El duelo del Supermartes: El socialismo de Sanders frente al “establishment” de Biden

Un Partido Demócrata dividido elige al candidato que se batirá con Trump en noviembre. Catorce estados votan hoy y se decide un tercio de los delegados de la convención de julio

US Democratic presidential candidateJoe Biden holds a campaign rally in Virginia
Una seguidora de Joe Biden se hace un selfie con la bandera de EE UU en VirginiaSAMUEL CORUMEFE

Joe Biden ha resucitado su candidatura en las primarias demócratas, robando una buena parte del protagonismo que Bernie Sanders había acaparado desde el arranque de la competición en Iowa. Después de New Hampshire y Nevada, Carolina del Sur se ha convertido en el escenario gráfico de lo que representa la división actual del Partido Demócrata, entre la mentalidad de izquierda y la moderada, así como la parte de la población que apoya a uno y otro candidato. A grandes rasgos y aún con todo por decidir, los más jóvenes y los latinos están con Sanders, la gente mayor y los afroamericanos, con Biden.

El Supermartes de estas primarias demócratas es, sin duda, el más importante de esta primera fase del calendario electoral y podrá ser también decisivo. En juego, el 34% de los votos de un total de 14 estados del país, lo que podría posicionar a un sólo candidato con una amplia ventaja entre los cientos de delegados que votan respecto al resto de adversarios, e incluso consolidar a alguno de ellos hacia la nominación presidencial.

Tras la recién anunciada renuncia del candidato más joven, Pete Buttigieg, que había conseguido motivar a un gran sector moderado del partido, la media de edad entre el resto de los adversarios supera los setenta años. Y ése será, con toda probabilidad, el único parecido razonable con el que cuentan ahora los dos rivales demócratas más destacados: su edad. Biden tiene 77 años y Sanders 78. Otros cuatro demócratas continuan junto a ellos la competición y encaran, entre los seis precandidatos demócratas, la próxima fase clave de las primarias: el popular Supermartes. Bernie Sanders, Joe Biden, Michael Bloomberg, Elizabeth Warren y Tulsi Gabaard compiten por consolidar su candidatura o retirarse con una posición aceptable, que les permita seguir con sus respectivas agendas políticas más allá de la carrera presidencial.

La carrera electoral dio un giro radical el domingo con la victoria de Biden y la salida del ex alcalde de la localidad de indiana. Pete Buttigieg deja el camino despejado para que los votantes moderados se unan en torno a candidatos mejor posicionados que él para frenar el apoyo a Sanders. En esta misma línea se produjo a última hora de la tarde de ayer el anuncio de otra de las «novedades» moderadas del Partido Demócrata, Amy Klobuchar, que abandonó la carrera en favor del ex vicepresidente demócrata. Por lo que Biden podría salir fortalecido de la votación masiva del martes, pero también beneficiar a otros precandidatos que acaparen los votos del saliente, como Bloomberg o Warren.

La senadora Elizabeth Warren aún no lo da todo por perdido y podría repuntar. El multimillonario ex alcalde de Nueva York Michael Bloomberg decidió no concurrir en el proceso de primarias hasta que diera comienzo el «supermartes», por lo que se espera que su desinflada candidatura tras su participación en el debate también pudiera dar algún giro sorprendente de última hora.

Joe Biden apostó todo a una carta, la de Carolina del Sur, y ganó. Después de las últimas dos semanas enfocado en el único estado del país que podía mantener viva su postulación, el ex vicepresidente de Obama intentaba replicar el resultado en Carolina del Norte, todavía más conservador, y Alabama. Ambos suman 156 delegados en la masiva votación del hoy, 110 y 52 votos respectivamente.

Es la tercera vez que Joe Biden se postula a unas elecciones presidenciales, pero abandonó su carrera hacia la Casa Blanca en 1988 y en 2008 por falta de apoyo y de financiación, aunque en esa segunda ocasión el propio Obama lo escogió como vicepresidente. Repitieron fórmula Obama-Biden en las presidenciales de 2012, consolidando su carrera política como la posición de mayor confianza del presidente estadunidense y, a la vez, sembrando el apoyo de una buena parte del voto negro del país.

Aunque los afroamericanos no se pueden considerar como un bloque que vote alineado en Estados Unidos. Algunas propuestas rompedoras de su rival político e ideológico, Bernie Sanders, resultan muy atractivas para muchos votantes negros, como un sistema de salud y educación universal y gratuito. Y es que, además, Sanders parte como favorito en algunos estados decisivos por su demografía y diversidad, como California, donde cuenta con el voto de los más jóvenes y de los latinos, en uno de los estados con mayor diversidad. De hecho, Sanders hizo una demostración de fuerza en Los Ángeles con un mitin masivo. El veterano senador aseguró que quien gana en California debe ganar también la nominación. demócrata a la Casa Blanca. Tal y como sucedió hace unos días en las caucus de Nevada, el «efecto Sanders» y su gran capacidad para mover masas tiene a un Partido Demócrata dividido y a sus más conservadores preocupados.

En las cauces de Nevada, uno de los estados más diversos del país y donde se sondeó por primera vez lo que el voto latino puede representar en el resto del país, Sanders obtuvo un 40% del apoyo entre los latinos. Éstos congregarán el mayor número de votantes de la historia de Estados Unidos: cerca de 32 millones de latinos están llamados a las urnas en las elecciones presidenciales del próximo noviembre. Es decir, un 13,3% del electorado del país.

Aunque Sanders tiene en contra un gran temor entre la población estadounidense: la palabra socialismo. En EEUU el socialismo se asocia más al chavismo de Maduro en Venezuela o al castrismo de Cuba que a la socialdemocracia española o europea. Las políticas liberales de Sanders a menudo se relacionan con movimientos revolucionarios de izquierda que rompen la convivencia, la democracia y la libertad. Y esas amenazas generan mucho miedo e incertidumbre en el país, y podría llevar a otro candidato con apoyo a ganar más poder.

Sanders se empeña en recordar, como hizo en el debate demócrata de Charleston hace justo una semana: «las ideas de las que estoy hablando no son radicales. La atención médica es un derecho humano». Hoy se medirá su capacidad de convicción.