Europa

La esperanza de los tártaros de regresar a Crimea

Tras los últimos ataques contra objetivos militares rusos en la Península anexionada, los refugiados en Ucrania sueñan con volver pronto a su tierra natal

Las explosiones en Crimea han hecho recuperar la esperanza a los tártaros que se exiliaron de la Península anexionada por Rusia
Las explosiones en Crimea han hecho recuperar la esperanza a los tártaros que se exiliaron de la Península anexionada por Rusia AP

La reciente serie de explosiones en varias bases militares rusas en Crimea, probablemente causadas por las acciones del Ejército ucraniano, ha despertado la esperanza entre los refugiados tártaros de Crimea de que podrán regresar a sus hogares y vivir sin temor a la persecución en la Crimea ucraniana. Lenie es una de los muchos tártaros de Crimea que dejaron de sentirse seguros en su hogar, después de que Rusia la anexionara en 2014.

La península fue anexada por Moscú en pleno vacío político que se creó después de que el impopular presidente de Ucrania, Viktor Yanukovich, huyera a Rusia. Sus partidarios de línea dura entre la Policía y los servicios de seguridad no lograban dispersar a los manifestantes en Kyiv y mataron a alrededor de un centenar de ellos.

Días después, miles de fuerzas de operaciones especiales rusas, conocidos como «hombres verdes», sofocaron las manifestaciones pro-ucranianas en Simferopol y desarmaron a los soldados desorientados que se mantuvieron leales a Ucrania.

Lenie no quería dejar a sus padres y su tierra natal. Aun así, tuvo que irse en 2016 cuando recibió un aviso de un vecino que trabajaba con los servicios de seguridad rusos de que se estaba volviendo inseguro quedarse para ella. Lenie siempre tuvo cuidado de no enemistarse con los funcionarios designados por Rusia. Lo que podría haber llamado su atención es que publicó mucha información sobre Resat Amet en sus redes sociales.

Amet fue el primero de la larga lista de tártaros de Crimea y otros residentes pro-ucranianos que fueron detenidos, asesinados o siguen desaparecidos. Fue secuestrado justo antes del referéndum ilegal que Rusia organizó para intentar legitimar su anexión de la península. Fue encontrado muerto con claros rastros de tortura, con la cabeza cubierta con cinta adhesiva.

Aunque Rusia fue muy activa en la promoción de su influencia en Crimea incluso antes, tal violencia solo llegó allí en 2014. «Antes de la llegada de los rusos, convivíamos muy bien entre los vecinos», recuerda Lenie a LA RAZÓN. Agrega que los tártaros de Crimea conocían y respetaban el idioma ucraniano, pero hablaban ruso sin problema con todos los vecinos, incluidos los tártaros, ucranianos, rusos, así como muchas personas de origen étnico mixto. La familia de Lenie solía compartir comida con los vecinos de toda la calle cada jueves, lo que les ayudó a ganarse el corazón de los lugareños.

Con la anexión rusa, los sentimientos chovinistas estallaron entre parte de la población, mientras que varios cientos de miles de tártaros de Crimea se convirtieron en el núcleo de la oposición pro ucraniana. Mientras que los turistas rusos disfrutaban del clima subtropical y el aire del bosque montañoso de la península, los tártaros eran perseguidos rutinariamente, sus casas eran registradas y sus bienes confiscados.

«No hemos podido confiar en los rusos políticamente por lo que le hicieron a nuestro pueblo», explica Lenie. En mayo de 1944, se ordenó a todos los tártaros de Crimea que abandonaran sus hogares en tres días. Varios cientos de miles de tártaros fueron puestos en trenes y trasladados varios miles de kilómetros a Asia Central.

Entre el 18% y el 46% de ellos fallecieron durante el agotador viaje e inmediatamente después. A los que sobrevivieron se les prohibió regresar a Crimea, mientras que su cultura, idioma e incluso el nombre de la gente estaban prohibidos.

«No hay familia que no haya sido afectada por este desastre», asevera Lenie. Solo cuando la Unión Soviética ya se estaba derrumbando, los tártaros comenzaron a regresar a su tierra natal. Su integración fue interrumpida por la brutalidad de los funcionarios designados por Rusia desde 2014.

Lenie finalmente encontró su nuevo hogar en Irpin, un suburbio de la capital ucraniana. Abrió un restaurante de cocina de Crimea. «Me convertí en una embajadora de los tártaros de Crimea para el resto de los ucranianos». Muchos sabían poco sobre los tártaros y Lenie quería crear una conexión familiarizando a la gente con la comida tradicional de su pueblo.

«Hablaba todo el tiempo porque la gente estaba muy interesada en saber más sobre mí, Crimea y los tártaros». Un mes antes de que Rusia invadiera Ucrania, Lenie se casó. Se las arregló para dejar Irpin hacia Leópolis justo antes de que se convirtiera en un gran campo de batalla cuando el Ejército ucraniano logró detener a los rusos algunos kilómetros antes de Kyiv.

Su esposo se unió al Ejército como médico militar voluntario. Desde entonces, ha estado en los puntos más calientes de la línea del frente, como Severodonetsk y Lisichansk. Lenie ha estado ayudando a equiparlo a él y a sus camaradas.

«Estoy muy agradecida con la gente de España y otros países que han apoyado a nuestros refugiados y nos han ayudado de otras maneras. Hubiera sido muy difícil sin su ayuda».

Crimea
Crimea FOTO: T. Nieto

Las noticias sobre la serie de explosiones en las bases militares rusas han llevado a un gran aumento de ánimo entre los tártaros tanto dentro como fuera de Crimea. «La última vez que mis amigos y familiares estuvieron tan animados fue cuando Jamala, la cantante ucraniana de etnia tártara de Crimea, ganó el concurso de Eurovisión en 2016, con la canción que contaba la historia de la deportación».

Preguntada sobre si regresará a Crimea, una vez liberada la península, no lo duda: «¡Por supuesto! Mi padre ha estado construyendo una segunda casa cerca de la suya y no hace mucho me dijo que debería estar preparándome para volver. Es casi como si supiera algo de lo que estaría pasando». ¿Aceptarán los quienes habían realmente apoyado la anexión rusa la devolución de Crimea a Ucrania? «Sí, sin duda», asegura Lenie.

Explica que la mayoría de la población aquí siempre ha sido indiferente. Muchos esperaban que Rusia trajera turistas más ricos y salarios y pensiones más altos. Lo que consiguieron, en cambio, fueron precios más altos, menos puestos de trabajo y una dura represión de la disidencia.

«Mi vecino puso una bandera rusa en 2014. Pasó un año y medio y la bandera se convirtió en un trapo. No sacó una nueva. La ilusión se había ido».

Sin embargo, manifiesta que las autoridades ucranianas deberían actuar con más decisión esta vez si logran asegurar su control sobre la región.

«Establecer el estado de derecho es lo más importante. Quienes colaboraron con los funcionarios y contribuyeron a las detenciones ilegales deben ser sancionados». Asimismo, Lenie destaca que se debe pensar más en la regeneración de la agricultura en declive de la región y el desarrollo de su enorme potencial como centro turístico.

«Yo creo que esto va a pasar y tenemos mucho trabajo por delante», concluye Lenie.