África

¿Quién es el JNIM, el grupo yihadista que secuestró en Malí a una monja colombiana?

El Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes goza de un gran poder en Malí desde hace un lustro, gracias al apoyo de una parte de la población local y sus alianzas con otros extremistas

Dirigentes del JNIM, la facción más fuerte de Al Qaeda
Dirigentes del JNIM, la facción más fuerte de Al Qaeda

Poco se habla en Europa sobre del Grupo de Apoyo al Islam y los Musulmanes (también conocido como Jama’at Nasr al-Islam wal Muslimin) que opera en Malí, Níger y Burkina Faso con relativa impunidad desde su fundación en 2017. Esta filial de al-Qaeda conformada por una agrupación de katibas menores y con un corte ideológico salafista-yihadista (que entra dentro del fundamentalismo, según algunos expertos) ha multiplicado sus ataques por cuatro desde su fundación. Entre sus acciones más sonadas entra el secuestro de una monja colombiana que finalmente fue liberada en 2021 y que ahora supone el epicentro de un nuevo escándalo del Vaticano. Se escuchan habitualmente los nombres de los sospechosos habituales, al-Qaeda, ISIS, el fantasma de Osama bin Laden, mientras que dentro del amalgama de facciones yihadistas que infectan Asia y África, apenas se conoce este grupo que en 2019 contaba con más de 2.000 integrantes y que es responsable de algunos de los enfrentamientos más feroces contra las tropas francesas destinadas al Sahel.

El JNIM tiene una especial influencia en el centro de Malí y la frontera con Níger y Burkina Faso, donde llega a controlar de forma permanente varios territorios que gobiernan sus katibas a modo de pequeños “califatos”, según comunican algunos expertos. Esto es posible por sus tácticas de integración con los locales y un apoyo significativo de la población de etnia fulani.

Una etnia agraviada

La etnia fulani es una gran protagonista en esta función. Ha sido considerada tradicionalmente como una de las etnias nómadas de África, aunque actualmente se encuentra asentada a lo largo de todo África Occidental. En Malí, por ejemplo, donde han sufrido ataques raciales perpetrados por otras etnias mayoritarias, viven 2,5 millones aproximadamente (un 12% de la población total del país). Se encuentran instalados en la región central de Mopti. Los fulani exigieron durante años a los gobiernos de Bamako que aportasen nuevas garantías de seguridad frente a estos ataques raciales (que podían pasar del robo de ganado a matanzas ocultas por el susurro ignorado del Níger) y, ante la inactividad de los sucesivos gobiernos, han encontrado una organización que aparentemente protege sus intereses y sus tierras: el JNIM.

Manifestantes malienses portan una pancarta donde puede leerse "Putin, el camino al futuro", en septiembre de 2020.
Manifestantes malienses portan una pancarta donde puede leerse "Putin, el camino al futuro", en septiembre de 2020. AP

El modus operandum del JNIM para hacerse con el control de las aldeas es el siguiente, según fuentes en el terreno: aparecen con el anuncio de que ellos gobernarán desde ese momento, implantando la sharía aunque respetando en cierta medida los órganos de gobierno tradicionales, y a continuación ofrecen tres alternativas a la inocente población: o bien se quedan y aceptan a los recién llegados, o bien se marchan a zonas no controladas por yihadistas, o bien sufrirán consecuencias “violentas”.

A diferencia de otros grupos, tal y como el Estado Islámico del Gran Sáhara que ejecuta a una decena de personas (o más) como muestra de poder y como castigo del agravio que pudo cometer un solo individuo, el JNIM apenas realiza ejecuciones. Cuando hablamos de un país donde incluso el propio Ejército nacional masacra a 300 personas de la noche a la mañana, que solo ejecuten a uno en toda la aldea suena casi democrático. Por otro lado, el JNIM ha sabido solucionar los agravios locales entre los fulani y otras etnias, aportando la seguridad y la protección que pedían, aunque sea al modo de la mafia italiana. No todos los fulani son yihadistas (ni mucho menos), ni todos los yihadistas son fulani, pero el apoyo significativo de esta etnia permite que una de las zonas “calientes” de Malí sea ahora la región de Mopti. El JNIM es actualmente una de las fuerzas principales dentro del yihadismo en Malí.

