
Sin acuerdo entre PP y PSOE
Aranceles: otro decreto en el alambre
El PP afirma que levantará el teléfono si Moncloa llama con esta cuestión aunque descartan que se produzca un acercamiento en los próximos meses

La crisis arancelaria de Donald Trump se agrava en el verano. En un constante tira y afloja con Úrsula Von der Leyen, parece que empieza a clarificar los gravámenes para los productos europeos. O no. Porque cada día es una nueva amenaza. Lo que ya es del todo seguro es que la situación no tiene visos de resolverse. Ni mucho menos. Y la economía española se enfrenta a los efectos de unos gravámenes que pueden perjudicar, aún más, la situación de algunos sectores productivos fundamentales. Caso del campo español, en jaque si persiste o empeora el boicot americano a sus productos.
Para el arranque del curso, el Consejo de Ministros ya plantea la posibilidad de aprobar un nuevo decreto «anti-aranceles». Con una derivada: si el anterior logró salvar el trámite parlamentario por la mínima, el escenario no parece que vaya a cambiar mucho en septiembre. Entonces, Podemos se abstuvo. Ahora, que ha dado por sentenciada la legislatura, el sentido del voto podría ser diferente. El PP, entre tanto, se posicionó en el «no» después de una larga negociación entre Carlos Cuerpo, ministro de Economía, y Juan Bravo, vicesecretario popular. En un primer momento, el acercamiento pareció dar frutos, pero todo se torció cuando Moncloa desechó todas las propuestas que llegaron desde Génova.
Fuentes de la dirección popular aseguran que la disposición es la misma: «Si nos llaman, cogeremos el teléfono. Para ayudar a nuestro país, siempre estaremos disponibles». Eso sí, en el entorno de Alberto Núñez Feijóo creen que no habrá ningún intento de acercamiento. «En aquel momento se sentaron con nosotros porque les convenía para blanquearse», opina un destacado dirigente, en conversación con este diario. La negociación saltó por los aires cuando un portavoz de Junts anunció que había un pacto con el Gobierno para que las empresas de Cataluña recibieran un 25% del total de las ayudas aprobadas.
Sin acuerdo
Una cesión que causó indignación en las filas populares, que denunciaron que los socialistas decidían expulsarles del marco negociador pactando «unilateralmente» con el independentismo. A partir de ahí, se rompieron los puentes y desde el mes de abril, el Gobierno y el PP han sido incapaces de mantener la interlocución para ningún asunto. Ni siquiera para el último decreto que se votó en el Congreso de los Diputados, en respuesta al gran apagón energético, que acabó en el patíbulo por el rechazo de PP, Vox, Junts, Podemos, BNG y el diputado de Chunta, que pertenece a Sumar. Entonces, ni una llamada.
En su balance de fin de curso, Feijóo insistió sobre una idea: «Este Gobierno no merece ser ayudado». Con una legislatura en punto muerto, en la que apenas se aprueban iniciativas, con los escándalos de corrupción golpeando en las filas del Ejecutivo, el PP sólo contempla un escenario posible: que se adelanten las elecciones generales. Un canto de guerra que dificulta el entendimiento con la Moncloa para cuestiones de Estado, como es la respuesta a los aranceles de Trump.
En caso de producirse una negociación para un nuevo decreto, el PP volverá a poner una serie de condicionantes. Entre otros, que las ayudas no sean préstamos ni avales, sino inyecciones de liquidez a fondo perdido. Y mucho más importante: mejoras fiscales para aliviar la carga de los sectores más afectados. «El método más ágil de ayuda es la bajada de cotizaciones e incentivos fiscales con mayor intensidad a las empresas más expuestas y más vulnerables», subrayan en la cúpula.
La prórroga de vida de las nucleares
Otro punto que volverán a poner encima de la mesa es la prórroga de la vida útil de las nucleares. «Para nosotros tiene mucha importancia asegurar la energía nuclear. Es un elemento que garantiza el suministro de la energía eléctrica», es la tesis que defendían los populares cuando se rompieron las negociaciones con el Gobierno para aquel primer decreto anti-aranceles. Entonces, se afanaron por justificar el rechazo, conscientes del peaje que les podía suponer entre los sectores de la sociedad menos ideologizados : «No somos la muleta del Gobierno, no venimos a apoyar a Sánchez ni al Ministerio de Economía, sino a los españoles».
Por si acaso, el PP le quita de cuando en cuando el polvo al argumentario, que seguramente tendrá que rescatar si se llega a repetir un episodio similar en las próximas semanas. Las expectativas de un acercamiento, en este momento, son mínimas. Y conforme pase el tiempo, menos. En otoño, el clima será de precampaña con las autonómicas de Castilla y León a la vuelta de la esquina y cada movimiento se medirá en términos electorales.
El Gobierno, eso sí, se enfrentará a un quinario parlamentario, porque los apoyos menguan. La formación morada ha torcido el pulgar hacia abajo y el PP no tiene intención de salir al rescate.
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