Pilar Rubio: una novia rockera

La presentadora contrajo ayer matrimonio con Sergio Ramos en la Catedral de Sevilla con un estilismo que llamó la atención por su exagerado escote y exceso de brillantes

  • Sergio Ramos y Pilar Rubio sellan su amor con un beso
    Sergio Ramos y Pilar Rubio sellan su amor con un beso

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19 de junio de 2019. 13:17h

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Lucas Haurie 16/6/2019

Cualquiera no se casa en la Capilla Real de la Catedral de Sevilla. Más precisamente: cualquiera no se casaba en la Capilla Real de la Catedral de Sevilla. Allí casó, por ejemplo, la Infanta Elena con Jaime de Marichalar; y Eugenia, la hija menor de Cayetana de Alba, con el hoy anunciado como Paquirri, heredero de dos estirpes toreras de primer orden, los Rivera y los Ordóñez. Grandeza de España a gogó, o sea, de la heráldica y de la popular. No puede decirse que sean ejemplos de felicidad conyugal, por traer una expresión de León Tolstoi, pero esas bodas sin banquete vitalicio de perdices sí ponían el listón exactamente donde lo exige la Virgen de los Reyes, así llamada por ser un obsequio de San Luis de Francia a su primo hermano, San Fernando de León y Castilla, reconquistador frente al mahometano de la Muy Noble, Muy Leal y, sobre todo, Muy Mariana ciudad de Sevilla. Esta talla anónima en madera policromada del siglo XIII, un espléndido ejemplo de gótico tardío, preside el altar ante el que ayer quedaron uncidos mediante el sacramento del matrimonio la presentadora Pilar Rubio y el futbolista Sergio Ramos.

Unos reyes, en cierto modo, se casaron ayer en Santa María de la Sede, que así se llama la seo hispalense. Monarcas absolutos en las redes sociales, por ejemplo, donde los contrayentes suman millones de seguidores: he aquí los atributos de poder de estos nuevos tiempos, en los que hasta la liturgia se fuerza por necesidades del guión y uno de los templos principales de la Cristiandad se convierte en pista de circo para el lucimiento de un señor bautizado ad hoc hace escasas semanas y una madre de tres hijos que compareció, por supuesto, de blanco virginal. La fuerza contemporánea del óbolo, éste sí en verdad omnipotente, frente a la vigencia del pasaje evangélico del rico, el camello y el ojo de la aguja.

Las calles aledañas, todo el perímetro circundante de la Catedral, amanecieron engalanadas con banderolas y colgaduras que, para decepción de idólatras autóctonos y visitantes ávidos de folklor meridional, no lucían en honor a la pareja, sino para enmarcar la solemne procesión del Corpus Christi que se celebrará el jueves: honores para el Santísimo en la argéntea custodia de Arfe, un monumento en plata maciza de casi media tonelada, no para los cuerpos serranos de Rubio y Ramos, venerados en adoración perpetua por millones de fans. Alguna resistencia ofrece aún, pese a los pesares, lo trascendente a lo terrenal; lo divino a lo humano.

El paseíllo de invitados hasta la catedralicia Puerta del Príncipe, tal vez un homenaje a la afición taurina del novio, se prolongó durante noventa minutos: lo que dura un partido de él o un programa de «El hormiguero» de ella, anuncios incluidos. Más de cuatrocientas personas, dueños la mayoría de rostros conocidos y disciplinadamente ataviados con el estricto ‘dress code’ del casorio (menos Nati Abascal, que se plantó allí con un par y con un vestido fucsia, uno de los colores proscritos), bordearon el Archivo de Indias desde el Alcázar y posaron para la foto junto a la réplica del Giraldillo, la monumental veleta que da nombre a la torre más famosa de España.

A las seis y media en punto, entró la novia en la iglesia. Monseñor Asenjo Pelegrina, el adusto arzobispo de Sevilla, se quitó del cartel con elegancia, aunque no hace falta ser muy espabilado para imaginarse cuánta gracia le hace a este alcarreño de Sigüenza que una empresa llamada «La puta suegra», la organizadora del evento, dispense acreditaciones para acceder a su sede episcopal. Ofició, así, un cura raso llamado Francisco Ortiz, titular de la parroquia de Los Remedios, el barrio donde cada mes de abril se instala la Feria, cuya atracción de la noria replicaron los contrayentes en el convite.

Los rumores sobre quiénes amenizarían la fiesta en la finca «La alegría» eran numerosos: que Los Morancos de maestros de ceremonia con AC/DC como hit musical; que si era el baterista Phil Rudd, autorizado para hacer bolos, al frente de una banda fake; que si Niña Pastori, que sí cantó el Ave María en la Catedral... A la gente es que le encanta hablar.

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