Un dato aparte que merece la pena conocer es que los fulani también cuentan con un grupo armado propio que no es de corte yihadista, atención, no es yihadista y se hace llamar la Milicia Étnica Fulani. En alguna ocasión ha protagonizado choques con el JNIM. El caos que hay en Malí es impresionante.

Fraternidad entre yihadistas

Se sabe de varias colaboraciones entre el JNIM y el Estado Islámico del Gran Sáhara (ISGS) en lo que se conoce como “la excepción del Sahel”, ya que es bien sabido que los propios grupos yihadistas son el mayor peligro para los grupos yihadistas y que se llevan a patadas entre ellos a lo largo del globo. Uno de los motivos de esta alianza podría ser el fuerte apoyo que goza el JNIM por parte de líderes talibanes, magrebíes y numerosos emiratos yihadistas de Malí, además de su afiliación con al-Qaeda. Una frágil alianza se fraguó entre ambos grupos para perpetrar oleadas de ataques en el Sahel, alianza que fue confirmada en una entrevista concedida por un líder del JNIM a un medio Mauritano y que vuelve aun más mortíferas las acciones yihadistas en la región. Claro que también se han sucedido choques violentos entre ambas facciones yihadistas, no es oro todo lo que reluce, aunque esta colaboración relativa es una importante razón de por qué aguanta con tanta fuerza el extremismo islámico en Malí.

Zona conflictiva
Zona conflictiva FOTO: Antonio Cruz

Fuentes sobre el terreno aseguran que los miembros del JNIM no suelen ejecutar a los secuestrados, sino que esperan al pago del rescate, durante años si hace falta, mientras no se ocupan de convertir al Islam a los prisioneros cristianos tanto como que les fuerzan a ejercitar con estricto rigor la propia religión cristiana. Son datos curiosos que marcan diferencias apenas perceptibles entre la masa oscura del yihadismo armado, un enemigo común para los diferentes países europeos pero segmentado a su misma vez en diferentes facciones.

La mayor fuente de financiación para el JNIM procede del tráfico de armas en la región. Las guerras en Libia, República Centroafricana, Sudán, Costa de Marfil, etc., han hecho que en la región cueste menos una AK-47 que un saco de maíz. En este asunto, Francia ha sido acusada por los gobiernos africanos de no haber sabido gestionar el flujo de armas que escapó de Libia tras la muerte de Gadafi, armas que ahora empuñan bandidos, ganaderos malienses asustados y, por supuesto, los yihadistas de los que hoy hablamos y que han ocasionado ataques a bases francesas y organizado numerosas emboscadas al Ejército maliense. Su capacidad para mezclarse con la población (junto con el apoyo parcial de la misma) es una de sus mejores herramientas para camuflarse durante las inspecciones rutinarias en esta o aquella aldea anónima.

Técnicas controvertidas

Se espera que el término de la Operación Barkhane en el país, en conjunto con las brutales prácticas que ha impuesto el nuevo Gobierno maliense y que producirán nuevos resentimientos entre la población local, termine por dar todavía más poder a grupos como el JNIM. Sus diferentes katibas (algo así como filiales regionales) han sabido tratar las quejas locales aunando bajo una única bandera, la del Islam, la lucha contra las injusticias que sufren los malienses a manos de las potencias extranjeras o de su propio gobierno. Francia se retira del tablero de Malí en estos momentos y la seguirán pronto algunos países europeos (Alemania, Suecia) que han decidido suspender su participación en la misión de adiestramiento de la Unión Europea y la misión de paz de MINUSMA. A cambio de ellos, en una partida alejada de los focos que ha ganado Vladimir Putin en el ardiente Sahel, entrará el grupo de mercenarios Wagner con sus conocidas técnicas de matanza que, lejos de solucionar el problema... lo que hacen es agravarlo.