Trump dinamita el debate virtual con Biden

El órgano regulador propone tras consultar con los virólogos un cambio de formato tras el contagio del presidente norteamericano de coronvirus el pasado día 2 de octubre

La comisión que dirige los debates presidenciales ha decidido que el próximo debate entre Donald Trump y Joe Biden, previsto para el 15 de octubre, sea virtual. Con cada uno de los dos candidatos en una localización diferente. Sostiene que tomaron su decisión basándose en la evidencia científica y el consejo de los expertos consultados.

El presidente Trump ya ha dicho que no se prestará a ese debate. Entrevistado por la cadena Fox comentó que «No voy a perder el tiempo en un debate virtual, no se trata de eso. Te sientas detrás de un ordenador y haces un debate; es ridículo».

El equipo de Biden, por boca de su subdirectora de campaña Kate Bedingfield, responde que «Joe Biden estaba dispuesto a aceptar la propuesta», «pero el presidente se ha negado, ya que Donald Trump claramente no quiere enfrentarse a las preguntas de los votantes sobre sus fracasos con el Covid y la economía». Bedingfield sostiene que si Trump insiste en no participar Biden «encontraría un lugar apropiado para responder las preguntas de los votantes».

Y pide que la comisión considere aplazarlo una semana, con lo que teóricamente quedarán solventadas las dudas respecto a la salud del presidente y su comitiva.

Una idea que el equipo de Trump ha saludado como plausible. Aunque Bill Stepien, director de campaña, ha sido categórico: «El presidente Trump ganó el primer debate a pesar de un moderador terrible y parcial, Chris Wallace, y todos lo saben. Que las criaturas del pantano en la Comisión de Debate Presidencial se apresuren ahora a defender a Joe Biden cancelando unilateralmente un debate en persona es patético. Los debates no tratan de eso. Estos son los hechos: el presidente Trump habrá publicado múltiples pruebas negativas antes del debate, por lo que no es necesaria esta declaración unilateral. La seguridad de todos los involucrados se puede lograr fácilmente sin cancelar la oportunidad de que los votantes vean a ambos candidatos enfrentarse cara a cara. No participaremos en esta triste excusa para rescatar a Joe Biden y hacer un mitin».

Donald Trump fue diagnosticado con coronavirus el pasado jueves. Desde entonces más de 34 personas relacionadas con la Casa Blanca, empezando por la primera dama, Melania Trump y siguiendo por el ex gobernador de Nueva Jersey, Chris Christie, hasta la asesora Hope Hicks, la ex asesora Kellyanne Conway, la directora del Comité Nacional del Partido Republicano, Ronna McDaniel y el jefe de campaña de Trump, Bill Stepien también han dado positivo. Muchos de ellos participaron el sábado de la semana pasada en la recepción ofrecida a la juez Amy Coney Barret, en el Rose Garden de la Casa Blanca. A la gala asistieron más de 200 invitados y, como suele ser habitual en la Casa Blanca, pocos llevaban máscara o respetaban las recomendaciones relativas a la distancia. Han dado negativo Ivanka Trump y Jared Kushner, Mike y Karen Pence, Rudy Giulliani y el jefe de personal de la Casa Blanca, Mark Meadows.

Pero todo palidece, de la fecha del debate a la confrontación entre el vicepresidente Mike Pence y la aspirante Kamala Harris, frente al vídeo que el propio Trump grabó en la tarde del miércoles. 5 minutos combustibles, imparables, que horrorizan a sus detractores y deleitan a sus millones de fieles. Entre otras cosas dijo que contagiarse del coronavirus supuso una bendición de Dios. Una bendición disfrazada. Pues le habría permitido insistir en que le suministrarán la terapia, Regeneron, a la que atribuye haberse curado. Trump también prometió que su administración piensa aprobar el uso de Regeneron de forma urgente. Aunque todavía está en fase de ensayos clínicos. Por más que no haya recibido la luz verde de la Federal Drugs Administration. Y que será gratuito y que lo distribuirá el ejército en una operación digna del desembarco de Normandía. Afirmó que hay cientos de miles de soldados esperando sus órdenes, que los generales aguarda su directiva y que hablaba de logística.

A punto de embarcar en un avión rumbo a Arizona, donde tenía previsto participar en varios actos electorales, Biden comentó a la prensa que «No sabemos qué va a hacer el presidente. Cambia de opinión cada segundo. Que yo comente eso ahora sería irresponsable».

Trump, por su parte, aprovechó la mañana para advertir de que el ex vicepresidente con Barack Obama pretende cerrar la economía, subir los impuestos, abolir la Segunda Enmienda, que consagra el derecho a tener armas, y destruir la Policía. «Los suburbios serán los siguientes», remató. «prepárense. Además, y de forma increíble, QUIERE COPAR EL TRIBUNAL SUPREMO DE ESTADOS UNIDOS. ¡¡¡Esto no es lo que quiere Estados Unidos!!!».