El diálogo ineludible entre Maduro y Guaidó

La negociación auspiciada por EE UU avanza a pesar de las críticas vertidas por los sectores más duros de ambos lados

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Por primera vez en más de una década, en Venezuela la palabra negociación ha perdido la connotación negativa que sus principales líderes políticos le habían asignado. En un país donde los juegos del poder se han manejado principalmente desde la exclusión, los tiempos han conducido a la orilla que analistas apuntaban era inevitable.

Con un nuevo Consejo Nacional Electoral que incorpora a representantes de la oposición a Nicolás Maduro, el régimen ha mostrado estar dispuesto a compartir ciertos espacios institucionales. Por eso ha convocado para el 21 de noviembre próximo unas elecciones regionales y municipales en las que se afirma habrá las suficientes condiciones democráticas para que participar no sea hacer comparsa en una pantomima del chavismo.

Es el resultado de diálogos que se dieron entre el régimen y actores opositores, como el excandidato presidencial Henrique Capriles y algunos otros, sin la participación en bloque de los adversarios de Maduro.

Ahora, el líder opositor Juan Guaidó ha propuesto una negociación integral, que conduzca a la definición de un cronograma electoral que incluya presidenciales y legislativas, a cambio de levantar sanciones internacionales que pesan sobre la industria petrolera nacional y las finanzas del Estado venezolano controladas por el heredero político de Hugo Chávez.

Una propuesta que no ha caído en saco roto, muy al contrario. Nicolás Maduro, que rompió diálogos en 2019 y pasó a construir una oposición “permitida” a su medida, ha aceptado sentarse con quien es considerado por decenas de países como el legítimo presidente de Venezuela. “Ahora anda desesperado por dialogar. Aquí los esperamos, en el camino electoral”, reaccionó ante el anuncio del opositor, sin dar detalles de lo que está dispuesto a acodar.

Guaidó mencionó que Noruega pudiera ser de nuevo como facilitador de las conversaciones, que pudieran ocurrir en México. Maduro al día siguiente dijo estar abierto a que esa nación, la Unión Europea (UE) y el Grupo Internacional de Contacto (GIC), conformado por Bruselas y varios países europeos y latinoamericanos, participen del proceso.

Entre los primeros logros podría anunciarse próximamente la eliminación de los gobiernos alternativos allí donde gana la oposición. Es una de las principales demandas de la oposición recogida también por la comunidad internacional.

Aguas abajo, se suceden las reacciones. La “oposición permitida” de Maduro aplaude que la mayoritaria “haya recapacitado” y quiera “volver al voto”. Entretanto, la dirigente María Corina Machado insiste en que Maduro no busca abrir caminos democráticos sino lograr amarrarse más al poder. “La ingenuidad puede ser tan letal como la complicidad”, afirmó esta semana frente a las supuestas concesiones del régimen que mantiene 309 presos políticos, inhabilitados a sus adversarios, intervenidos o ilegalizados a partidos opositores y con persecución judicial a muchos otros actores.

Mientras que en el oficialismo se muestran pugnas y visiones encontradas. El presidente de la Asamblea Nacional chavista y exministro de propaganda de Maduro, Jorge Rodríguez, dijo que la negociación debe comenzar luego de que los opositores “reconozcan sus crímenes”. Y quien es considerado “el número dos del chavismo” -a pesar de una aparente pérdida de influencia en la cúpula-, Diosdado Cabello, afirmó que las sanciones individuales a funcionarios del régimen no deberían preocupar tanto como para negociar unas elecciones presidenciales.

El embajador de Estados Unidos para Venezuela, James Story, ha dicho que la negociación debe ser entre Maduro y Guaidó directamente, afirmó que la Casa Blanca respalda la propuesta del líder opositor -al igual que lo hizo España y el alto comisionado europeo Josep Borrell-, y cuestionó que Cabello se muestre reticente. “No sé si él habla por Maduro o habla por sí mismo”, comentó el jueves.

“Finalmente parece que las partes chocaron contra la incómoda realidad de que la estrategia seguida hasta ahora (de ignorar al adversario) no era buena idea y terminan entendiendo que la única manera de avanzar (aunque sea muy lentamente) es negociar”, evalúa Luis Vicente León, presidente de la encuestadora Datanálisis. Cree que Maduro nunca estará dispuesto a negociar “su cabeza” pues “una elección presidencial competitiva antes del 2024, teniendo Maduro 11% de aceptación, es equivalente a entregar el poder. La probabilidad ahí es cero”.

A juicio del analista, Guaidó se abrió a dialogar visto los “éxitos” internos de otros opositores en lograr un nuevo CNE. “Es perfectamente racional su decisión, considerando que la respuesta inmediata de Europa e incluso la administración Biden fue receptiva a ese gesto de Maduro. La pregunta es hasta dónde puede llegar esa negociación. Guaidó parte pidiendo todo y Maduro ofreciendo nada”.

El historiador Pedro Benítez apunta que se está dejando atrás la satanización de la negociación política, que hace de adversarios solo enemigos. “Nos decían que con la burguesía no se pacta, o que nunca se entregaría concesión al imperialismo. Pero se levantó el control de cambio, se eliminaron controles de precios, se permitió la dolarización de facto y se ha planteado privatizar hasta la industria petrolera”, rememora. “También escuchamos mucho aquello de que dictaduras no salen con votos o que con delincuentes no se negocia. Ahora hay reuniones, con contradicciones que tienen como consecuencia el descrédito de la política”.

Pero “no nos engañemos -pide el académico- Maduro quiere profundizar la división de la oposición, mejorar su imagen internacional y perpetuarse en el poder”, frente a una oposición que intenta lograr una transición política por la vía electoral al no haber podido lograrlo por otras rutas. “Y actores del chavismo y de la oposición van a tratar de sabotear este proceso”, augura Benítez.

Durante los últimos dos años también se escuchó insistentemente, por voceros del chavismo pero también de algunos opositores no alineados con Guaidó, que las sanciones internacionales no tumbaban gobiernos y que incluso aumentaban el poder de las autoridades sobre una población empobrecida. Pero el planteamiento de Guaidó y la respuesta de Maduro confirman que esas presiones finalmente son la gran ficha de cambio para una negociación política.