Sevilla F.C.

Gaudeamos parias de la tierra por Lucas Haurie

La Razón
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Con su pernoctación en el rectorado de la Universidad de Sevilla, la chirigota de Sánchez Gordillo cumplió sin saberlo el viejo anhelo de los primeros «soviets», que plagaron las aulas de campesinos y obreros iletrados con el objetivo de que sustituyesen a los repudiables burgueses en las tareas más intelectuales. El experimento duró poco porque el Estado gastaba tanto en intentar desbravar a los rudos «mujiks» como en pagarle a los extranjeros que, por supuesto con sueldo y privilegios capitalistas, dirigían las fábricas y empresas. No saldrá tampoco esta vez ningún licenciado de esa caterva de sindicalistas liberados panzudos, o tal vez sí, porque la conquista por parte de la progrez más infecta de nuestra universidad supone la expedición de títulos por doquier y cualquier bípedo implume se doctora hoy sin dominar siquiera las cuatro reglas. Ya se sabe que los suspensos, aún con 27 tacos, generan traumas. Entre las españolas, ninguna figura entre las quinientas (¡¡500!!) más prestigiadas del mundo. Figúrense qué catacumbas morarán las andaluzas y cuántos decenios tardarán en salir de ellas si pierden el tiempo en ceder sus instalaciones al SAT, último reducto del estalinismo en Occidente. Debe tranquilizar al rector la naturaleza ágrafa de sus huéspedes: de un supermercado se llevan la comida sin pagar pero si alguno plantase su tienda de campaña en la biblioteca, a lo sumo podría hacerse una hoguera con los libros. Y no está el veranillo de San Miguel para fogatas.