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El dosel del Congreso, 215 kilos y más de un siglo de Historia

El baldaquino de las sesiones solemnes se inauguró en 1902 y ha visto pasar Monarquía, República y Dictadura

El baldaquino desplegado en la fachada del Congreso para el juramento de Alfonso XIII.
El baldaquino, desplegado en la fachada del Congreso de los Diputados para el juramento de Alfonso XIIICongreso

Ha visto coronar a un Rey que acabó en el exilio; presidentes de la República; un «Caudillo» salido de la Guerra Civil y sus Cortes, y de nuevo presidentes, pero de una Monarquía parlamentaria por la que juraron su cargo Juan Carlos I en 1975 y el actual Rey, Felipe VI, tras abdicar su padre en 2014. Aunque ya se había usado en su jura como Príncipe de Asturias en 1986.

El dosel para las grandes ocasiones del Congreso de los Diputados es un repostero heráldico realizado en la técnica de bordado de aplicación, en paño de lana con matices de seda. A pesar de que no se sabe a qué manufactura se encomendó, es muy probable que se encargara para la coronación de Alfonso XIII el 17 de mayo de 1902, al cumplir el heredero la mayoría de edad, y desde entonces se ha desplegado en todas y cada una de las sesiones solemnes que se han celebrado en la Cámara Baja.

A lo largo de estos 121 años ha sufrido algunos cambios, aunque en esencia sigue siendo el mismo que fue elaborado en la Real Fábrica de Tapices entre 1900 y 1902. Desde aquella jura de Alfonso XIII con uniforme de gala de capitán general –quien volvió a desplegarlo en su boda en la iglesia de los Jerónimos el 31 de mayo de 1906–, perdió el Toisón de Oro y ganó, en 1931, la corona mural republicana. Franco volvió a modificarlo al trocar la corona mural por la abierta. Y Don Juan Carlos y Felipe VI se han servido de él tal cual. Porque el escudo que luce hoy día «no es el constitucional, sino una adaptación que se hizo en algún momento», según Antonio Sama, historiador, hasta septiembre de 2020 conservador de la Fundación Real Fábrica de Tapices.

Con 215 kilos y 130 metros cuadrados – los necesarios para cubrir todo el atrio de la Puerta de los Leones–, aparte de la cenefa con motivos vegetales, lo que siempre se ha mantenido es el escudo de las provincias españolas de 1833 en el faldón colgante, así como las filigranas doradas y el ribeteado con flecos de color ocre.

El enorme repostero se repasa dos veces al año para evitar los cambios que sufre en invierno y verano y se aspira minuciosamente para eliminar el polvo. Es un proceso que toma varios días de trabajo y que involucra a varios departamentos.

Su montaje resulta complicado, lejos de la sencillez del baldaquino de reducido tamaño que se empleaba originalmente. Requiere de un equipo mixto de personal de la Real Fábrica de Tapices, del propio Congreso y los Bomberos de Madrid, ya que se necesita una grúa para subir el tejido con cuidado y en paralelo para evitar su desgarro. Un equipo de 15 personas supervisa el montaje de las barras de sujeción, estirándolo sin llegar a tensarlo, pues, en caso de lluvia, dispone de unos orificios que se practicaron ex profeso y permiten evacuar el agua. Después se instalan las cuatro barras verticales que sirven de pie. Todo este proceso supone más de cinco horas de trabajo.

El baldaquino en la fachada del Congreso durante los preparativos de la Jura de la Constitución de la Princesa Leonor.
El baldaquino en la fachada del Congreso durante los preparativos de la Jura de la Constitución de la Princesa Leonor.David JarLa Razón

El arquitecto conservador del patrimonio del Congreso ha de estar en el momento del montaje para garantizar su correcta manipulación e instalación. El evento es de tal magnitud que el día que se lleva a cabo la Policía Municipal corta la acera de la carrera de San Jerónimo. Solo de esta forma es posible manipular el enorme tapiz.

A pesar de su espectacularidad, el baldaquino no es fácil de ver, aunque últimamente haya sido más sencillo. Y es que el momento de lucirlo es el de las jornadas especiales, como las aperturas solemnes de legislatura por parte del Rey (la última tuvo lugar el pasado miércoles), o la jura de la Princesa Leonor, que tuvo lugar el 31 de octubre, con ocasión de su mayoría de edad.

El repostero ha vestido el atrio del Palacio de Carrera de San Jerónimo en todas las aperturas de legislatura desde la II República. El Salón de Sesiones también se modifica para acoger actos de marcado carácter simbólico y protocolario. La zona de la Presidencia es sustituida por un estrado elevado al que se accede directamente desde la Galería del Orden del Día, por la escalera que se extrae exclusivamente para los actos presididos por el Rey. En este estrado, que se ha montado dos veces en los últimos 45 años –con motivo de la mayoría de edad del entonces Príncipe Felipe en 1986 y para su proclamación como Rey en 2014–, es donde se situaron los Reyes, la Princesa de Asturias y la Infanta el día 31.

Asimismo, los escaños son reemplazados por sillas de tamaño más pequeño, concretamente 585, para que el Hemiciclo, preparado para los 350 diputados, pueda acoger también a los senadores. Otras estancias, como el Salón de los Pasos Perdidos y los Escritorios también se modifican. Cuando todo acaba, el baldaquino vuelve a la Real Fábrica de Tapices a la espera de su siguiente cita con la Historia.