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Puigdemont confirmó a Rovira que no volverá de Bruselas

Lo que en el entorno de Puigdemont llaman «El pacto del sabotaje» conlleva un bloqueo total al acto del próximo 17 de enero en la Cámara autonómica

  • Carles Puigdemont. REUTERS/Francois Lenoir
    Carles Puigdemont. REUTERS/Francois Lenoir
Madrid.

Tiempo de lectura 5 min.

08 de enero de 2018. 14:17h

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Pilar Ferrer.  Madrid. 7/1/2018

El duro auto judicial contra la libertad de Oriol Junqueras complica todavía más el escenario catalán y acrecienta los despropósitos de Carles Puigdemont. Según fuentes de Junts x Cataluña y ERC, cuyos dirigentes han mantenido contactos estos días en Bruselas, el ex presidente prófugo sigue enrocado en su única candidatura y baraja tres escenarios: lograr el apoyo de las fuerza soberanistas para impedir la constitución del nuevo Parlament, crear un Govern en el exilio y forzar unas nuevas elecciones.

Lo que en el entorno de Puigdemont llaman «El pacto del sabotaje» conlleva un bloqueo total al acto del próximo 17 de enero en la Cámara autonómica, articular un gobierno desde la capital belga y forzar unas nuevas elecciones dado que su pretensión de lograr la inviolabilidad es imposible tras la decisión de los jueces del Tribunal Supremo. Su advertencia es muy clara: Si Puigdemont pone un pie en España será inmediatamente detenido y seguirá el mismo destino que el líder republicano.

La decisión del Supremo cayó como un jarro de agua fría en Esquerra Republicana y altera los planes del independentismo que confiaba en Junqueras como plan B ante la fallida investidura de Puigdemont. Actualmente existen ocho cargos electos en las listas de JxCat y ERC que se encuentran fugados o en prisión y que, en principio, no podrían acudir a la constitución del Parlament, ni a la formación de la Mesa, ni a una investidura. La posible delegación de Puigdemont en un «candidato de paja», entre los que suenan su jefa de campaña Elsa Artadi, o los excarcelados Josep Rull y Jordi Turull, es otra opción que barajan algunos sectores soberanistas, si bien la tesis predominante es que Puigdemont intentará sabotear la sesión del día 17. Su partido, el PDeCAT, es irrelevante en esta crisis, dado que solo tiene trece diputados de los treinta y cuatro de JxCat. «Convergencia no pinta nada y está en manos de Puigdemont», lamentan varios dirigentes actuales.

La posición de la CUP es importante, con unas bases ahora muy radicalizadas. Su cabeza de lista, Carles Riera, ya ha advertido que solo pactarán la república catalana, por lo que el pulso al Estado se redobla. Puigdemont sabe que su inviolabilidad y negociar con Madrid la restitución del gobierno de la Generalitat son totalmente imposibles, por lo que el sabotaje del Parlament es una salida a corto plazo que aboca después a nuevas elecciones. Para evitarlo sólo queda la opción de otro candidato, forzar una cesión de escaños y conseguir los votos de la CUP y los Comunes, algo que en estos momentos parece muy difícil. «Ni ellos mismos saben lo que quieren», opinan en los partidos constitucionalistas Cs, PSC y PP ante la enorme división y enfrentamiento que subyace en el bloque independentista.

Para colmo, la sentencia del caso Palau, el mayor expolio y entramado de corrupción que afecta a la antigua Convergencia, se hará pública el día 15, horas antes de la constitución del Parlament. Según fuentes judiciales, la decisión de la Audiencia de Barcelona se prevé muy dura para la dirección de Artur Mas, en concreto contra quien fue su tesorero Daniel Osácar, lo que pone contra las cuerdas al PDECaT y dificulta que Esquerra Republicana y los partidos soberanistas otorguen su voto al candidato de un partido salpicado por asuntos turbios.

En el entorno de Puigdemont apuntan que este no formaba parte en aquella época de la cúpula dirigente de CDC, pero admiten que el asunto complica la investidura. Los soberanistas pretenden que la Fiscalía retire los delitos de sedición y rebelión, que conllevan penas de cárcel, pero el varapalo del Supremo contra el documento de apelación del abogado de Oriol Junqueras cierra la puerta a cualquier pacto en este sentido.

Según ha sabido este periódico, la posición que Puigdemont trasladó a la número dos de ERC, Marta Rovira, y a dirigentes de la CUP que le fueron a ver a Bruselas es, por el momento, firme: no regresará a Cataluña para evitar su detención y tampoco ve claro un candidato alternativo. La reforma exprés del reglamento del Parlament para facilitar su investidura sería de inmediato anulada por el Tribunal Constitucional, por lo que el boicot a la Institución parlamentaria, mantenerse como presidente en el exilio y forzar nuevas elecciones son las únicas salidas. Aunque nadie sabe que maquina en su cabeza y cómo puede reaccionar un hombre tan complejo y radical. «En Puigdemont cualquier delirio es posible», señalan dirigentes de ambos bloques políticos catalanes.

Tras el varapalo judicial, Oriol Junqueras sigue en la cárcel de Estremera con el mismo mensaje místico hacia los suyos. Perseverancia, coraje y rabia por amor, son lanzados en su misiva. Según fuentes penitenciarias es un interno afable que lee y medita mucho. Entre sus libros figuran varios del autor japonés Haruki Murakami, conocidos por sus reflexiones surrealistas bajo el lema «Esto ha sucedido pero no puede estar pasando». Obras suyas como «Escucha la canción del viento» o «El fin del mundo y un despiadado país de maravillas», estarían entre los escogidos por Junqueras.

Católico practicante, es un estudioso vaticanista, erudito en textos bíblicos y fervoroso de sus escrituras. Curiosa mezcla de un hombre aferrado a una Cataluña idílica, alejada de la realidad, que no ha logrado convencer ni un ápice a los magistrados del Tribunal Supremo que decreataron su permanencia en prisión.

Poco cuidadoso con su imagen, siempre algo obeso, ha adelgazado bastante durante su estancia en Estremera y practica baloncesto en las canchas de la prisión. Quién fuera el más claro aspirante a presidir La Generalitat es hoy un preso abatido ante una ERC en horas bajas. El calendario corre sin remedio y el próximo día once declararán en el Supremo los encarcelados Joaquín Forn, Jordi Cuixart y Jordi Sánchez. Este último, líder de la ANC, ya ha advertido que no habrá otro candidato que Carles Puigdemont. Por tanto, el pulso al Estado sigue vigente y la fiesta de despropósitos no ha terminado.

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