China mantiene a Hong Kong bajo su bota

A diferencia de 2019, apenas un centenar de manifestantes prodemocráticos protestan en el Día Nacional para pedir la liberación de los doce hongkoneses detenidos por huir a Taiwán

Hace un año, la celebración del 70º aniversario de la fundación de la República Popular de China se vio empañada por las violentas protestas que tuvieron lugar en Hong Kong. Aquel día, un oficial de policía disparó por primera vez a un manifestante en la ex colonia británica hiriéndole en el pecho, mientras se sucedían por las calles de esta urbe el gas lacrimógeno, los destrozos y las carreras. Aquellas imágenes dieron la vuelta al mundo y supusieron toda una afrenta para Pekín, que ayer se resarció de ese episodio mostrando al mundo que ya tiene Hong Kong bajo control.

Al contrario que en 2019, la urbe china tan solo logró reunir ayer a unos cientos de antigubernamentales que, de cuatro en cuatro para salvar las restricciones de la pandemia, trataron de plantar cara a los 6.000 agentes que el Ejecutivo desplegó por toda la ciudad.

La jornada, que se saldó con 86 detenidos, arrancó con la tradicional ceremonia por el Día Nacional. Allí, la líder del Gobierno local, Carrie Lam, fue muy clara. “En los últimos tres meses, es obvio que se ha restaurado la estabilidad y salvaguardado la seguridad nacional”, dijo. Sus palabras aludían de manera directa a la Ley de Seguridad Nacional que Pekín impuso en el mes de julio. Dicha normativa, que castiga los delitos de subversión, secesión o colusión con fuerzas externas con penas de hasta cadena perpetua, ha logrado contener a muchos descontentos que incluso han puesto tierra de por medio.

Precisamente, la marcha propuesta para ayer por el Frente de Derechos Humanos y Civiles, que fue prohibida por motivos de seguridad y salud pública, tenía por objetivo mostrar su apoyo a los 12 hongkoneses que permanecen detenidos en la China continental desde que fueron capturados por las autoridades comunistas en el mar cuando huían hacia Taiwán. Pero ante la imposibilidad de llevarla a cabo, la ciudad fue escenario de desafíos a pequeña escala.

Entre ellos, se escuchó en varias ocasiones entonar el “Gloria a Hong Kong”, el himno oficioso de los antigubernamentales, que fue interrumpido cada vez que los agentes se aproximaban. Mientras unos decidieron pasearse por el distrito comercial de Causeway Bay vistiendo de negro, el color representativo de los descontentos; otros leían frente a los uniformados el periódico que apoya abiertamente al bando prodemocrático. Incluso hubo quienes osaron sacar una bandera estadounidense.

Sin embargo, conocedores de las penas que hay en juego, los antigubernamentales se dispersaron cada vez que la policía advertía su presencia. Al final del día, 74 hombres y mujeres fueron arrestados en varios distritos acusados de participar en una asamblea no autorizada, mientras el resto lo fueron por presuntos delitos que incluían posesión de un arma ofensiva, no identificarse o hacerlo con un carné falso, alterar el orden público o conducir un vehículo sin licencia.

Además, los agentes que durante toda la jornada pararon indiscriminadamente a los transeúntes de las zonas más calientes, también multaron a otras veinte personas por violar las reglas de distanciamiento social. Los descontentos trataron de ponérselo difícil y a última hora del día, varios de los uniformados se trasladaron a los pies de la montaña conocida como Lion Rock para identificar a aquellos que se acercaran hasta allí, después de que se hubiera hecho un llamamiento en las redes sociales a realizar una cadena humana e iluminar con los móviles todo el camino hasta la cima de dicho monte en señal de protesta.

Sin embargo, actuaciones como la de ayer de las autoridades forman parte de la contundencia mostrada por Pekín en cuanto a Hong Kong, una ciudad que volvió bajo su soberanía en 1997 y que se rige por el principio de “un país, dos sistemas”. Con el temor de que Pekín ponga fin a las libertades de las que gozan sus ciudadanos, la ex colonia británica vivió meses de protestas desde junio del año pasado hasta que la pandemia frenó en seco las reuniones de masas.

Aprovechando aquel parón, Pekín soltó el órdago en forma de norma y en tan solo tres meses, la controvertida ley de seguridad nacional ha ejercido de herramienta perfecta para manejar una situación que parecía estar yéndose de las manos.

Desde que se promulgó, un juez extranjero de los tribunales de la ciudad ha dimitido y 26 personas han sido arrestadas en virtud de la ley -incluida la activista Agnes Chow Ting y el magnate de los medios Jimmy Lai Chee-ying-. Además, los expertos en Derechos humanos de Naciones Unidas han asegurado que la ley presenta graves riesgos para la libertad de expresión y reunión pacífica. Y para rematar la maltrecha relación entre Washington y Pekín, el Departamento de Estado de EEUU ha advertido a sus ciudadanos de exponerse a un mayor riesgo de arresto, detención, expulsión o enjuiciamiento si viajan a Hong Kong y critican a China, país que ayer logró reconducir la celebración de su 71 cumpleaños.