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¿Dónde está la ofensa en decir que no es lo mismo para un bebé un padre que una madre?

Opinión

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Tiempo de lectura 8 min.

26 de marzo de 2018. 07:29h

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Gema Lendoiro Madrid. 26/3/2018

Probablemente nunca antes en la historia habíamos padecido una sensibilidad tan extrema a realidades que resultan tan obvias. El sentirse ofendido está a la orden del día y la falta de profundización en las ideas, algo muy propio de la época del aquí y el ahora y del consumo rápido, hacen el resto.

La biología es una de las ciencias más políticamente incorrectas que existen y hace caso omiso a cualquier tipo de ideología, sea ésta la que sea. Su única misión es garantizar la supervivencia de la especie de la mejor manera posible y si para ello tiene que resultar “antipática” a la sociedad actual, lo hace. A nadie le extraña entender que, por ejemplo, la naturaleza solo le concede el don de la reproducción en una manada de lobos, al macho y a la hembra alfa. Al resto, los destina para lograr el alimento y el cuidado de los cachorros. Una manera muy práctica de aunar esfuerzos y lograr dicho objetivo: no extinguirse. No se tiene constancia hasta la fecha de que a ningún lobo o loba les moleste este hecho. Es un mandato biológico y o es eso o la nada. Los animales se distinguen de los humanos en muchas cosas y una de ellas es que, quizás porque no razonan, no cuestionan en absoluto su biología. Algo que quizás los humanos deberíamos reflexionar: Si está diseñado así, veamos por qué. Para entenderlo. No se trata de asumir todo porque sí, se trata de hacerse preguntas sobre por qué es así para entender las respuestas. O, al menos, intentarlo.

Ibone Olza es psiquiatra infantil y una de las máximas activistas que hay hoy día en el panorama español defendiendo los derechos de las madres en el embarazo, parto y post parto y de los niños. Su

especialidad es la salud mental perinatal, es decir, toda aquella que tiene que ver con el nacimiento de un bebé, desde que es concebido hasta que pasan los primeros años de la infancia. Todas las investigaciones que la experta publica y de las que habla en charlas y conferencias (y que puedes ver en la web del Instituto Europeo de Salud Mental Perinatal y en su propio blog) son siempre sobre este tema tan apasionante como desconocido.

La última entrada de su blog reza con el siguiente titular: Ser madre no es lo mismo que ser padre: la biología es políticamente incorrecta.

Con una sencillez que asombra por su capacidad de síntesis, la psiquiatra infantil explica desde la neurobiología (su campo) cuáles son las razones por las que un bebé prefiere el cuerpo de su madre al de su padre. El de su madre al de cualquiera. Esto es muy interesante porque plantea conflictos en varios sectores.

-En algunos sectores que no aceptan esa diferencia biológica aludiendo que si queremos ser iguales debemos serlo para todo.

-Los defensores del vientre del alquiler.

Para el primer grupo las diferencias biológicas no son tan importantes a la hora de equiparar los derechos de hombres y mujeres y, quizás en un intento de tratar de igualar a ambos sexos en políticas sociales y de conciliación laboral, piden igualdad real por ejemplo en cuestiones de baja por ma/paternidad, ignorando de manera deliberada las necesidades biológicas de la diada madre-bebé. Es por eso que se piden equiparar las bajas de los hombres con las de las mujeres tras el parto como si ese embarazo y parto no significase absolutamente nada en la vida de la mujer. Se hace caso omiso a la necesidad de la lactancia materna en exclusiva hasta los seis meses, por ejemplo. O la importancia de la exterogestación que tenemos los humanos.

Es verdad que muchas madres no llegan a los seis meses de lactancia o que, directamente dan biberón desde el minuto cero. Aún en este caso, el bebé sigue necesitando y prefiriendo el cuerpo de la madre.

