Las tres semanas en las que Kim permaneció aislado para protegerse del Covid-19

La inteligencia norteamericana y surcoreana sostiene que el dictador norcoreano se confinó para no infectarse a pesar de que Pyongyang niega que haya coronavirus en el país

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Sonriente y rodeado de sus hombres de confianza y de su hermana Kim Yo Jong. Así es como Kim Jong Un apareció ayer retratado en los medios estatales del país. Las imágenes, con las que puso fin a veinte días de especulaciones sobre su estado de salud e incluso su muerte, mostraron al mandatario asistiendo a la ceremonia de finalización de la construcción de una fábrica de fertilizantes.

Desde que el pasado 11 de abril el líder del régimen, Kim Jong Un, presidiera la reunión del buró político del gobernante Partido de los Trabajadores, no se había vuelto a ver públicamente al dictador. Esa desaparición de la vida pública generó todo tipo de especulaciones y mientras algunos apuntaron a que se encontraría en «grave peligro» o en muerte cerebral, otros alentaban los rumores de que había fallecido. Este mismo jueves, el director de la Oficina de Seguridad Nacional de Taiwán (la agencia de inteligencia del país), Chiu KuoCheng, aseguraba que estaba «enfermo» a la agencia oficial taiwanesa CNA.

Incluso los hubo que afirmaron que podría haber contraído el coronavirus o que se estaría refugiando en una exclusiva villa de Wonsan para protegerse del mismo. De hecho, esa fue la última teoría a la que dieron alas Estados Unidos y Corea del Sur. Sus servicios de inteligencia, que vigilan al régimen Juche con la última tecnología, afirmaron que varias imágenes satelitales mostraban movimientos recientes de los barcos de lujo que utilizan habitualmente Kim y su familia cerca de la región de Wonsan. No en vano, el dictador ha desaparecido el tiempo de una cuarentena.

Aunque el Gobierno norcoreano sigue sin reportar ni un solo caso de coronavirus a la Organización Mundial de la Salud (OMS), en la reunión del 11 de abril se discutieron las medidas contra el Covid-19 y eligió a su hermana, Kim Yo Jong como miembro suplente de dicho órgano. Aquel movimiento hizo saltar las alarmas sobre su posible contagio y dejó entrever quién le podría suceder al mando del país si a Kim le sucediera algo. Además, la semana pasada, el periódico oficial de Corea del Norte, el «Rodong Sinmun», hizo un llamamiento a los ciudadanos norcoreanos para que permanecieran en alerta máxima frente al nuevo coronavirus. Pyongyang advirtió a través de las páginas del diario que la devastación causada por la pandemia en otras naciones podría tener lugar en el país en cualquier momento.

Pero el anuncio, más allá de elevar la alerta dentro de sus fronteras, sirvió para reforzar de puertas para afuera lo que muchos piensan: que Corea del Norte miente sobre la incidencia del virus en el país. Verdad o no, este país ya de por sí aislado y castigado a nivel internacional, no dudó en cerrar sus fronteras en el momento en el que el virus fue detectado por primera vez en la vecina China e impuso estrictas medidas de contención.

«Hemos llevado a cabo medidas preventivas y científicas, como inspecciones y cuarentenas para todo el personal que entra en nuestro país y desinfectado todo a fondo, así como hemos cerrado fronteras y bloqueado rutas marítimas y aéreas», afirmó orgulloso Pak Myong Su, director en la Sede Central Antiepidémica de Emergencia Central del país.

Si embargo, el escepticismo ante ese supuesto «triunfo» del país reina entre la comunidad internacional. «Según la información de inteligencia de la que disponemos, me parece algo absolutamente imposible. No vamos a revelar nuestras fuentes, pero la ausencia de contagios no es verdad», afirmó días atrás el comandante de las fuerzas estadounidenses en Corea del Sur, Robert Abrams. Igualmente, la emisora norteamericana Radio Free Asia, aseguró que el régimen Juche habría informado a sus ciudadanos de la existencia de contagios desde el pasado mes de marzo, al tiempo que estarían organizando reuniones vecinales para educar a la gente sobre la pandemia.

Con todos estos interrogantes sobre la mesa, los expertos coinciden en señalar en que si realmente el virus hubiera traspasado sus fronteras, los efectos serían devastadores. El país, ahogado por las sanciones internacionales por sus programas de misiles nucleares y balísticos, es particularmente vulnerable y cuenta con un sistema médico muy débil que se vería desbordado.

Quizás por eso, buscó ayuda entre sus aliados. En febrero, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia aseguró haber proporcionado a Pyongyang 1.500 kits de prueba de diagnóstico de coronavirus a petición suya «debido al riesgo persistente del nuevo Covid-19».

Por su parte, Naciones Unidas ha colaborado dejando exentos de sanciones a grupos de ayuda, como Médicos sin Fronteras o UNICEF, con el fin de enviar artículos como kits de diagnóstico, máscaras faciales, equipos de protección o desinfectantes, aunque se desconoce si esos suministros han llegado a su destino. Y la OMS planea una ayuda de 900.000 dólares para asistir a Pyongyang a combatir el virus, según los datos publicados en el sitio web de la Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de la ONU. Aunque será difícil comprobarlo, queda por ver si el coronavirus amenaza realmente el régimen Juche.