañero de viaje más fiable seguirá siendo el PNV, un partido que se atiene más al respeto institucional y a la razón de Estado que los socios de coalición, y, por supuesto, que ERC. El PNV es un partido serio, pide, pero cumple lo que promete. Aunque Sánchez tampoco esté a la altura de la palabra dada a los nacionalistas vascos.

El plan de aprovechar el semestre de Presidencia europea, y estirar hasta enero de 2023 la Legislatura, continúa estando, pese a todo, en la cabeza del presidente del Gobierno. El problema es que depende de que Yolanda Díaz quiera ayudarle a hacerlo.