Turquía eleva el pulso con la UE en el Mediterráneo oriental

El ministro de Exteriores alemán viaja a Atenas y Ankara para instar a ambos a que negocien el reparto de los yacimientos en las aguas en disputa. «Están jugando con fuego. Una chispa puede conducir a una catástrofe», advierte Heiko Mas

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«Jugar con fuego». Así denominó el Ministro de Exteriores alemán, Heiko Maas, la situación actual en el Mediterráneo oriental. El político del Partido Socialdemócrata (SPD) visitó a sus homólogos en Turquía y Grecia. «Alemania y toda la Unión Europea están con toda su solidaridad detrás de Grecia», aseguró Maas, al tiempo que es necesario «que haya señales de una desescalada». «Una chispa puede llevar a una catástrofe» en este momento, aseguraba el jefe de la diplomacia alemana, que pidió a ambos países sentarse a una mesa de negociación para debatir cómo repartirse el yacimiento en base al Derecho Internacional en lugar de a través de la confrontación.

El ministro de Exteriores griego, Nikos Dendias, declaró al terminar la reunión con Maas que él no ve signos de desescalada en Ankara, sino que el país más bien sigue «la ideología de un nuevo imperio otomano».

Mientras, el alto representante de la UE para Política Exterior y de Seguridad, Josep Borrell, exigió que Turquía cese «inmediatamente» la búsqueda de gas natural en el Mediterráneo. Tanto la UE como Grecia consideran que el área donde Turquía está llevando a cabo prospecciones es una zona griega y la actuación turca es, por tanto, ilegal.

FOTO: Teresa Gallardo

Atenas está presionando en el seno de los Veintisiete para que se sancione a Ankara. Turquía, por su parte, esgrime que la zona pertenece a su zona económica exclusiva. Mientras tanto, ayer ambos países anunciaron ejercicios militares en la zona en disputa en el Mediterráneo oriental. Turquía no forma parte de la Unión Europea, aunque trata de entrar en el club comunitario desde hace años. Donde sí está Turquía y también Grecia es en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), en la que, supuestamente, países aliados deberían defenderse de amenazas exteriores. «Turquía y Grecia son nuestros aliados en la OTAN. Las soluciones a la controversia sobre los yacimientos de gas natural en el Mediterráneo oriental solo pueden encontrarse sobre la base del Derecho Internacional y en un diálogo bilateral sincero», subrayó Heiko Maas antes de su partida.

Alemania ostenta en este momento la presidencia de turno del Consejo de la UE, pero éste no es el único punto por el cual Berlín está haciendo de mediador. En primer lugar, los asuntos turcos son para Alemania en buena parte casi asuntos de política interior, ya que la mayor comunidad inmigrante en Alemania es la turca y el poder del presidente Recep Tayyip Erdogan se extiende hasta el interior de la UE de este modo, afectando a buena parte de las mas de dos millones y medio de familias de ascendencia turca en Alemania.

El Ministro de Exteriores turco, Mevlüt Cavusoglu, no perdió la oportunidad de presionar en público a Maas para que el Gobierno germano levante la recomendación de no viajar a Turquía a causa de la pandemia, ya que, en este momento, Turquía está considerada una zona de riesgo en Berlín por el nivel de contagios de coronavirus.

Turquía es, además, un buen cliente para el mercado armamentístico alemán. El ministro Maas declaraba esta semana al diario «General Anzeiger» que Alemania «ya solo envía material marítimo a Turquía», después de que fuese criticado el uso que Ankara hace de las armas en Siria y en Libia.

Otras diferencias con Turquía

Mientras tanto, el presidente Erdogan no da su brazo a torcer, tiene una crisis sanitaria mucho mayor que la de otros países europeos y una crisis económica agravada por la pandemia. Eso sí, el 21 de agosto Erdogan aseguraba haber encontrado la mayor reserva de gas en la historia del país en el mar Negro, un hallazgo valorado en unos 67,000 millones de euros por Fatih Birol, el jefe de la Agencia Internacional de la Energía (IEA). El hallazgo podría resolver la dependencia turca del gas extranjero y el Gobierno islamista planea comenzar la extracción en 2023.

A Turquía se le acumulan los problemas, ya que a la negativa de Grecia y la UE se unen al enfado por la ruptura del embargo de armas a Libia. Ankara está enviando material de guerra al país magrebí a pesar del mandato expreso contrario de Naciones Unidas y de los esfuerzos de la UE por mediar en la zona. En Libia también están en disputan grandes reservas de petróleo.