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El paro no da respiro

Tiempo de lectura 4 min.

04 de abril de 2011. 21:29h

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5/4/2011

Tras un fin de semana en el que Rodríguez Zapatero anunció oficialmente que no será el candidato socialista a las elecciones generales –con lo que, aún sin admitirlo, empieza, aunque sea soterradamente, una carrera para su sucesión– llegan una vez más las decepcionantes y calamitosas cifras del paro, que siguen batiendo récords. En marzo, 34.036 personas más engrosaron la lista de desempleo, en la que ya hay 4.333.669 hombres y mujeres, un aumento porcentual de 0,8% respecto a  febrero. El volumen total de parados en el tercer mes del año es el nivel más alto en toda la serie histórica comparable, que arranca en 1996 y, por lo tanto, el más elevado desde el inicio de la crisis. Ni siquiera que la Seguridad Social, después de siete meses consecutivos en retroceso, haya ganado una media de 45.660 afiliados en marzo, un 0,26% más respecto al mes anterior, consigue enjugar el sombrío panorama laboral que invita a los análisis más pesimistas. Trabajo intenta consolarse con el pobre argumento de que casi un tercio del incremento de personas en situación de desempleo corresponde al colectivo sin trabajo anterior. Es una intentona vana porque el análisis pormenorizado es la constatación de las deficiencias de una reforma laboral manifiestamente mejorable. Varios ejemplos: una de las medidas estrella de la citada reforma, el Contrato de Fomento de la Contratación Indefinida no termina de despegar, ya que sólo ha supuesto el 6,4% de todos los contratos firmados en marzo y la contratación a tiempo parcial subió un 7% desde la puesta en marcha del plan de choque, de nuevo otra cifra muy poco significativa.

Estos números echan por tierra las previsiones del ministro de Trabajo e Inmigración, Valeriano Gómez, quien anticipaba que en el mes de marzo «se ha creado empleo», al ser un mes de transición en el que el desempleo evoluciona de forma variable en función de la fecha en la que caiga la Semana Santa. Sin embargo, el desempleo en nuestro país es  lo bastante contundente para no tener que fiar las bonanzas de las cifras a un buen o mal calendario. Parece claro que la reforma laboral no es suficiente  para frenar el paro, que afecta con especial virulencia a los jóvenes menores de 25 años, y que se incrementó en 12.830 personas.  No parece que el Gobierno esté dando con la fórmula más adecuada para revitalizar el mercado de trabajo con una buena reforma laboral.

Sin embargo, todos los esfuerzos serán baldíos si no insiste en el pilar de toda recuperación económica y en la creación de puestos de trabajo: el Ejecutivo tiene que dar más confianza al tejido empresarial. Para ello tiene que impulsar las medidas destinadas a aumentar la inversión y el crédito a las empresas, además de brindar un apoyo decidido al emprendedor que está en la primera línea de la creación o la destrucción del empleo, no sin promover también reformas en materia energética, tributarias y de la Administración pública. Porque da la sensación –la cual se puede acrecentar con el nuevo escenario político– de que el paro va a una velocidad y las medidas del Gobierno a su rebufo sin que pueda ni quisiera alcanzarlos.

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