Europa

Arranca una interminable campaña electoral de 95 días en Portugal

Los socialistas encabezan los sondeos, pero necesitarán negociar con los socios que han tumbado sus Presupuestos. La derecha no logra beneficiarse de la caída del Gobierno

Antonio Costa repetirá como candidato en las elecciones del 30 de enero
Antonio Costa repetirá como candidato en las elecciones del 30 de enero FOTO: TIAGO PETINGA EFE

La carrera electoral no comenzará en Portugal hasta enero, pero en realidad todos corren ya. El jueves el presidente luso, Marcelo Rebelo de Sousa, confirmaba en un mensaje al país que disolvía el Parlamento y convocaba elecciones anticipadas para el próximo 30 de enero, y los partidos ya avanzan, alertados como estaban desde una semana antes de que este escenario llegaría. Ahora, el abismo, con un «impasse» político de 95 días, el más largo del siglo XXI. Con la Navidad como única tregua, la cuesta de enero se presenta fratricida en Portugal.

Las primeras horas tras pulsar el «botón nuclear» y adelantar dos años los comicios llegan, coinciden todos los actores, en un momento indeseable para los partidos de gobierno y oposición, incapaces de predecir hace dos semanas este desenlace, y para el propio país, que debe empezar a usar el 1 de enero los fondos de recuperación poscovid, cuya ejecución en el primer trimestre genera ahora muchas dudas, ante un año decisivo sin Presupuestos.

Incertidumbre, una palabra maldita para los portugueses, que se muestran con pocos cambios en lo referido a intenciones de voto. Con sumas imposibles de lograr mayoría a izquierda o derecha, la opinión de los lusos en la jornada de resaca es clara, obligar a los partidos a entenderse, e incluso si lo logran, siempre bajo la sombra de la inestabilidad.

Según un sondeo publicado este viernes, ganarán de nuevo los socialistas, que reúnen ahora el 38,5 % de la intención de voto, porcentaje que, sin embargo, no les daría la mayoría. Habría pues que volver a las negociaciones, algo que se antoja complicado dado que la legislatura termina, precisamente, por la guerra civil abierta con los socios que han apoyado en los últimos seis años al primer ministro, Antonio Costa: el marxista Bloco de Esquerda, que lograría el 8,8% de votos, y el Partido Comunista, el que acabó por dinamitar los puentes y que conseguirá, según las encuestas, el 4,6%. Si lograran superar sus diferencias, algo altamente improbable por ahora, sumarían el 52 % de votos.

Pero dentro de estos daños colaterales, la derecha sigue sin sacar beneficio inmediato. El PSD, de centro derecha, líder de la oposición y un partido tradicional de Gobierno desde que la democracia llegó al país en 1974, sería el segundo partido más votado, con el respaldo del 24,4% del electorado. Es casi un punto menos de lo que le auguraban en julio, lo que muestra que en el río revuelto de la última semana su máximo responsable, Rui Rio, ha encontrado pocos peces.

En un alegato casi desesperado, ha pedido una última oportunidad a su partido para que le respalde, en lugar de reemplazarse en las elecciones internas que habrá en diciembre por la estrella emergente, Paulo Rangel, convertido en una figura extremadamente reconocida desde que a final de verano reconoció públicamente en una entrevista de televisión su homosexualidad.

Rangel ha endurecido el discurso de oposición a Costa y reiterado que bajo su mando la derecha volverá a gobernar Portugal, una contundencia contra la que Rio exhibe moderación, asegurando que basta seguir con el trabajo actual para descabalgar del poder a los socialistas. «El Partido Socialista está desgastado. Si el PSD está centrado, el Partido Socialista no gana, veo dificilísimo eso», aseguró en cuanto conoció la fecha de las próximas elecciones.

Aunque algo se mueve en el círculo de Rio, que ha pasado de querer retrasar la contienda con Rangel a pretender acelerarla para despejar dudas sobre el liderazgo y su propia legitimidad para elaborar las listas electorales.

Muchos retos que no esconden la principal critica a Rio. Con él el partido ha seguido acumulando zarandeos electorales en los últimos tres años y, si no convence, tendrá extremadamente difícil no solo cumplir ese deseo de ser primer ministro, sino de que su partido salga de una vez de la oposición en la que se instaló hace seis años. El PSD se abre apenas a alianzas con los democristianos del CDS, con un 2% de voto estimado, excluyendo cualquier pacto con el ultraderechista Chega, al que los sondeos dan el 7,7% .

Chega sería el cuarto partido mas votado y aspira a ser decisivo para que los conservadores vuelvan al poder, aunque estos le han excluido de los anteriores pactos firmados, por ejemplo, para las municipales de septiembre.

Mientras las cuentas se hacen, los partidos guardan silencio, aplicando la máxima de que trabajar es la mejor carta de presentación. Algo demostrado este mismo viernes, con la aprobación en el Parlamento, antes de ser disuelto, de la ley de la eutanasia, ocho meses despues de que el Tribunal Constitucional tumbara la ley original por inexactitudes en el texto.