Escándalo
El fin del infiel más famoso del mundo: despedido
La pantalla gigante del concierto de Chris Martin se vuelve más embarazosa si pensamos que cualquiera podría verse proyectado en ella. El 85% de las infidelidades se cometen en el entorno laboral. El protagonista de esta historia ha sido despedido. ¿Esto es legal?
Si en lugar de Coldplay, hubiese sido Gabinete Caligari, la culpa sería del cha cha chá. Pero no. Fue de la «Kiss Cam», que, además de indiscreta escaneando al público en busca de tórtolos en acción, todo lo magnifica. Es lo que les ocurrió a Andy Byron y Kristin Cabot, protagonistas de una imagen viral que ha puesto el vello de punta a media humanidad. Su infidelidad proyectada en la pantalla gigante del estadio Guillette de Foxborough, Massachusetts, el 16 de julio, podría haber sido la de cualquiera.
La tentación laboral
Con la boca chica, alrededor del 30 por ciento de la población admite que ha sido infiel alguna vez. La horquilla es mucho más amplia en el entorno laboral, donde la tentación encuentra su mejor hábitat. El 85 por ciento de los deslices se originan en él. Andy y Kristin eran dos «coworkers» más entre 50.000 personas. ¿Cómo iban a pensar que su aventura extramatrimonial quedaría inmortalizada?
El cóctel era perfecto: una pasión prohibida, la voz melosa de Chris Martin, el calor, las prendas ligeras, la serotonina desbocada, la testosterona por las nubes. Cada elemento era una invitación al pecado. Entregados a una pasión casi adolescente, no midieron consecuencias ni calcularon riesgos. Al percatarse, abrieron sus ojos horrorizados. Ella se giró y escondió el rostro. Él agachó la cabeza con gesto de ¡Tierra, trágame!
O tienen una aventura o son muy tímidos
Ante esta reacción, Chris Martin, cantante de Coldplay, desde el escenario bromeó: «O tienen una aventura o son muy tímidos». No podía sospechar que el momento estaba a punto de dar la vuelta al mundo. No, no era timidez, sino una historia flagrante de infidelidad. «¡Madre mía! Espero que no hayamos hecho nada malo», soltó al público casi abochornado.
Era tarde. Enseguida los protagonistas tuvieron nombre, apellido y estado civil. Byron, casado, hasta ese día formaba parte de la junta directiva y había dirigido Astronomer, una empresa de desarrollo de software con sede en Cincinnati, desde 2023. Cabot se incorporó en noviembre de 2024 como directora de personal.
Unas horas más tarde, el ejecutivo se disculpó con su familia y colegas. Pero la empresa no atiende a razones. En una publicación en Linkedin, la startup de software informó el sábado: «Andy Byron presentó su renuncia y la Junta Directiva la aceptó». En el texto añadió: «Como se mencionó anteriormente, Astronomer está comprometido con los valores y la cultura que nos han guiado desde nuestra fundación. Se espera que nuestros líderes marquen la pauta tanto en conducta como en responsabilidad y esa pauta no se ha cumplido».
En su mensaje, Astronomer lamenta que el vídeo haya puesto a la empresa en el foco mediático de todo el mundo cuando, hasta hace solo unos días, eran conocidos como pioneros en el espacio DataOps, ayudando a los equipos a impulsar desde el análisis moderno hasta la IA de producción.
El comunicado añade que, si bien la percepción de la empresa ha cambiado de la noche a la mañana, el producto y el trabajo, no. «Seguimos haciendo lo que mejor sabemos hacer: ayudar a nuestros clientes con sus problemas más complejos de datos e IA».
Una línea muy difusa
¿Puede un empleado ser despedido por mantener una relación infiel en el entorno laboral? La legislación española no prohíbe las relaciones íntimas, salvo que causen un perjuicio grave a la empresa o supongan un incumplimiento de las obligaciones contractuales. La línea es difusa. Una relación sexual o sentimental pertenece a la esfera privada de los trabajadores hasta que afecta negativamente: conflictos, convivencia, productividad, distracción. En este caso, el motivo de despido sería el impacto, no la relación en sí. La situación se complica si se puede interpretar como un abuso de poder o un intercambio de favores. Hay empresas que prohíben ciertas relaciones de forma explícita en su política interna o que cuidan con cautela sus valores corporativos. Si la relación no trasciende a lo laboral, no hay razón para el despido.
En el caso de la pareja de Coldplay, el impacto es mayúsculo. La escena ha circulado de manera masiva por todas las plataformas. Son millones de visualizaciones y en cada una ha quedado expuesto el nombre de la empresa. El daño reputacional es evidente puesto que, como indican en su comunicado, el nombre de la firma queda vinculado a un comportamiento inadecuado generando una crisis interna que deberán que deberán salvar en los próximos días.