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El asalto al poder de Sissoco Embaló en Guinea Bissau

Autoproclamado presidente en 2020 tras un golpe de Estado, ha disuelto de forma ilegal la Asamblea Nacional

Chicos jugando fútbol en una calle de la ciudad de Bissau en Guinea Bissau
Chicos jugando fútbol en una calle de la ciudad de Bissau en Guinea Bissaudreamstimefreemarker.core.DefaultToExpression$EmptyStringAndSequenceAndHash@1d2f781d

Guinea Bissau es el undécimo país con una menor renta per cápita, 1.948 dólares al año, según el Banco Mundial. La esperanza de vida en los hombres es de 58 años. Pero, oh, será sorprendente: si uno pasa tiempo suficiente en la Plaza del Imperio (Bissau) verá pasar camino de sus quehaceres a los Range Rover, Land Cruiser, Cadillac y Porsche ocasionales que no llevan el distintivo de una ONG. Esto no es nuevo porque lleva ocurriendo 46 años.

El asalto a la democracia comienza siempre con un problema: por ejemplo, los ricos se hacen más ricos mientras los pobres se empobrecen en medio de una gobernanza ineficaz o corrupta. Un problema que genera una causa, una causa que asalta al poder con la excusa de que curará el problema. En Bissau hace tiempo que los problemas sobran tanto como falta el dinero, aunque en los últimos meses ha comenzado un nuevo proceso que puede culminar en un autoritarismo que no se veía en el país desde hace más de veinte años. Estos son seis factores imprescindibles que favorecen a Sissoco Embaló en su lucha por hacerse con el máximo poder en Guinea Bissau.

Falta de interés extranjero

La asistencia oficial neta para el desarrollo recibida por Guinea Bissau en 1996 pasó de los 180 millones a los 124 millones en 1997 y a los 94 millones de 1998, año en que empezó su guerra civil con motivo de un golpe de Estado fallido. Aunque las ayudas aumentaron tras el conflicto, llegaron a su punto cumbre en 2016 (196 millones de dólares) para desplomarse a los 120 millones en 2019. El Banco Mundial no ha facilitado más datos desde entonces. Un funcionario francés de la ONU explica con cierta frustración lo difícil que es que los organismos bisauguineanos le dejen repasar las cuentas en busca de irregularidades. “Sobre todo los jueces”, decía, “los jefes y los de las constructoras”. Hace años que se percibe la falta de medios que dispone la ONU en un pequeño país como Guinea Bissau, cuya inestabilidad política permanente facilita el tráfico de drogas procedentes de Méjico y Colombia y que luego de atravesar medio África inundan las costas europeas.

El golpe de Estado (en apariencia) de 2019

A continuación describiremos lo que parece (nada está muy claro en este país) un golpe de Estado que ejecutó con una limpieza admirable el actual presidente Sissoco. Umaro Sissoco Embaló, el ahijado político del presidente que gobernó Bissau entre 2014 y 2019, termina segundo la primera ronda de las elecciones de 2019 con un 27% de los votos, frente al 40% que recibe el candidato del PAIGC. En la segunda vuelta, celebrada durante las vacaciones de Navidad, Sissoco se alza victorioso con un 53% de los votos y se las promete muy felices, pero muchos bisauguineanos no confían en los resultados y pronto se habla de un robo en las elecciones.

El presidente de Guinea Bissau, Umaro Sissoco Embaló
El presidente de Guinea Bissau, Umaro Sissoco EmbalóXinhua vía Europa PressXinhua vía Europa Press

El poder puede escapársele de las manos a Sissoco Embaló. El 27 de febrero de 2020, dos meses después de las elecciones, anuncia por Twitter que se dirige al Hotel Azalai con sus seguidores para ser nombrado presidente de forma “simbólica”, nada más, “símbólica”, lo repite arengando a la población a acompañarle. En este nombramiento de broma pueden verse figuras conocidas del mundo del narcotráfico de Guinea Bissau. Después de una ceremonia sencilla por las prisas pero muy emotiva, Sissoco fue derecho al Palacio Presidencial, donde le esperaba ya preparado el presidente en funciones, su padrino, que le puso la mano en el hombro y le dio las llaves de la casa ante los aplausos de una multitud apasionada. Dos años después de este espectáculo, todavía no ha llegado a ocurrir una investidura oficial que fuera aprobada por la Asamblea Nacional.

