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La corona de Carlos III pasa por “chapa y pintura” para ajustarla al tamaño de su cabeza

Se trata de la Corona de San Eduardo, la misma con la que la Reina Isabel II fue coronada en 1953

El Rey Carlos III
El Rey Carlos III FOTO: DPA vía Europa Press DPA vía Europa Press

La Casa Real británica ha comunicado que la Corona de San Eduardo ya ha salido de la Torre de Londres, donde se custodian otras joyas de la Monarquía inglesa, para ser trasladada a un taller en el que será sometida a varios ajustes. El objetivo es que encaje a la perfección en la cabeza de Carlos III el día de su coronación, que tendrá lugar el 6 de mayo de 2023. Por cuestiones de seguridad, se trata de una operación de alto secreto y que se llevará a cabo en un lugar desconocido, puesto que la Corona de San Eduardo es considerada “el centro histórico de las joyas” de la Familia Real. Su origen data del año 1661, cuando el Rey Carlos II ordenó su creación tras fundir la original, que se remontaba al siglo XI, y desde entonces ha pasado por la cabeza los monarcas británicos en el momento de su coronación.

Durante la próxima ceremonia, Carlos III también usará la Corona imperial del Estado, algo más ligera que la de San Eduardo, que pesa unos dos kilos. Esta es la joya que los reyes suelen lucir en las citas más importantes, como la apertura del Parlamento, mientras que la más ostentosa, por razones de comodidad, se reserva solo al momento de la coronación. De hecho, Isabel II no volvió a utilizarla a lo largo de todo su reinado.

Corona de San Eduardo de Inglaterra
Corona de San Eduardo de Inglaterra FOTO: Corona San Eduardo de Inglaterra Corona San Eduardo de Inglaterra

La pieza está fabricada de oro macizo de 22 quilates y cuenta con más de cuatrocientas piedras preciosas y semipreciosas, entre las que se encuentran más de trescientas aguamarinas de talla rosa, treinta y siete topacios blancos, veintisiete turmalinas, doce rubíes, siete amatistas, seis zafiros, un granate y una espinela, joyas que elevan el valor de la Corona de San Eduardo a cuatro millones y medio de dólares, según calculó el portal especializado en finanzas “SavingSpot”.

Consciente de que son tiempos difíciles para la Corona, en los que las monarquías se cuestionan como formas de Estado, el Rey Carlos III ha apostado por la austeridad para el día de su coronación, y la ceremonia muy poco tendrá que ver con la de su madre. Aunque también se desarrollará en la Abadía de Westminster, un templo muy ligado a las ceremonias de los Windsor, la duración se reducirá a poco menos de una hora, en lugar de las tres que se extendió la de la Reina Isabel II. También se limitará notablemente el número de invitados, y mientras que cerca de 8000 personas fueron testigos presenciales de la coronación de la difunta monarca, en esta ocasión “solo” serán 2000 los privilegiados que podrán observar el histórico momento desde el célebre monasterio.