Trumpismo después de Trump

Imagen de una protesta contra Trump por el Black Lives MatterHANNAH MCKAYREUTERS

Aunque Joe Biden ganó claramente las elecciones presidenciales de 2020, más de 72 millones de estadounidenses, o el 47,49% de la población, votó por Trump, un número no insignificante. Los seguidores de Trump se han mantenido fieles, mientras que el republicano se niega a reconocer la derrota en las elecciones.

De hecho, ha orquestado una ofensiva legal para reclamar un fraude generalizado, aunque no se ha demostrado ninguna irregularidad, y las primeras demandas han sido rechazadas en tribunales. Con todo, altos cargos del Partido Republicano tampoco reconocen la victoria de Biden, y los aliados incondicionales de Trump continúan difundiendo afirmaciones falsas sobre un fraude electoral generalizado.

Este escenario puede encontrarse en países no democráticos, pero en Estados Unidos no hay precedentes. La democracia se basa en la transferencia pacífica del poder a través de elecciones libres, y las acciones de Trump son contrarias a ese ideal democrático.

Muchos estadounidenses especulan si Trump abandonará la Casa Blanca y cómo será su futuro más inmediato, si mantendrá sus aspiraciones presidenciales en 2024. También preocupa qué pasará con sus seguidores, especialmente los supremacistas blancos, que se han envalentonado por la retórica del presidente republicano.

Una cosa que hemos aprendido durante estos cuatro años es lo poco que se puede predecir sobre Donald Trump. Es impulsivo y errático. Sabemos que es narcisista, egoísta y se alimenta de la adulación de los demás. También sabemos que el Partido Republicano sigue detrás de Trump mientras deja a un lado su brújula ideológica y moral para mantenerse en el Senado.

El conservadurismo compasivo y el honor de la Presidencia, que alguna vez fue la piedra angular de los republicanos de Reagan, se han esfumado y han sido reemplazados por el trumpismo para obtener beneficios políticos. Los líderes republicanos en el Congreso han dejado que el presidente amenazara la democracia estadounidense y deslegitimara una elección justa, antes de arriesgar a perder su mayoría en la cámara alta.

Dos escaños de Georgia se decidirán en una segunda vuelta en enero y determinarán qué partido controla el Senado. Los republicanos saben que necesitan mantener el apoyo de los votantes de Trump en Georgia para ganar el control de la cámara. Los republicanos han puesto la política por encima de la democracia y la voluntad del pueblo, lo que no presagia nada bueno para un Estados Unidos posterior a Trump.

El presidente republicano se marchará incluso si necesita escolta policial. Normalmente, una vez que el recuento de votos está claro, como ocurre ahora, el perdedor reconoce el resultado y comienza la transferencia de poder. Durante esta fase de transición, el presidente electo recibe acceso al presupuesto, oficinas para su personal y sesiones informativas diarias en materia de seguridad que normalmente para garantizar una transición sin problemas.

Este tiempo de transferencia administrativa hace a Estados Unidos vulnerable a amenazas externas o internas, pero Trump es indiferente y sus seguidores solo vitorean su determinación y tendencias autoritarias. El trumpismo se convierte en una amenaza para la democracia y la seguridad de Estados Unidos. Ciertamente, debilitar al presidente entrante no es una forma de “hacer América más grande”. Lo más probable es que el post-presidente Trump intente encontrar otros medios para difundir su mensaje de odio e intolerancia para su propio engrandecimiento.

Por otra parte, podría estar ocupado con todos los juicios en su contra por evasión de impuestos y otros actos delictivos. Dejará la presidencia sembrando semillas de duda y desconfianza con teorías de conspiración y afirmaciones infundadas de fraude, habiendo envalentonado a los grupos terroristas domésticos y socavando los cimientos de la democracia estadounidense. Desafortunadamente, las elecciones de 2020 no son el fin del trumpismo.