El PP reclama un gesto «personal» de Casado y Ayuso para apagar la crisis

Génova quiere evitar que la tensión se prolongue hasta el congreso del partido

Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso, en la Convención Nacional del PP en Valencia
Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso, en la Convención Nacional del PP en Valencia FOTO: Alberto R. Roldán La Razón

Este jueves se celebra en la Asamblea de Madrid un pleno monográfico para fiscalizar la contratación del Gobierno de Isabel Díaz Ayuso durante el estado de alarma. La crisis sanitaria provocó la suspensión de la ley de contratos en todo el ámbito nacional, y hay expectación por ver cómo juega la oposición este combate en plena crisis entre la dirección nacional del PP y el equipo de Ayuso por el control del PP regional. Ésta es una primera batalla para la que vendrá después, las listas y la candidatura a las elecciones autonómicas de 2023.

Desde la Puerta del Sol aseguran que están «tranquilos» y que todo «se hizo bien», ante un primera fiscalización que llevará en Pleno el consejero de Hacienda, Javier Fernández Lasquetty. Pero en Vox se frotan las manos, no sólo por la guerra de la cúpula nacional con Ayuso, sino porque sus voceros van comentando que hay «material» para dar cuerda al debate. En Génova también han puesto el ojo en esta fiscalización de la gestión del Gobierno de Ayuso, como vía indirecta para utilizarla contra ella en el caso de que se descubran presuntas irregularidades.

En la sede nacional quieren ahora enfriar la tensión, al menos en publico, ya que mantener este estado de crispación hasta que se celebre el congreso no es sostenible para las siglas. En el equipo de Ayuso contestan que la presidenta siempre ha manifestado que lo importante es «la normalidad, unidad e ilusión». Pero lo cierto es que el pulso ha llegado realmente a erosionar la relación de Casado y Ayuso, que se intercambian más mensajes a través de sus respectivos equipos, que lo que se dicen personalmente. Hasta hoy, en esta última crisis no ha habido ninguna comunicación entre los dos.

La decisión de Casado de enfriar el choque ha sido recibida con bastante escepticismo dentro de las partes implicadas en conseguirlo. Los segundos niveles tienen una responsabilidad directa en «calentar» el ambiente y de ellos depende que no continúen las filtraciones interesadas. De aquí a junio es mucho tiempo de desgaste. Y en la organización popular creen que la mejor manera de apagar este fuego sería con un gesto simbólico y público de los dos líderes, de Casado y Ayuso, que «cierre la boca a los que enredan alrededor», y «tapone» los movimientos interesados de los equipos de cada uno.

Esto no quiere decir que en el partido crean que esos equipos maniobran por libre, pero sí que se exceden en el cumplimiento de los encargos, y que hay un componente personal de enfrentamiento que está dinamitando la solución más útil para el interés general. Un mensaje claro de Casado y Ayuso pondría sordina al problema. «La solución la tienen ellos en sus manos, y si no hay paz es porque no quieren. Si no tienen la autoridad suficiente como para hacer callar a sus equipos y para posicionarse en público en favor de la unidad, el problema es más grave de los que pensábamos», sostienen en la Ejecutiva del PP.

La Convención Nacional de octubre no sirvió para la reconciliación, más bien al contrario. No ya por el viaje de la presidenta madrileña a Estados Unidos, y el uso contra ella que hicieron de esa decisión en la dirección nacional. Tampoco ayudó la puesta en escena de Ayuso, y la manera que tuvo de decirle a Casado que no debía preocuparse porque le hiciera sombra a nivel nacional, ya que sabía que su sitio estaba en Madrid.

Desde entonces, las espadas se han mantenido en alto y Casado, y su equipo más cercano, se han abstenido siempre de hacer un guiño a la presidenta. La mejor salida para esta crisis sería un acuerdo entre los dos para una candidatura de consenso, y liderada por Ayuso. Pero Génova no va a renunciar a mantener el control del partido madrileño, incluso aunque la presidenta sea Ayuso. Y esto implica controlar la nueva dirección, y luego las listas de las próximas elecciones autonómicas. No quieren más errores, como el que ahora reconocen haber cometido en el adelanto electoral de mayo. Salvo la imposición del ex de Ciudadanos (Cs) Toni Cantó, «lo demás lo manejó todo, prácticamente, Ayuso, y eso no puede volver a ocurrir».