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Esperanza Gracia: así es la pitonisa que salva (en lo cósmico) a Irene Montero

La astróloga habla con LA RAZÓN sobre su reciente conexión con la ministra de Igualdad

Esperanza Gracia
Esperanza Gracia Instagram

Algo inquieta, atormenta o perturba a Irene Montero que le ha llevado a clamar la amistad tuitera de nuestra astróloga más televisiva, Esperanza Gracia. Entre seriedad y frivolidad, en el intercambio de saludos la ministra ha enseñado ese puntito de alquimia con el que rellenar el inquietante espacio que hay entre lo que es y lo que está por ser.

¿O todo era una broma? «Evidentemente –responde casi de mala gana Esperanza Gracia cuando le pregunta LA RAZÓN–. ¿O ya no se entiende el sentido del humor?» No todos los ciudadanos entienden tan buena sintonía y ver a la ministra entregada a la superstición y distraída en estos menesteres les hace pensar que es la gota que colma el vaso de la banalización. Aunque así fuese, la astróloga nos recuerda que «el poder y la astrología siempre se han llevado bien. En todas las épocas los gobernantes han recurrido a ella. Winston Churchill y Ronald Reagan creían que el destino podía estar escrito en las estrellas y no tomaban una decisión sin consultar con su astrólogo de cabecera», espeta a este medio y nos aconseja que revisemos las biografías de otras pitonisas cercanas al poder. También menciona a Diana de Gales, que confió a tres pitonisas su salud mental. Solo unos días antes de morir se había reunido con la tarotista Debbie Frank para leerle su carta astral. Desde los emperadores romanos, líderes de izquierdas y derechas siguen el rumbo que marcan los astros, pues el oficio permite servir a dos señores sin aborrecer a uno y amar al otro. Jordi Pujol tuvo a su bruja Adelina, que usaba huevo de gallina para absorber la mala energía. «Era más agarrado que un chotis», contó en televisión.

Hablar de astrología y maravillarnos con lo que los astros puedan revelar tiene mucho sex appeal. Alberto Garzón, Esperanza Aguirre y Fernando López Miras, a quien Esperanza Gracia bendijo recientemente con tres emojis de trébol de cuatro hojas, son otros de sus seguidores. «Llevo más de treinta años en televisión y otros medios. ¿Tan extraño es que los políticos me sigan?», replica. Es la última bruja mediática. Sus predicciones despiertan tanto interés como las primeras columnas de horóscopos que aparecieron en el diario británico «Sunday Express», en 1930, justo después de la caída de la bolsa de Nueva York.

Un tuit pro PP

Los momentos de inestabilidad propician la curiosidad, pero además ella se ha ganado el cariño y el respeto al mantenerse fuera de un universo que propicia el alboroto, lo estrafalario o la majadería. Como adivinos populares, hemos tenido al jerezano Sandro Rey, más famoso por ingenioso que por sensitivo, o a Aramis Fuster, la bruja más follonera y divertida que ha dado la televisión. Durante años, fue Octavio Aceves, fallecido en 2021, quien se ganó la confianza de famosos que reclamaron sus supuestas dotes sobrenaturales. También está Rappel que, sin dejar las artes adivinatorias, ejerce más como concursante. En sus años de oficio como vidente, tuvo como clientes a La Pasionaria y a Franco.

Esperanza Gracia tiene una liturgia diferente y resulta hipnótica por su modo de anticipar las palabras con las manos, casi dibujándolas en el aire y poniendo musicalidad con su tono de voz meloso y pausado. En Telecinco calma la madrugada y acuna al espectador insomne anunciándole un nuevo amor o un tiempo nuevo más armónico y amable. Incluso si vaticina una despedida, hace que suene a caricia. ¿Cómo no participar de su aquelarre? Tiene su propio canal de YouTube y arrasa en redes sociales, con casi 400.000 seguidores en Twitter y 71.000 en Instagram. Ha conseguido encajar en ese arquetipo de bruja que se dota a sí misma de autoridad bajo un aura mística y sugerente que despierta tanta curiosidad como desasosiego por lo que pueda decir. En su vida privada, le gusta preservar su halo de enigma, pero tres décadas en la pantalla y su intensa actividad en las redes sociales dan para conocer muchos detalles. Madrileña de Chamberí, está casada desde los 21 años. Su hijo Carlos, bloguero de viajes, vive en Tokio y le ha hecho abuela de dos nietos, Akira e Itsuki, de los que presume en Instagram. No se separa de su perra Frida, a la que adoptó hace unos meses. Aunque no confiesa su edad, las cuentas dicen que andará por los 73. Tiene una devoción confesa por Piscis, el signo de Pedro Sánchez, y aunque no entra en política, en uno de sus tuits dejó ver el hashtag #MásPPMásEspaña. Enseguida lo borró y quiso deshacer el entuerto escudándose en su mala vista.