Europa

Varsovia reabre la división Este-Oeste entre los Veintisiete

Rutte es el más beligerante con la deriva autoritaria polaca, mientras Merkel aboga por mantener el diálogo

El primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, y su homólogo húngaro, Viktor Oban, in Krakow (Polonia) el pasado febrero
El primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki, y su homólogo húngaro, Viktor Oban, in Krakow (Polonia) el pasado febrero FOTO: LUKASZ GAGULSKI EFE

Todo indica que nos encontramos ante una nueva cumbre europea de alto voltaje. El jueves y viernes los líderes europeos volverán a reunirse en la capital comunitaria, independientemente de si Charles Michel decide o no introducir este tema en el orden del día, será el elefante en la habitación.

El debate en el Parlamento Europeo de este martes, lejos de calmar las aguas, vuelve a avivarlas y las convierte en torrente. En la capital comunitaria aún se recuerda la cena que tuvo lugar en junio como uno de los debates más emocionales de los últimos años después de que algunos líderes europeos le enseñaran la puerta de salida a Hungría por una ley que prohíbe hablar en los colegios de identidad de género y homosexualidad y extiende este veto al material audiovisual destinado a menores. Los líderes del Benelux –con el primer ministro holandés, Mark Rutte, como líder del grupo– fueron los más severos y todo indica que nos encontramos ante un escenario y unos actores muy parecidos.

Un nuevo debate de este tipo aumenta la posibilidad de un nuevo agrio cruce de acusaciones entre Este y Oeste del club comunitario que haga supurar las heridas ya abiertas por la crisis de refugiados. «La Comisión dice que la activación del mecanismo de Estado de derecho es cuestión de días o semanas. Si es así, sería romper el pacto alcanzado en diciembre y sería inaceptable. Voy a tener unas palabras con el comisario durante el Consejo de Asuntos Generales de hoy. ‘Pacta sunt servada’», aseguró ayer la ministra húngara de Justicia, Judit Vara.

Varga se refiere al pacto alcanzado en diciembre por el que el resto de los líderes europeos garantizaron a Polonia y Hungría la posibilidad de acudir ante el Tribunal de Justicia para preguntar sobre la legalidad de este mecanismo que supedita los fondos europeos al respeto al Estado de derecho. Los dos países habían bloqueado la aprobación del fondo para hacer frente a los estragos del coronavirus, Next Generation UE y solo levantaron su veto a cambio de esta cesión.

Se espera que la sentencia tenga lugar en los primeros meses del año que viene. Aunque legalmente Bruselas no está obligada a esperar este fallo para iniciar este procedimiento, países como Alemania son partidarios de posponer cualquier decisión hasta que el alto tribunal se pronuncie, como modo de facilitar el diálogo durante estos meses.

España no quiere descartar ninguna opción. Según aseguró ayer el secretario de Estado para la Unión Europea, Juan González-Barba, tras la intervención del primer ministro polaco, “la opción del diálogo está siempre ahí para salir del callejón sin salida en que nos ha puesto a todos la decisión de la Corte Constitucional de Polonia. Este diálogo debe en cualquier caso salvaguardar el principio de la primacía del derecho comunitario como lo interpreta el TJUE, y no es incompatible con las medidas que ya anunciado la Comisión que tomará en su calidad de guardiana de los Tratados”.

Por su parte, la mayoría de las fuerzas políticas del hemiciclo están a favor de mayor contundencia contra Polonia y se espera que esta petición se refleje en una moción sin carácter vinculante que será votada este miércoles. Durante el debate de ayer, populares, socialistas, liberales y verdes arremetieron contra el discurso del primer ministro, que solo fue defendido por fuerzas eurófobas y por la familia política de los Conservadores y Reformistas que acoge al partido de Ley y Justicia polaco (PiS) y a Vox.