Para el Comité de la Verdad se podría rescatar al Pequeño Nicolás

"El pequeño Nicolás"Mediaset

Quizá deje de ir al cine. Me agota tener que decir cada tarde a los espectadores cercanos y lejanos que, por favor, se pongan la mascarilla. No quiero pillar complejo de guardia de la porra o segurata, que ya no tengo edad para eso. Es fácil deducir del caos electoral norteamericano que hay cosas elementales que se les escapa, le grito al televisor. Por ejemplo, deberían haber enviado observadores norteamericanos a vigilar las elecciones norteamericanas. Los mandan al Congo o a Burundi, pero no a Alabama. Y más: como siga presentándose a la presidencia gente de mi edad, un día se les morirá el candidato antes de que terminen de contar los votos. En fin, que aquí vigilamos mucho y muy bien. Ahora al «presi» se le ha ocurrido lo del Comité de la Verdad, que, entre miles de muertos y contagiados, es lo que más se echaba de menos en estos momentos, algo así como la vacuna Pfizer contra la pandemia de las admoniciones al Gobierno, al moño de Iglesias y a la ley Celaá, que de un momento a otro propondrá celebrar los consejos de ministros en catalán, vascuence y gallego, en rigurosa rotación. Contra esos chicos malos de la Prensa que aún sueñan con una cerilla y un bidón de gasolina. Contra los que se niegan a ver en Él el camino, la verdad y la vida. Contra los que piensan como Clint Eastwood que la verdad es como el culo: todos tenemos uno. No, aquí sólo hay una verdad revelada y un culo, el del caganer que se sienta en el trono de la Moncloa. Y si hace falta el confinamiento perimetral de los cerebros ariscos que lo niegan, hágase.

Una cosita: si sabiamente se ha dispuesto que al frente del Comité estén mentes tan afines a la Verdad como las de Iván Redondo y Miguel Ángel Oliver, ahí se echa de menos a Tezanos, el del CIS. También se podría rescatar al Pequeño Nicolás. Yo le tengo mucha fe a Cristina López Schlichting: ella ha empleado en este periódico el verbo «pastorear» para definir la labor del comité. Sí, querida, ahí está el Buen Pastor en pos del silencio de los corderos. Todo sea por la inmunidad del rebaño de la Moncloa, bendito sea.