La victoria de Biden en Carolina del Sur reactiva la pelea demócrata en el Supermartes

El exvicepresidente salva su campaña al arrasar frente a Bernie Sanders, que aún lidera la carrera

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Ganó Joe Biden. Ganó a lo grande. Con 30 puntos de ventaja respecto a su más inmediato rival, Bernie Sanders. Su victoria sabe a gloria y llega en el momento justo: el martes es el Supermartes. Votan 15 estados y un territorio para elegir un tercio del total de delegados llamados a elegir al candidato demócrata para la Casa Blanca. Para Biden, la mejor noticia en el momento exacto. Porque las encuestas a nivel nacional comenzaban a dejarle fuera, sus actuaciones delante de las cámaras no habían mejorado y el flujo de dinero, la recaudación de donaciones, crucial para mantener cableada una campaña solvente, comenzaba a evaporarse. Un análisis pormenorizado de los votos arroja la evidencia de que los mayores de 65 años, los moderados y, sobre todo, los afroamericanos, están con Biden. Más crucial incluso: una encuesta de la cadena “CNN” revela que lo habían votado 2 de cada 5 personas que se tienen por muy de izquierda. Un dato importante, pues en teoría Biden era tan incapaz de conectar con este segmento como Sanders de lograr el apoyo de sus conciudadanos negros o latinos.

Cuando Biden anunció que se presentaría a estas primarias, resultaba inevitable recordar sus dos intentos previos. El primero, en 1987, quedó en nada sin ni siquiera competir. En 2008 estuvo muy claro desde el principio que no tenía posibilidades frente a Obama, que finalmente lo había repescado para las elecciones. En 2019 Biden comenzó la precampaña con las mejores perspectivas. Ni siquiera era menester asomarse a las encuestas, casi todas favorables. Bastaba con el olfato y las opiniones de los expertos, convencidos de forma unánime que estaba llamado a rivalizar con Donald Trump en 2020. A fin de cuentas lo tenía todo. Una experiencia de décadas en Washington. Un currículum de hombre sensato y moderado. Una historia personal trágica, con el accidente de tráfico que mató a su joven esposa y a sus dos hijos pequeños, como escrita por un guionista de Hollywood al que hubieran encargado escribir un historión dramático redimido por el Oscar. Hasta que el desastre de Iowa y la paliza en New Hampshire estuvieron cerca de noquearlo. Hubo un conato de recuperación en Nevada, donde quedó segundo. Pero la carrera comenzaba a antojarse imposible.

Sanders, príncipe de la revolución aplazada, el senador que nunca pidió el carnet del partido demócrata, el independiente que viene para ponerlo todo patas arriba, lucía intocable. Lo empujaba hacia la nominación una vigorosa suma de jóvenes y latinos. Todos dispuestos a demostrar de una vez por todas que la vieja profecía de un partido mucho más diverso e izquierdista es ya una realidad. Además, Elizabeth Warren no logra capitalizar en las urnas sus buen desempeño en los debates. Con el que el estanque más progresista quedaba para su uso y disfrute: de creer a los sondeos, Sanders incluso ganará en Massachusetts, el estado de Warren. Mientras tanto, en el lado moderado o centrista, el juego estaba demasiado repartido. Atomizado entre al menos cuatro candidatos, el propio Biden y también el ex alcalde de South Bend, Pete Buttigieg, la senadora por Minnesota, Amy Klobuchar, y el ex alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg. Entrevistado al día siguiente por la cadena ABC reconoció algunas dificultades al principio de la campaña. Al mismo tiempo se mostró convencido de que Sanders tendría muy difícil atraer los apoyos necesarios en Estados clave.

Quizá igual de importante, alertó del peligro de que los demócratas pierdan también su mayoría en el Congreso y sean incapaces de ganar al Senado. Dos obsesiones de quienes consideran que una hipotética victoria demócrata será casi en vano si el nuevo presidente no tiene a su favor las dos cámaras. Algo complicado dada la naturaleza altamente cambiante y mudable de muchos distritos, donde el nombre del ganador puede decidirse por un puñado de votos.

En un mitin poco después de conocer el resultado en Carolina del Sur, Biden reclamó cordura y habló de unos votantes que esperan políticas realistas. «Tenemos la posibilidad de ganar o perder en grande», avisó. Acto seguido subió al avión y arrancó una gira relámpago por varios de los Estados en juego. Sanders, por su lado, reconoció la derrota y explicó que es imposible ganar en todos los Estados. Suceda lo que suceda este martes la carrera de las primarias tiene todo el aspecto de haber resucitado.