La importancia del padre es vital en la vida de los hijos (quizás por esa razón la naturaleza los requirió a ambos para procrear) pero dicha importancia llega más tarde. Esta realidad que se contempla sin mucho esfuerzo siendo un poco observador no debería ofender a nadie. Sin embargo, lo hace. Es la época más absurda de cuantas hemos vivido hasta la fecha en cuestiones de ofensas por todo. Cualquier ser humano reconoce de manera instintiva la imagen de un recién nacido en brazos de su madre, no de su padre. Preferiblemente tomando la teta. Y no creo que eso pueda ser ofensivo para nadie.

Si bien es cierto que los padres de hoy en día se ocupan de las tareas de la crianza de una manera mucho más activa que hace dos décadas, no es menos cierto que esa entrega (tan necesaria) puede ejercerse durante toda la vida y, en los primeros momentos de la vida del bebé, hacerse cargo de otros asuntos también domésticos como ocuparse de los otros hermanos si los hay o seguir trabajando para que la madre pueda parar durante estos meses de crianza (si es que las circunstancias así lo requieren). Ocuparse de estas cosas es un acto de amor hacia esa mujer y hacia esa nueva vida que se ha generado. Y así es cómo han funcionado siempre las culturas.

En el segundo grupo, los vientres de alquiler, ignoran absolutamente todas y cada una de las necesidades de la madre que gesta y pare y del bebé haciendo caso de manera deliberada a aspectos tan serios de la neurobiología como las consecuencias de la separación del recién nacido del cuerpo de su madre.

Tal y como explica la psiquiatra infantil: “hay que empezar a reconocer las necesidades de los bebés, esos grandes olvidados. Y no,para un recién nacido o para un bebé de cinco meses no es lo mismo su madre que su padre.Les necesitará a ambos toda su vida, pero de formas y maneras muy diferentes, a distintos ritmos. Pero esto se quiere negar, ocultar, silenciar. Decir que el bebé necesita a su madre y quiere estar con ella es como digo lo más políticamente incorrecto que se puede decir ahora. Rompedor. Amenazante para este sistema que ha montado tremendo negocio precisamente a base de separar a los bebés de sus madres. Y sin embargo es así, los seres humanos, al principio de la vida necesitamos a la madre mucho más que al padre. Luego las cosas cambian: el rol paterno también tiene una neurobiología propia, y probablemente los padres sean necesarios e importantes para salir al mundo, tal vez sean imprescindibles, para explorar, para aprender, para que los pequeños empiecen a despegarse de la madre cuando empiezan a caminar y a hablar y salen ávidos de curiosidad al mundo cercano”.

Esta entrada la ha escrito la doctora Olza para expresar su opinión sobre la propuesta hecha por la plataforma PPiiNNA (plataforma que aboga por permisos iguales e intransferibles de nacimiento y adopción) Yo, como la psiquiatra, también les agradezco el gesto y la intención. Porque creo que, al menos se están preocupando por mejorar las cosas, pero si nos atenemos a lo que realmente necesitamos biológicamente hablando (y que no es una cuestión baladí), ése no es el camino ni mucho menos.

Desde la PPiiNA tachan de desequilibrio el que el permiso de maternidad actualmente dure 16 semanas y el de paternidad. Pero no,tal y como suscribe la experta en psiquiatría perinatal: “no es un desequilibrio, es una diferencia. Las madres gestamos, parimos y podemos amamantar, los hombres no. Nuestro cuerpo se transforma con cada embarazo y así sigue durante meses o años.Los bebés necesitan contacto, cuerpo a cuerpo con la madre, mucha teta.A ser posible seis meses de lactancia exclusiva, y algunos años más combinada con otros alimentos.Las madres necesitamos, soñamos con, una sociedad que nos reconozca, que honre nuestra impagable función social. Es urgente. El principio materno universal es el de evitar el sufrimiento, no sólo el de nuestras criaturas, el de todos”.

Creo que este asunto debe tener de manera urgente un debate más elevado y en instancias más elevadas. Especialmente por dos motivos: en primer lugar porque los niños necesitan padecer menos ansiedad, violencia, ausencia de “maternaje” y, en segundo lugar porque la maternidad es un asunto de Estado. Y si no, que miren la pirámide de población y el gravísimo problema que tenemos encima con las pensiones.

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