El respiro del coronavirus

Cuando la población bisauguineana comenzó a despertar de la anestesia y vieron a Sissoco en el asiento del presidente en el televisor y los desfiles, las murmuraciones en su contra fueron en aumento. Su golpe que no fue golpe se desarrolló sin un solo tiro. No sabemos qué habría ocurrido si el coronavirus no hubiese aparecido por los arrozales de Guinea Bissau y las medidas sanitarias no hubiesen obligado a la población a encerrarse en casa. Lo cuenta Mathou Du, un ex ombatiente residente en Bolama: “Aquí la gente vive del día a día, aquí pocos tienen nevera para guardar la comida y necesitan buscársela todos los días. La gente tuvo que preocuparse de comer, no del gobierno”.

Aumento de la represión

En cuanto concluyó el confinamiento y aumentaron de nuevo las críticas hacia su figura, casualmente empezaron una serie de ataques de “hombres enmascarados” contra opositores del presidente y varias sedes radiofónicas del país. Quien tiene un disparo en la pierna para contarlo es el diputado Angelo Regala, un férreo contrincante de Sissoco que fue tiroteado en febrero en la puerta de su casa. Pero hay más, y es peor: Sissoco cuenta con aliados en el extranjero: con el fin de garantizar su permanencia en el poder, mercenarios y tropas de Nigeria y Senegal plantaron en mayo la bota en Bissau sin el consentimiento de la Asamblea Nacional, y allí siguen ante el silencio de la comunidad internacional, respaldando a Sissoco y sus enmascarados. Las nubes en Guinea Bissau ya han arrojado un puñado de rayos entre que comienza la temporada de lluvias, se respira una preocupación con la humedad que acrecienta el calor de la capital, la gente no quiere hablar porque nadie quiere meterse en más problemas de lo debido.

Disolución de la Asamblea Nacional

Sissoco disolvió la Asamblea Nacional el 16 de mayo acusando a la corrupción del organismo (según fuentes oficiales, él mismo cobra casi un millón de dólares al año) y una falta de entendimiento entre los partidos. La disolución procedió junto al anuncio de que convocaría elecciones en diciembre cuando la Constitución de Guinea Bissau especifica que nunca deben pasar más de tres meses desde la disolución de la Asamblea hasta las nuevas elecciones. Ahora mismo, el sistema de repartición de poderes de Guinea Bissau (que confiere poderes equitativos a la Asamblea y al Presidente, algo así como el veto del Congreso en los Estados Unidos) se encuentra averiado por lo menos hasta dentro de siete meses, que Dios sabe qué ocurrirá entonces en este país de intrigas. Pero siete meses son mucho.

Un caso más

Que Bissau vaya camino de perder la democracia, si no la perdió el 16 de mayo, es una enfermedad común en África que va a peor con los años. Según el Índice de Democracia publicado por el Economist Intelligence Unit en 2021, hasta 26 países del continente viven bajo sistemas autoritarios, mientras solo 5 pueden considerarse democracias plenas. Burkina Faso, Guinea Conakry y Malí la gobiernan tres coroneles que se hicieron con el poder a través de sus propios golpes de Estado, y aunque los tres aseguran que convocarán elecciones en sus países, allí siguen. Desde agosto de 2020 hasta febrero de 2022 sucedieron no uno ni dos, sino cuatro golpes de Estado exitosos en África Occidental, dos de ellos en Malí.

Guinea Bissau es un caso más. Es otro menesteroso que pide a diario en las aceras de nuestra ciudad. Tras su independencia aparecieron los problemas que trajo el colonialismo y desde entonces hasta ahora se ha repetido el ciclo de muerte y renacimiento de la libertad bisauguineana, ahora dictadura, ahora una especie de democracia, es un ave fénix en constante llamarada que en los próximos meses concluirá (otra vez) el proceso de autarquía que está tan de moda desde 1974.